23/06/2026
AFIRMADOS EN LA FE: PUESTOS LOS OJOS EN JESÚS
Hermanos, Dios les bendiga. Hoy llegamos al último tema de nuestra serie Afirmados en la fe.
A lo largo de estas semanas hemos aprendido qué es la fe, qué hacer cuando ya no sentimos a Dios, por qué Él permite las pruebas, cómo enfrentar las dudas, cómo levantarnos después de una caída y cómo permanecer cuando el camino se vuelve difícil.
Pero después de todo esto surge una pregunta importante:
¿Cuál es el secreto para permanecer firmes?
La respuesta la encontramos en Hebreos 12:2:
“Puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe.”
Este versículo fue escrito después de Hebreos 11, conocido como el capítulo de la fe, donde se mencionan hombres y mujeres que confiaron en Dios en medio de circunstancias difíciles.
Sin embargo, el autor de Hebreos no termina diciendo que debemos poner nuestra mirada en aquellos hombres y mujeres.
Nos dice que debemos poner nuestros ojos en Jesús.
La expresión “puestos los ojos” transmite la idea de apartar la mirada de una cosa para fijarla completamente en otra.
En otras palabras, el creyente debe aprender a quitar su atención de aquello que lo distrae para concentrarse en Cristo.
Muchas veces nuestra mirada se fija en los problemas. Otras veces se fija en las pruebas. En ocasiones se fija en nuestros errores, nuestras luchas o nuestras debilidades.
Pero la Biblia nos enseña que la fortaleza de la fe no está en mirarnos a nosotros mismos.
Está en mirar a Jesús.
El versículo también lo llama “el autor y consumador de la fe”.
La palabra “autor” proviene del griego ἀρχηγός (archēgós), que significa pionero, príncipe, líder o aquel que abre el camino para que otros lo sigan.
Jesús no solamente nos enseña el camino de la fe.
Él fue delante de nosotros.
Él abrió el camino.
Él nos mostró cómo vivir en obediencia al Padre.
Y también es llamado el “consumador” de la fe.
La palabra utilizada aquí habla de alguien que lleva algo a su cumplimiento o perfección.
Esto significa que la obra que Dios comenzó en nosotros no depende únicamente de nuestras fuerzas.
Cristo mismo trabaja en nosotros para llevarnos a la meta.
Por eso la vida cristiana no consiste en intentar ser fuertes por nosotros mismos.
Consiste en permanecer cerca de Aquel que es nuestra fuerza.
Cuando lleguen las pruebas, miremos a Jesús.
Cuando aparezcan las dudas, miremos a Jesús.
Cuando volvamos a caer, miremos a Jesús.
Cuando el camino parezca difícil, miremos a Jesús.
Porque una fe afirmada no es la que nunca enfrenta dificultades.
Es la que aprende a mantener su mirada en Cristo en medio de cualquier circunstancia.
Y esa es la gran lección que nos deja esta serie.
La fe no se sostiene por nuestros sentimientos.
La fe no se sostiene por nuestras fuerzas.
La fe se sostiene porque Cristo sigue siendo fiel.
Y mientras nuestros ojos permanezcan puestos en Él, siempre encontraremos el camino para seguir adelante.