SEÑOR DE LA PIEDAD

SEÑOR DE LA PIEDAD "CON AMOR Y HUMILDAD, SERVIMOS AL SEÑOR DE LA PIEDAD"

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¡Un saludo especial a mi nuevo fan destacados! 💎 Paty CamarenaGracias por seguirme
18/06/2026

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14/06/2026

Santa Misa desde la Parroquia de San Agustín del Retablo

Reflexión sobre el Evangelio según San Mateo 9, 36 – 10, 8Estimados hermanos:La Palabra de Dios que escuchamos hoy nos p...
14/06/2026

Reflexión sobre el Evangelio según San Mateo 9, 36 – 10, 8

Estimados hermanos:

La Palabra de Dios que escuchamos hoy nos presenta varios aspectos importantes para nuestra vida cristiana y para la misión que hemos recibido como discípulos de Jesús.

En primer lugar, el Evangelio nos muestra a Jesús contemplando a la multitud con una mirada llena de amor y compasión. San Mateo nos dice que, al ver a la gente, Jesús se compadecía de ellos porque estaban "cansados y abatidos, como ovejas que no tienen pastor". Esta imagen nos revela el corazón misericordioso de Cristo, que no permanece indiferente ante el sufrimiento, la soledad, la enfermedad o las necesidades de las personas.

En un segundo momento, Jesús dice a sus discípulos: "La mies es mucha y los trabajadores pocos; rueguen, por tanto, al dueño de la mies que envíe trabajadores a sus campos". Estas palabras siguen siendo muy actuales. El Señor continúa llamando a hombres y mujeres dispuestos a servir, anunciar el Evangelio y llevar esperanza a quienes más lo necesitan. Por eso, además de responder personalmente a este llamado, estamos invitados a orar para que nunca falten vocaciones al servicio de la Iglesia. Todos los bautizados estamos llamados a colaborar en la misión que Cristo nos confía.

A continuación, Jesús envía a los Doce Apóstoles y les confía una misión concreta: anunciar que el Reino de los cielos está cerca, sanar a los enfermos, limpiar a los leprosos y expulsar demonios. Además, les recuerda que todo lo han recibido gratuitamente y, por lo tanto, deben dar gratuitamente. La misión cristiana nace siempre de la gratuidad del amor de Dios.

Este Evangelio nos invita a preguntarnos: ¿cómo puedo colaborar yo en la misión de Cristo? Quizá no todos estamos llamados a predicar en lugares lejanos, pero sí podemos llevar el amor de Dios a nuestra familia, a nuestros vecinos, a nuestros compañeros de trabajo y a todas las personas que sufren. El servicio a los enfermos es una forma concreta de anunciar el Reino de Dios y de hacer presente la cercanía de Jesús.

De manera especial, este pasaje cobra un significado profundo para quienes llevan la Sagrada Comunión a los enfermos. Cada visita, cada palabra de consuelo y cada encuentro con una persona que vive la enfermedad o la soledad son una manera de continuar la misión que Jesús confió a sus discípulos. Al llevar a Cristo Eucaristía, también llevamos esperanza, fortaleza y la certeza de que Dios nunca abandona a sus hijos. Somos instrumentos de su compasión y testigos de su amor misericordioso.

Pidamos al Señor que nos conceda un corazón compasivo como el suyo, capaz de reconocer las necesidades de los demás y responder con generosidad. Que nunca falten trabajadores en la viña del Señor y que cada uno de nosotros descubra cómo puede colaborar en la construcción de su Reino, sirviendo con alegría y entregando gratuitamente lo que gratuitamente hemos recibido.

Amén.

Que lo que Dios ha iniciado en nosotros, lo lleve a feliz término.

Que así sea.

