10/01/2026
Cuando pensamos en San Francisco de Asís, solemos quedarnos con la imagen del santo alegre, cercano, amante de la creación.
Pero antes de eso hubo decisiones radicales, renuncias reales, elecciones que marcaron su vida para siempre.
Francisco no fue santo por accidente.
Lo fue porque eligió perderlo todo… para ganar a Cristo.
Estas son cinco cosas concretas a las que renunció por amor al Señor.
1. La riqueza y la seguridad económica
Francisco nació en una familia acomodada.
Tenía asegurado un futuro cómodo, sin carencias.
Renunció a todo.
No por desprecio al dinero, sino para no depender de él.
Quiso vivir confiando solo en la Providencia de Dios.
2. El prestigio social
Era conocido, admirado, respetado.
Su nombre tenía peso en la ciudad.
Eligió convertirse en “nadie” a los ojos del mundo,
porque entendió que la verdadera dignidad viene de Dios, no de la opinión ajena.
3. Los planes personales
Francisco soñaba con gloria, aventuras y reconocimiento.
Tenía proyectos humanos claros.
Los dejó atrás cuando comprendió que seguir a Cristo implica dejar que Dios reescriba la propia historia.
4. El control de su vida
Francisco no quiso decidirlo todo.
Aceptó la incertidumbre, la fragilidad, la dependencia.
Renunció al control para vivir en obediencia,
convencido de que la voluntad de Dios es siempre más sabia que la propia.
5. La comodidad
El frío, el hambre, el cansancio, la incomodidad fueron parte de su camino.
No los buscó por desprecio al cuerpo,
sino para unirse más profundamente a Cristo pobre y crucificado.
San Francisco no renunció porque odiara el mundo.
Renunció porque había encontrado algo infinitamente mejor.
Su vida recuerda una verdad que la Iglesia nunca ha dejado de enseñar:
nadie pierde nada cuando lo entrega a Cristo.
Porque lo que se deja por amor a Él
se transforma en libertad,
en alegría,
y en vida eterna.
San Francisco lo entendió.
Y su testimonio sigue interpelando hoy
a quienes desean seguir a Cristo…
pero aún tienen miedo de soltar.