26/05/2026
El día de ayer, el Pbro. Leonel Martínez nos dejó una reflexión muy profunda que nos invita a sacudirnos la rutina. Nos recordaba que estamos educados para la vida exterior y el ruido, pero le tememos al silencio y a la soledad. A veces, dejamos que la mediocridad gane terreno, no meditamos la Palabra de Dios e incluso la Misa se nos llega a hacer aburrida.
¡Pero este tiempo de Pentecostés es para encendernos de nuevo! Como comunidad de nuestra Capilla de Nuestra Señora del Carmen, unidos a nuestra Parroquia de San Pedro Apóstol, estamos llamados a reavivar nuestra vida interior.
Por eso, los invitamos a que hagamos juntos estas tres peticiones especiales al Espíritu Santo:
1️⃣ ¡Sánanos del aburrimiento! Que nos libre de la mediocridad espiritual y nos devuelva la alegría de orar.
2️⃣ ¡Enséñanos a servir! Que pongamos nuestros dones y talentos al servicio de nuestra comunidad y de nuestra parroquia.
3️⃣ ¡Haznos testigos! Que seamos conscientes de su amor y salgamos a anunciar la Buena Nueva sin miedo.
Hagamos un espacio de silencio hoy en el corazón. Que de la mano de Nuestra Madre del Carmen, el Espíritu Santo transforme nuestra rutina en fe viva. 🙏✨
El domingo 24 el Pbro. Leonel Martínez nos dijo que estamos formados, educados para la vida exterior, poca importancia le hemos dado a la vida interior, no estamos siendo formados o educados en la vida interior, en la vida espiritual. Tenemos miedo al silencio, a la soledad. No sabemos estar en silencio, nos atrae más el ruido, el escándalo.
Cuando escuchamos la Palabra de Dios no la meditamos, no la rumiamos, no la disernimos. Hay poco interés en la vida espiritual, no hay calidad para la vida de oración. La misa se nos hace aburrida.
En este tiempo de Pentecostés nos invita a hacer tres peticiones al Espíritu Santo: primero, que nos sane del aburrimiento y de la mediocridad espiritual. Segundo, que nos enseñe a poner los talentos y los dones al servicio de la comunidad y el tercero, que le pidamos al Espíritu Santo que nos haga concientes a cada uno de nosotros y anunciemos la buena nueva, el amor de Dios.