Humberto Ramírez




Domingo 7 de junio de 2026 X Domingo del tiempo ordinario  Reflexión sobre el Evangelio según San Mateo 9, 9-13Estimados...
07/06/2026

Domingo 7 de junio de 2026
X Domingo del tiempo ordinario
Reflexión sobre el Evangelio según San Mateo 9, 9-13

Estimados hermanos:

El Evangelio de hoy nos presenta el llamado de Mateo, un publicano que trabajaba cobrando impuestos. En tiempos de Jesús, los publicanos eran despreciados por gran parte del pueblo, pues eran considerados pecadores y colaboradores del poder romano. Sin embargo, Jesús no se fija en la fama ni en el pasado de Mateo. Lo mira con amor y le dice: "Sígueme". Y Mateo, dejando todo, se levanta y lo sigue.

Este pasaje nos recuerda que Dios llama a cada persona tal como es. No espera que primero seamos perfectos para acercarnos a Él. Su gracia actúa precisamente en nuestra fragilidad y en nuestras limitaciones. La mirada de Jesús tiene el poder de transformar una vida cuando encuentra un corazón dispuesto a responder.

Más adelante, Jesús comparte la mesa con publicanos y pecadores. Los fariseos se escandalizan, pero el Señor responde con una frase que resume el sentido de su misión: "No necesitan médico los sanos, sino los enfermos". Jesús ha venido a buscar a quienes necesitan misericordia, perdón y salvación. Nadie está excluido de su amor.

También nosotros podemos caer en la tentación de juzgar a los demás por sus errores o por su pasado. Sin embargo, Cristo nos invita a mirar a las personas con compasión y esperanza, reconociendo que Dios puede obrar maravillas en cualquier corazón.

El Evangelio concluye con una enseñanza fundamental: "Misericordia quiero y no sacrificios". Dios no busca solamente prácticas externas o actos religiosos; desea un corazón capaz de amar, perdonar y tender la mano al necesitado. La verdadera fe se manifiesta en obras de misericordia.

Pidamos al Señor que nos conceda la humildad de reconocer nuestra necesidad de su gracia, la generosidad para responder a su llamado y la misericordia para tratar a los demás como Él nos trata a nosotros.
Amén.
Que lo que Dios ha iniciado en nosotros, lo lleve a feliz término.
Humberto Ramírez



**Jueves de Corpus Christi**Reflexión sobre el Evangelio (Juan 6, 51-58)Estimados hermanos:Hoy la Iglesia celebra el ter...
04/06/2026

**Jueves de Corpus Christi**
Reflexión sobre el Evangelio (Juan 6, 51-58)

Estimados hermanos:

Hoy la Iglesia celebra el tercer y último jueves más importantes del año litúrgico y recordemos que el primero fue el jueves Santo de la institución de la Eucaristía y del sacerdocio, el segundo fue el jueves de la Ascención del Señor y hoy celebramos con gran alegría la solemnidad del **Corpus Christi**, una fiesta que nos invita a contemplar y adorar el inmenso regalo que Jesús nos dejó en la Eucaristía. Después de haber celebrado el misterio pascual, la Resurrección del Señor y la venida del Espíritu Santo, fijamos nuestra mirada en Cristo que permanece con nosotros bajo las especies del pan y del vino.

En el Evangelio, Jesús afirma: *“Yo soy el pan vivo bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre”*. Estas palabras no son una simple comparación o una figura simbólica. Jesús nos revela una verdad profunda: Él mismo se entrega como alimento para nuestra vida espiritual. Así como el cuerpo necesita alimento para mantenerse fuerte, nuestra alma necesita de Cristo para perseverar en la fe y crecer en el amor.

La Eucaristía es el sacramento del amor. En cada Santa Misa, Jesús renueva sacramentalmente la entrega que hizo por nosotros en la cruz. No se limita a enseñarnos el camino; Él mismo se hace compañero de nuestro caminar. Se acerca a nuestras alegrías y sufrimientos, fortalece nuestras debilidades y nos anima a seguir adelante.

Sin embargo, recibir la Eucaristía implica también un compromiso. Quien se alimenta del Cuerpo de Cristo está llamado a convertirse en reflejo de ese amor en su vida diaria. No podemos acercarnos al altar y permanecer indiferentes ante las necesidades de nuestros hermanos. La comunión con Cristo debe impulsarnos a la comunión con los demás, especialmente con los más pobres, enfermos, solos y necesitados.

