Misterio de la Encarnación del Hijo de Dios.

Misterio de la Encarnación del Hijo de Dios. Página de la Parroquia Misterio de la Encarnación del Hijo de Dios, Col. Loma Bonita, Querétaro, Qro.

Horario de Misas: Lunes a Viernes 8 am y 7 pm
Sábado 8 am y 6 pm
Domingo 7 am, 9 am 11:30 am y 5 pm, 7 pm

Misa para enfermos y administración del Sacramento de unción de los enfermos:
Primer Viernes de mes 11:00 am

Exposición del Santísimo: Lunes a Viernes de 9:30 am a 6:30 pm

Confesiones: Miércoles 6:00 pm
Jueves 11:00 am
Domingos 07:00 am
Primer Viernes de mes 10 am


Notaría: Lunes
3:00 pm a 6:30 pm
Martes a Viernes
11 am a 2 pm y 3:00 pm a 6:30 pm
Sábado y Domigos
No hay Servicio

18/08/2026

La casita de formación parroquial, nos invita.

14/08/2026

Si tienes entre 17 y 29 años el grupo juvenil de la parroquia Misterio de la Encarnación del Hijo de Dios.
Te invita unos ricos 😋 chilaquiles este 23 de agosto.

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14/08/2026

Semana de Juventud #

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05/08/2026

Mariachi

04 𝒅𝒆 𝑨𝒈𝒐𝒔𝒕𝒐𝑭𝒆𝒍𝒊𝒛 𝒅í𝒂 𝒅𝒆𝒍 𝑺𝒂𝒄𝒆𝒓𝒅𝒐𝒕𝒆 🤗Con profunda alegria hoy la Iglesia celebra a todos los Sacerdotes, gracias por su ...
04/08/2026

04 𝒅𝒆 𝑨𝒈𝒐𝒔𝒕𝒐
𝑭𝒆𝒍𝒊𝒛 𝒅í𝒂 𝒅𝒆𝒍 𝑺𝒂𝒄𝒆𝒓𝒅𝒐𝒕𝒆 🤗

Con profunda alegria hoy la Iglesia celebra a todos los Sacerdotes, gracias por su pastoreo, que con su vocación, nos han traído esperanza y amor de nuestro Señor Jesucristo.




𝟬𝟰 𝗱𝗲 𝗔𝗴𝗼𝘀𝘁𝗼𝗦𝗮𝗻𝘁𝗼 𝗖𝘂𝗿𝗮 𝗱𝗲 𝗔𝗿𝘀 𝗣𝗮𝘁𝗿𝗼𝗻𝗼 𝗱𝗲 𝗹𝗼𝘀 𝗦𝗮𝗰𝗲𝗿𝗱𝗼𝘁𝗲𝘀Invitamos a toda la Comunidad Parroquial a dar Gracias por el Min...
02/08/2026

𝟬𝟰 𝗱𝗲 𝗔𝗴𝗼𝘀𝘁𝗼
𝗦𝗮𝗻𝘁𝗼 𝗖𝘂𝗿𝗮 𝗱𝗲 𝗔𝗿𝘀 𝗣𝗮𝘁𝗿𝗼𝗻𝗼 𝗱𝗲 𝗹𝗼𝘀 𝗦𝗮𝗰𝗲𝗿𝗱𝗼𝘁𝗲𝘀

Invitamos a toda la Comunidad Parroquial a dar Gracias por el Ministerio de los Sacerdotes en especial por quienes lo ejercen en la Parroquia actualmente.

