30/05/2026
Hay heridas que marcaron nuestra historia, pero nunca fueron diseñadas para convertirse en nuestra identidad.
Durante años podemos acostumbrarnos al dolor, a las excusas, a los patrones que nos mantienen en el mismo lugar. Pero Jesús sigue acercándose con la misma pregunta que hizo hace miles de años:
“¿Quieres ser sano?”
No porque ignore tu dolor, sino porque conoce el propósito que hay al otro lado de tu restauración.
Tu pasado puede explicar muchas cosas, pero no tiene la última palabra sobre tu vida. En Cristo hay libertad, hay sanidad y hay un futuro que no está definido por lo que te pasó, sino por Aquel que te llamó por nombre.
Hoy puede ser el día de levantarte.