La procesión de Corpus Christi, tan característica de esta solemnidad, nos recuerda precisamente esto: Cristo sale al encuentro de su pueblo y quiere recorrer nuestras calles, hogares y corazones. Es una manifestación pública de nuestra fe y una invitación a reconocer que Jesús sigue caminando con nosotros en medio de las realidades de cada día.

Pidamos al Señor que aumente nuestra fe en su presencia real en la Eucaristía. Que cada vez que participemos en la Santa Misa y recibamos la Sagrada Comunión lo hagamos con un corazón agradecido, consciente de que estamos recibiendo el mayor tesoro que Dios ha querido regalarnos: su propio Hijo.

Que María, mujer eucarística y primera discípula de Cristo, nos enseñe a adorar, amar y vivir cada día más unidos a Jesús presente en el Santísimo Sacramento.
Que lo que Dios ha iniciado en nosotros, lo lleve a feliz término.
Que así sea
Humberto Ramírez




Domingo 31 de mayo de 2026Domingo de la Santísima TrinidadReflexión sobre el Evangelio según San Juan 3, 16-18Estimados ...
31/05/2026

Domingo 31 de mayo de 2026
Domingo de la Santísima Trinidad
Reflexión sobre el Evangelio según San Juan 3, 16-18
Estimados hermanos:
Después de haber recorrido el tiempo pascual, celebrando la Resurrección del Señor y culminando con la solemnidad de Pentecostés, la Iglesia nos invita hoy a contemplar y adorar el misterio central de nuestra fe: la Santísima Trinidad. Y precisamente el Evangelio de hoy nos ayuda a adentrarnos en esta realidad de amor.
San Juan nos presenta una de las afirmaciones más bellas de toda la Escritura: “Porque tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna”.
En estas palabras podemos descubrir la acción de las tres Personas divinas. Contemplamos al Padre que ama al mundo con un amor infinito; reconocemos al Hijo, enviado para salvarnos mediante su vida, muerte y resurrección; e identificamos también la presencia del Espíritu Santo, que ha sido derramado en nuestros corazones para hacernos partícipes de esa misma vida divina. La Santísima Trinidad no es un misterio lejano ni una idea abstracta, sino una comunión perfecta de amor que se acerca a nosotros y nos invita a participar de ella.
Durante el tiempo pascual hemos contemplado cómo ese amor se manifestó plenamente en Jesucristo. Hemos visto al Señor entregar su vida en la cruz, vencer la muerte con su resurrección y enviar el Espíritu Santo sobre la Iglesia. Todo ello nace del amor del Padre, que quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad.
Jesús nos recuerda además que Dios no envió a su Hijo al mundo para condenarlo, sino para salvarlo. Esta es una gran noticia para todos nosotros. El Dios en quien creemos es un Dios de misericordia, que no se cansa de buscarnos, perdonarnos y ofrecernos una nueva oportunidad.
La solemnidad de la Santísima Trinidad nos recuerda que fuimos creados por amor y para amar. Hemos sido bautizados en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, y por ello estamos llamados a reflejar en nuestra vida esa comunión divina mediante la unidad, la fraternidad, el perdón y el servicio. La Trinidad es también el modelo perfecto de toda familia y comunidad cristiana, pues nos enseña que el amor auténtico siempre busca la comunión, la entrega y el bien de los demás.
Cada vez que hacemos la señal de la cruz proclamamos nuestra fe en el Dios Uno y Trino, poniendo toda nuestra vida bajo la protección y el amor del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Es un gesto sencillo que realizamos diariamente, pero que encierra la grandeza del misterio que hoy celebramos.
Habiendo concluido el tiempo pascual, la Iglesia nos invita a llevar al mundo la alegría de la Resurrección y la fuerza del Espíritu Santo. Quien ha experimentado el amor de Dios no puede guardarlo para sí mismo; está llamado a compartirlo con los demás mediante el testimonio de una vida auténticamente cristiana, mostrando que toda la obra de la salvación es acción del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
Pidamos hoy a la Santísima Trinidad que nos ayude a vivir siempre unidos a Dios, a crecer en la fe y a ser reflejo de su amor en medio de nuestras familias y comunidades. Y recordemos siempre que Dios Padre nos creó por amor, Dios Hijo nos redimió por amor y Dios Espíritu Santo nos santifica por amor. Toda nuestra vida está envuelta en este misterio de amor que hoy celebramos.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo; como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Que Dios, que ha iniciado en nosotros esta obra buena, la lleve a feliz término.
Que así sea.
Humberto Ramírez