Los esperamos 😇

1° de Agosto𝐎𝐫𝐚𝐜𝐢𝐨𝐧 𝐚 𝐥𝐚 𝐃𝐢𝐯𝐢𝐧𝐚 𝐏𝐫𝐨𝐯𝐢𝐝𝐞𝐧𝐜𝐢𝐚Nos Consagramos a la Divina Providencia para nunca nos falte casa, vestido y ...
02/08/2026

1° de Agosto
𝐎𝐫𝐚𝐜𝐢𝐨𝐧 𝐚 𝐥𝐚 𝐃𝐢𝐯𝐢𝐧𝐚 𝐏𝐫𝐨𝐯𝐢𝐝𝐞𝐧𝐜𝐢𝐚

Nos Consagramos a la Divina Providencia para nunca nos falte casa, vestido y sustento



UN DÍA COMO HOYCENTENARIO DE LA CARTA PASTORAL COLECTIVA DEL EPISCOPADO MEXICANO DECRETANDO LA SUSPENSIÓN DEL CULTO PÚBL...
29/07/2026

UN DÍA COMO HOY

CENTENARIO DE LA CARTA PASTORAL COLECTIVA DEL EPISCOPADO MEXICANO DECRETANDO LA SUSPENSIÓN DEL CULTO PÚBLICO EN TODA LA REPÚBLICA

1926-2026

En una fecha como esta, pero de 1926, hace justamente cien años, fue suscrita y publicada la Carta Pastoral Colectiva de los obispos mexicanos anunciando la suspensión de cultos a lo ancho y largo de México, a partir del 1 de agosto de aquel año, y hasta nueva orden.

La elección de aquella fecha no fue casualidad: el 31 de julio habrían de entrar en vigor las atroces reformas en materia religiosa hechas al Código Penal, la famosa “Ley Calles”, que el presidente Plutarco Elías Calles había propuesto a las Cámaras. Los eclesiásticos estaban convencidos de que era la única forma que les quedaba para protestar por las legislaciones persecutorias, en particular esta última, que era el culmen de todas las anteriores.

La Carta, “dada en la Fiesta del Apóstol Santiago, a veinticinco de julio de mil novecientos veintiséis”, fue firmada por un total de treinta y ocho prelados: además de los pertenecientes a las diversas Diócesis y Arquidiócesis, la suscribieron los obispos Titulares de Derbe, Anemurio, Dahora y Ciña de Galicia.

Compartimos con ustedes tres párrafos de aquel documento:

[…] la Ley del Ejecutivo Federal promulgada el 2 de julio del presente año, de tal modo vulnera los derechos divinos de la Iglesia, encomendados a nuestra custodia; es tan contraria al derecho natural, que no sólo asienta como base primordial de la civilización la libertad religiosa, sino que positivamente prescribe la obligación individual y social de dar culto a Dios; es tan opuesta según la opinión de eminentes jurisconsultos católicos y no católicos, al derecho constitucional mexicano, que ante semejante violación de valores morales tan sagrados, no cabe ya de nuestra parte condescendencia ninguna. Sería para nosotros un crimen tolerar tal situación: y no quisiéramos que en el tribunal de Dios nos viniese a la memoria aquel tardío lamento del Profeta: “Vae mihi, quia tacui.” “Ay de mí, porque callé.”

[…]

En la imposibilidad de continuar ejerciendo el Ministerio Sagrado según las condiciones impuestas por el Decreto citado, después de haber consultado a Nuestro Santísimo Padre, Su Santidad Pío XI, y obtenida su aprobación, ordenamos que, desde el día 31 de julio del presente año, hasta que dispongamos otra cosa, se suspenda en todos los templos de la República, el culto público que exija la intervención del sacerdote.

[…]

No se cerrarán los templos para que los fieles prosigan haciendo oración en ellos. Los sacerdotes encargados de ellos, se retirarán de los mismos para eximirse de las p***s que les impone el Decreto del Ejecutivo, quedando por lo mismo exentos de dar el aviso que exige la ley.»

El documento episcopal finalizaba exhortando a los fieles a la oración y a la penitencia, así como a evitar enviar a los hijos a las escuelas de gobierno –esto último, bajo pena de excomunión reservada al obispo–. También se describieron las p***s canónicas en las que se podría incurrir quien, por ejemplo, a quienes se apropiasen de bienes eclesiásticos o contrajesen nupcias ante un ministro no católico. Por último, se expresó que el 1 de agosto, el primer día sin culto público en México, Su Santidad Pío XI oraría por esta nación en unión del orbe católico.

