22/05/2026
22 de mayo
Santa Rita de Casia
Nació en 1381 en Roccaporena, un pequeño pueblo entre las montañas de Italia. Sus padres, ya ancianos, la educaron en la fe y el temor de Dios. Aunque ella deseaba consagrarse a Dios en la vida religiosa, obedeció la voluntad de sus padres y aceptó casarse con Pablo de Ferdinando, un hombre de carácter violento y difícil.
Rita vivió como muchas mujeres silenciosas y fuertes: paciente, prudente y llena de oración. Soportó con amor los sufrimientos de su hogar, sin dejar de confiar en Dios. Con el tiempo, su bondad logró transformar el corazón de su esposo, quien cambió de vida. Sin embargo, los enemigos que había ganado en el pasado terminaron por asesinarlo.
Sus dos hijos, llenos de dolor, juraron vengar la muerte de su padre. Rita comprendió el peligro que corrían sus almas y, con un acto de fe heroico, pidió a Dios que se los llevara antes de que cometieran un crimen. Poco tiempo después, ambos murieron.
Quedando sola, pidió ingresar al convento de las agustinas de Casia, pero fue rechazada. Entonces acudió con gran confianza a sus santos protectores: san Juan Bautista, san Agustín y san Nicolás de Tolentino. La tradición cuenta que una noche ellos mismos la condujeron milagrosamente al interior del convento, donde finalmente fue aceptada.
Ya como religiosa, Rita se entregó a la oración, la penitencia y al amor profundo por Cristo crucificado. Durante un éxtasis recibió en su frente una espina de la corona de Jesús, una dolorosa llaga que llevó durante catorce años.
Su fama de santidad se extendió rápidamente. Muchos acudían a ella buscando consuelo, sanación y paz. Santa Rita nunca pidió alivio para sí misma; solamente deseó cargar con el sufrimiento de los demás.
Murió en el monasterio de Casia en 1457. Fue canonizada en el año 1900 y hoy es conocida en todo el mundo como la santa de los casos difíciles y desesperados, ejemplo de paciencia, perdón y confianza absoluta en Dios.