Cuando queremos comprometernosen una misma fe,una tarea, un compromiso,siempre es Pentecostés.Cuando decimos sí a la Igl...
28/05/2026

Cuando queremos comprometernos
en una misma fe,
una tarea, un compromiso,
siempre es Pentecostés.

Cuando decimos sí a la Iglesia
con plena lucidez,
soplan de nuevo vientos del cielo
porque es Pentecostés.

Cuando los hijos ya van creciendo
y dicen que quieren ser
miembros de Cristo y de su Iglesia,
siempre es Pentecostés.

No nos separan lenguas ni razas,
nuestra consigna es
ser en el mundo un testimonio
porque es Pentecostés.

Cuando la fuerza, que estaba oculta,
vence con su poder,
nuestros temores, nuestro egoísmo,
siempre es Pentecostés.

Cuando aceptamos ser levadura
y llama que quiere arder,
nos vinculamos más a la Iglesia
porque es Pentecostés.




Domingo 24 de mayo de 2026Solemnidad de PentecostésEstimados hermanos:En esta solemnidad de Pentecostés, el Evangelio se...
24/05/2026

Domingo 24 de mayo de 2026
Solemnidad de Pentecostés
Estimados hermanos:
En esta solemnidad de Pentecostés, el Evangelio según San Juan adquiere un significado todavía más profundo, pues nos presenta a los discípulos encerrados, llenos de miedo e incertidumbre después de la muerte de Jesús. Las puertas estaban cerradas, no solo físicamente, sino también en su corazón. Y es justamente ahí, en medio del miedo, donde Jesús resucitado se hace presente, les regala su paz y sopla sobre ellos diciendo: “Reciban el Espíritu Santo.”
Ese momento es el anuncio de Pentecostés, el día en que el Espíritu Santo descenderá plenamente sobre los apóstoles y transformará por completo sus vidas. Aquellos hombres temerosos que se escondían detrás de puertas cerradas saldrán después a anunciar el Evangelio con valentía y alegría. El Espíritu Santo cambia el miedo en fortaleza, la tristeza en esperanza y la duda en fe.
Pero antes, lo primero que Jesús les dice es: “La paz esté con ustedes.” No llega con reclamos por haberlo abandonado ni con palabras de reproche, sino ofreciendo paz. Esa es también la manera en que Cristo se acerca hoy a nosotros: conoce nuestras heridas, nuestras dudas y temores, y aun así nos regala su paz.
Después les muestra sus manos y su costado. Jesús resucitado conserva las señales de la cruz. Esto nos enseña que el dolor y las heridas, cuando se unen a Dios, no tienen la última palabra, sino que pueden transformarse en signo de vida y esperanza.
Pentecostés no es solo un acontecimiento del pasado; también hoy el Espíritu Santo sigue actuando en la Iglesia y en cada uno de nosotros.
Luego Jesús sopla sobre ellos y les dice: “Reciban el Espíritu Santo.” Ese soplo recuerda el momento de la creación, cuando Dios dio vida al hombre. Ahora Cristo da una vida nueva: la vida del Espíritu. Los discípulos pasan de ser hombres temerosos, a ser enviados valientes para anunciar el Evangelio.
El Espíritu Santo nos da los dones necesarios para vivir como verdaderos cristianos: sabiduría, fortaleza, consejo, entendimiento y amor. Además, nos impulsa a ser testigos de Cristo en nuestra familia, en nuestro trabajo y en nuestra comunidad.
Finalmente, Jesús les confía a sus discípulos la misión del perdón: “A quienes les perdonen los pecados, les quedan perdonados.”
Esto nos recuerda que donde actúa el Espíritu Santo nacen la reconciliación, la unidad y la paz. Un corazón lleno del Espíritu no vive en el rencor, sino en el amor y la misericordia. Con esto, Jesús nos recuerda la gran misericordia de Dios, que siempre está dispuesto a reconciliarnos y devolvernos la paz.
Estimados hermanos en esta solemnidad de Pentecostés pidamos con fe:
“Ven, Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tu amor.”
Que lo que Dios ha iniciado en nosotros, lo lleve a feliz término.
Que así sea.
Humberto Ramírez