El efecto producido por la Pastoral Colectiva en el pueblo católico mexicano fue terrible. Era como si les hubiese caído el mundo encima. Hoy en día podemos leer las palabras “suspensión de cultos de 1926” con bastante naturalidad, pero hace casi una centuria, constituyó un auténtico drama –que no una tragedia– para las personas de a pie, en su inmensa mayoría creyentes devotos o por lo menos sinceros en la profesión de su fe, que de la noche a la mañana se enteraron de que ya no podrían ir a Misa, casarse, confesarse, llevar a los hijos a bautizar o pedir la extremaunción. La práctica cotidiana de la religión, tan fundamental para ellos, les estaba siendo arrebatada.

Quizá en nuestros tiempos sea más difícil dimensionarlo en su justa medida, pero así lo sintió toda aquella gente. Para ellos, la suspensión de cultos fue una calamidad casi comparable a la propia persecución, más que establecida y sistemática, que sufrían por parte del régimen desde hacía ya considerable tiempo. ¿Acaso no bastaba que el gobierno limitara y castigara las actividades normales de un católico, que se acercara a Dios y manifestara su fe, como para que ahora la jerarquía eclesiástica también lo impidiera retirando los Sacramentos de los templos y disponiendo que sus sacerdotes se marcharan?

Para su alma y su corazón no existieron los largos párrafos de una Pastoral o las citas bíblicas que incluyeron los obispos en su texto; tampoco el asunto de las sanciones del Derecho Canónico. No: ellos sólo vieron las palabras: “ordenamos que, desde el día 31 de julio del presente año, hasta que dispongamos otra cosa, se suspenda en todos los templos de la República, el culto público que exija la intervención del sacerdote”. De nada sirvió que los prelados explicaran que no se trataba de imponerles la pena del entredicho –en la cual se prohíbe la recepción o impartición de Sacramentos y participar o celebrar en las ceremonias del culto aunque, a diferencia de la excomunión, el culpable no queda fuera de la comunión eclesial–.

Con todo, a los fieles mexicanos no les quedó más que acatar la directiva episcopal. Ingentes multitudes acudieron a los templos, oratorios, capillas y Catedrales para recibir los Sacramentos por última vez en casi tres años. Los presbíteros no se daban abasto para atender las filas de los confesionarios, las de los novios que querían unirse en matrimonio, las de los padres que cargaban a sus infantes para hacerlos renacer a la vida de la gracia. Los prelados, a su vez, administraron la Confirmación a otros tantos niños.

Por fin, el 1 de agosto, que aquel año cayó en domingo, los badajos de las campanas no se movieron más para convocar al Santo Sacrificio de la Misa. Aunque la intención de los prelados, como vimos, era que las iglesias continuasen abiertas para los fieles, el gobierno procedió a su cierre forzoso. En algunos lugares, como la Capilla de Jesús y el Santuario de Nuestra Señora de Guadalupe en Guadalajara, Cocula (Jalisco) y Sahuayo de Díaz (Michoacán), se produjeron verdaderas reyertas entre los fieles y elementos de la policía o el ejército con tal de impedir la clausura de los recintos sagrados, con el consecuente saldo de mu***os y heridos.

El terreno para el estallido final, el levantamiento armado, se iba preparando con cada vez mayor premura.

¡Cristo vence, Cristo reina, Cristo impera! ❤️‍🔥👑🌿

🖼️✒️ Testimonium Martyrum.

Cuando el ayate fue ocultado para salvarlo de la persecución (1926–1929)Un día como hoy , hace 100 años.La persecución r...
29/07/2026

Cuando el ayate fue ocultado para salvarlo de la persecución (1926–1929)

Un día como hoy , hace 100 años.
La persecución religiosa desatada en México durante 1926, tras la entrada en vigor de la llamada Ley Calles y la suspensión del culto público decretada por el Episcopado Mexicano, obligó a tomar una de las decisiones más delicadas y trascendentales en la historia de la devoción guadalupana: proteger el ayate original de la Virgen de Guadalupe.
Con el consentimiento del arzobispo José Mora y del Río y del abad de la Basílica, monseñor Antonio Cortés, se decidió elaborar una copia exacta de la imagen para sustituir discretamente al original. La responsabilidad recayó en el reconocido pintor Rafael Aguirre, quien había realizado más de doscientas reproducciones de la Guadalupana. Trabajando día y noche, logró concluir la obra en ap***s catorce días.

