23/08/2026
Formación franciscana
En la provincia de Rieti se había propagado una peste tan devastadora, que arrasaba despiadadamente todo ganado lanar y vacuno, hasta el punto de no poder encontrarse
remedio alguno.
Pero un hombre temeroso de Dios fue advertido por medio de una visión nocturna que se llegase apresuradamente al eremitorio de los hermanos, donde a la sazón moraba Francisco, y que, tomando el agua en que se había lavado las manos y los pies el siervo de Dios, rociase con ella todos los animales.
Levantándose muy de mañana, se fue a dicho lugar, y, obtenida ocultamente el agua mediante los compañeros del Santo, roció con ella las ovejas y bueyes enfermos. Y, ¡oh, maravilla! Tan pronto como el agua, aun en pequeña cantidad, llegaba a tocar a los animales enfermos y postrados en tierra, se levantaban al punto, recobrando el vigor de antes, y, como si no hubiesen sufrido mal alguno, corrían a pastar en los campos.
Así, resultó que, por el admirable poder de aquella agua que había estado en contacto con las sagradas llagas, cesara del todo la plaga y huyera de los rebaños la mortífera peste.
(BUENAVENTURA, Leyenda mayor, XIII, 6: FF 1229)