Domingo 17 de mayo de 2026Séptimo Domingo de PascuaEstimados hermanos:En este Séptimo Domingo de Pascua, el Evangelio de...
17/05/2026

Domingo 17 de mayo de 2026
Séptimo Domingo de Pascua
Estimados hermanos:
En este Séptimo Domingo de Pascua, el Evangelio de hoy, tomado de San Mateo, nos sitúa en un momento profundamente significativo de la vida de la Iglesia. Jesús resucitado se encuentra por última vez con sus discípulos antes de culminar su misión terrena y enviarlos a evangelizar, y en este pasaje encontramos varios puntos importantes para nuestra vida cristiana.
El encuentro con Jesús resucitado:
Los discípulos se reúnen con Cristo después de la Resurrección. Esto confirma que Jesús ha vencido a la muerte y sigue vivo en medio de su Iglesia. Ellos van al monte que el Señor les había indicado. Y el Evangelio nos dice algo muy interesante: “Al verlo, lo adoraron; aunque algunos dudaron”.
La adoración y la duda:
¡Qué semejantes son esos discípulos a nosotros! Porque también nosotros creemos, amamos a Dios y queremos seguirlo, pero muchas veces aparecen dudas, temores, cansancio o preocupaciones. Hay momentos en que nuestra fe se fortalece, y otros en que sentimos que vacilamos.
La autoridad de Cristo:
Jesús declara: “Todo poder me ha sido dado en el cielo y en la tierra”. Él es el Señor de toda la creación y tiene autoridad divina.
Pero lo más hermoso es que Jesús no se aleja de sus discípulos por sus dudas. No los regaña ni los abandona. Al contrario: se acerca y les confía una misión.
El mandato misionero:
Y esa misión es clara: “Vayan y hagan discípulos a todos los pueblos”.
Hermanos, la fe no puede quedarse encerrada dentro del templo ni solamente en nuestras oraciones personales. El cristiano está llamado a anunciar a Cristo con su vida. Hay personas que quizá nunca leerán el Evangelio, pero sí leerán nuestras acciones, nuestra manera de tratar a los demás, nuestra paciencia, nuestra caridad y nuestro testimonio.
Hoy el mundo necesita discípulos valientes. Personas que hablen de Dios no solo con palabras, sino también con obras. Padres de familia que enseñen a sus hijos a orar; jóvenes que no tengan vergüenza de su fe; servidores de la Iglesia que trabajen con humildad y alegría; cristianos que sepan llevar esperanza donde hay tristeza.
La importancia del Bautismo:
Jesús también les dice que bauticen “en el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo”. Con esto nos recuerda que nuestra vida cristiana nace de Dios mismo.
No caminamos solos. Durante toda la Pascua hemos contemplado el paso de Jesucristo de la muerte a la vida en la Resurrección, y también el paso de la humanidad de la esclavitud del pecado a la salvación. Somos hijos del Padre, salvados por el Hijo y fortalecidos por el Espíritu Santo.
La promesa de la presencia de Jesús:
Y el Evangelio termina con una promesa maravillosa: “Yo estoy con ustedes todos los días hasta el fin del mundo”.
Hermanos, esta es nuestra esperanza. Jesús no nos abandona. Está presente en la Eucaristía, en su Palabra, en la comunidad y en cada momento de nuestra vida. Aunque vengan dificultades, enfermedades, problemas familiares o incertidumbres, Cristo sigue caminando con nosotros.
La misión para todos los cristianos:
Por eso, hoy el Señor nos invita a renovar nuestra fe y nuestro compromiso. No tengamos miedo de ser discípulos misioneros. No tengamos miedo de anunciar a Cristo. Y cuando las dudas o las pruebas lleguen, recordemos siempre estas palabras del Señor: “Yo estoy con ustedes todos los días”.
Pues bien, mis estimados hermanos, que lo que Dios ha iniciado en nosotros, lo lleve a feliz término.
Que así sea.
Humberto Ramírez