La noche del 29 de julio de 1926, mientras el país se preparaba para el cierre de los templos, tuvo lugar uno de los episodios más conmovedores de la historia religiosa de México. En completo silencio y bajo el amparo de la oscuridad, un reducido grupo de personas desmontó cuidadosamente el sagrado ayate de su marco de oro. Alfonso Marcué González, secretario particular del abad, recordaría años después la profunda tensión de aquella noche, en la que las oraciones, las lágrimas y el nerviosismo acompañaron cada maniobra para retirar la imagen sin ocasionarle el menor daño.

Una vez desprendida del altar mayor, la imagen fue cuidadosamente protegida con lámina de plata, envuelta en finas telas de seda, sellada y cubierta con una gruesa tela de yerga. Después fue colocada dentro del doble fondo de un antiguo ropero chino de la Basílica. Al mismo tiempo, la pintura realizada por Rafael Aguirre ocupó discretamente su lugar. Para evitar que el brillo del óleo recién terminado despertara sospechas, el ingeniero Luis Felipe Murguía ideó ahumar el cristal del marco quemando periódicos, consiguiendo un efecto tan perfecto que durante casi tres años nadie advirtió el cambio.

Esa misma noche, el antiguo ropero fue trasladado en un camión de mudanzas, oculto entre camas y colchones viejos, hasta la casa del ingeniero Murguía, quien había sido elegido por la absoluta confianza que el arzobispo y el abad depositaban en él. Allí permaneció resguardado el ayate, primero en la calle de Meave y posteriormente, por razones de seguridad, en otra vivienda del centro de la Ciudad de México. Durante todo ese tiempo, la familia custodió celosamente el tesoro guadalupano, manteniendo una lámpara encendida día y noche, mientras el abad acudía cada sábado a celebrar la Santa Misa frente a la imagen oculta.

Con la firma de los Arreglos de 1929 y el anuncio de la reapertura de los templos, llegó el momento de devolver la imagen a su basílica. La noche del 28 de junio de 1929, nuevamente en el más absoluto secreto, fue abierto el doble fondo del antiguo ropero. Al retirar el lienzo de seda que la cubría, todos pudieron comprobar con inmensa emoción que la sagrada imagen permanecía intacta, tal como había sido ocultada tres años antes.

Acompañada por velas encendidas y en un ambiente de profundo recogimiento, la Virgen fue llevada hasta el coro de la Basílica, donde recibió los homenajes de veneración de los pocos testigos presentes. Mientras tanto, el cristal del histórico marco fue cuidadosamente limpiado para volver a recibir el ayate. Finalmente, la imagen fue colocada nuevamente en su marco de oro y plata, concluyendo la ceremonia hacia las once y media de la noche.

Aquella fue la segunda salida de la Virgen de Guadalupe del Tepeyac, no motivada por una procesión ni por una celebración, sino por el inmenso amor de sus hijos, quienes buscaron preservarla de los peligros de una de las etapas más difíciles para la Iglesia en México. Tanto su partida como su regreso ocurrieron bajo el manto de la noche y en absoluto silencio.

Gracias a la fe, la prudencia y el valor de quienes participaron en esta misión, el ayate de san Juan Diego pudo conservarse intacto y regresar a su altar para seguir siendo, hasta nuestros días, el mayor símbolo espiritual de la nación mexicana.

✍🏻📚La presente narración está basada en :
González Martín del Campo, Daniel. "Las salidas del Sagrado Original de la Virgen de Guadalupe de las inmediaciones del Tepeyac." Metafísica y Persona, núm. 33, 2025,
Universidad de Málaga. Revistas UMA.

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