Jueves de la Ascensión del SeñorEstimados hermanos: hoy nos encontramos en el segundo de los tres jueves más importantes...
14/05/2026

Jueves de la Ascensión del Señor
Estimados hermanos: hoy nos encontramos en el segundo de los tres jueves más importantes del año litúrgico. Como recordaremos, el primero lo celebramos el pasado Jueves Santo, con la institución de la Eucaristía y del ministerio sacerdotal; el segundo es el que celebramos el día de hoy, y en próximos días cerraremos con la solemnidad de Corpus Christi.
Jesús, después de resucitar, permaneció cuarenta días más con sus discípulos. Durante ese tiempo se dejó ver para demostrar que verdaderamente estaba vivo y continuó manifestándose y fortaleciendo la fe de sus discípulos. Posteriormente, les encomendó una nueva misión: ir por todo el mundo y hacer discípulos, bautizándolos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
Los discípulos experimentaron sentimientos encontrados: alegría por la gloria de Cristo, pero también incertidumbre ante la tarea que quedaba por delante. Sin embargo, Jesús les deja una promesa: “Yo estaré con ustedes todos los días hasta el fin del mundo”. Esa misma promesa sigue sosteniendo hoy nuestra fe. Se nos vuelve a recalcar que Jesús no nos abandonará; por el contrario, nos enviará a quien nos cuide y nos guíe. Sabemos que ese Paráclito no es otro que el Espíritu Santo, quien obra constantemente en nosotros, su Iglesia.
Así pues, mis estimados hermanos, Jesús asciende al Padre no para alejarse de nosotros, sino para permanecer de una manera nueva, viva y cercana en medio de su Iglesia. La celebración de la Ascensión del Señor nos invita a mirar al cielo, pero también a comprender que nuestra misión continúa aquí en la tierra. No debemos quedarnos estáticos, sino vivir siempre en continua misión y acción. Esto significa que no basta solamente con llamarnos creyentes o testigos de Jesús, sino que debemos ser permanentemente misioneros y cumplir sus mandamientos.
Jesús nos recuerda que Él es “el camino, la verdad y la vida”, y que nadie va al Padre sino por Él. Así, con su Ascensión, Cristo abrió para nosotros el camino hacia Dios. Nuestra vida no termina en lo pasajero de este mundo; estamos llamados a la vida eterna. Pero mientras caminamos hacia ella, debemos ser testigos del Evangelio con nuestras palabras, nuestras obras y nuestro ejemplo.
Este jueves, estimados hermanos, la invitación es a no quedarnos “mirando al cielo”, sino a comprometernos más con nuestra familia, nuestra comunidad y nuestros hermanos que necesitan esperanza. Jesús confía en nosotros para continuar su obra de amor.
Que al celebrar la Ascensión del Señor renovemos nuestra esperanza y nuestro deseo de vivir como verdaderos discípulos, sabiendo que Cristo glorioso sigue caminando a nuestro lado.
Que lo que Dios ha iniciado en nosotros lo lleve a feliz término.
Que así sea.
Humberto Ramírez.

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