18/08/2026
40 DÍAS DE TESHUVÁ
Día 6 — La voz que no deja de llamar
“La voz que no deja de llamar”
“Si oyereis hoy su voz, no endurezcáis vuestro corazón.”
— Salmo 95:7-8
Hay voces que con el tiempo dejamos de escuchar.
El ruido de la vida, las preocupaciones, las heridas, las ocupaciones e incluso la rutina religiosa pueden hacer que una voz que antes estremecía nuestro corazón termine convirtiéndose en un sonido lejano.
Pero existe una voz que nunca deja de llamar: la voz de Dios.
Desde las primeras páginas de la Escritura encontramos a un Dios que busca al ser humano. Después de que Adán y Eva pecaron y se escondieron entre los árboles del jardín, Dios preguntó:
“¿Dónde estás tú?”
— Génesis 3:9
Dios sabía perfectamente dónde estaba Adán. La pregunta no pretendía obtener información; buscaba provocar conciencia.
Era como si Dios dijera:
“Adán, mira dónde estás. Mira hasta dónde te ha llevado tu decisión. ¿Te das cuenta de la distancia que ahora existe entre nosotros?”
Desde entonces, esa pregunta continúa resonando de generación en generación:
¿Dónde estás?
No solamente dónde estás físicamente, sino:
¿Dónde está tu corazón?
¿Dónde quedó aquella pasión que tenías por Dios?
¿Dónde quedó tu sensibilidad espiritual?
¿Dónde quedó aquella oración que hacías con lágrimas?
¿Dónde quedó aquel deseo de obedecerle?
Elul nos invita a escuchar nuevamente esa voz.
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El shofar: una voz que despierta
Una de las tradiciones más hermosas asociadas con Elul es escuchar diariamente el shofar.
Maimónides explicó el significado espiritual del sonido del shofar con palabras que parecen atravesar los siglos:
“Despertad, vosotros que dormís, de vuestro sueño; despertad de vuestro letargo. Examinad vuestras acciones, arrepentíos y recordad a vuestro Creador.”
— Mishné Torá, Hiljot Teshuvá 3:4
El shofar no solamente produce un sonido.
Produce una pregunta.
Cada vez que suena parece decirnos:
“Despierta.”
Despierta antes de que pase otro año.
Despierta antes de acostumbrarte a aquello que antes te incomodaba.
Despierta antes de que tu corazón se endurezca.
Despierta mientras todavía puedes escuchar Su voz.
Por eso el Salmo 95 no dice simplemente:
“Si oyereis Su voz…”
Añade una palabra extraordinariamente importante:
“HOY.”
Porque uno de los mayores enemigos de la teshuvá no siempre es la rebelión.
A veces es simplemente la postergación.
“Mañana cambiaré.”
“Mañana buscaré más a Dios.”
“Mañana pediré perdón.”
“Mañana arreglaré esa relación.”
“Mañana volveré a orar.”
“Mañana dejaré aquello que sé que no agrada al Señor.”
Pero la Escritura insiste:
“Hoy, si oyereis Su voz…”
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Cuando dejamos de escuchar
Existe algo peligroso en el corazón humano: puede acostumbrarse.
Podemos acostumbrarnos incluso a aquello que alguna vez nos dolió espiritualmente.
La primera vez que hacemos algo incorrecto, nuestra conciencia protesta.
La segunda vez, protesta un poco menos.
La tercera vez comenzamos a justificarlo.
Después terminamos diciendo:
“No es para tanto.”
Y eventualmente dejamos de escuchar.
Por eso el texto continúa:
“No endurezcáis vuestro corazón.”
El problema más grave no es solamente cometer un error.
El problema es llegar al punto en que ya no sentimos nada cuando lo cometemos.
Un corazón sensible todavía puede ser corregido.
Un corazón quebrantado todavía puede ser restaurado.
Pero un corazón endurecido comienza a llamar bueno a lo malo y malo a lo bueno.
Por eso David oraba:
“Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón;
pruébame y conoce mis pensamientos;
y ve si hay en mí camino de perversidad,
y guíame en el camino eterno.”
— Salmo 139:23-24
Qué oración tan apropiada para Elul:
“Señor, muéstrame aquello que yo ya no puedo ver.”
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Dios también habló con una voz suave
El profeta Elías atravesó uno de los momentos más difíciles de su vida. Cansado, frustrado y temeroso, llegó hasta Horeb.
Entonces ocurrió algo extraordinario.
Hubo un viento poderoso.
Después un terremoto.
Después fuego.
Pero el texto dice que el Señor no estaba en ellos.
Finalmente vino:
“un silbo apacible y delicado.”
— 1 Reyes 19:12
Y allí Elías reconoció la presencia de Dios.
Muchas veces esperamos que Dios nos hable mediante acontecimientos extraordinarios, pero Él frecuentemente habla mediante un susurro interior que confronta nuestra conciencia.
Una frase de la Escritura.
Una predicación.
Una conversación.
Una circunstancia.
Una inquietud que aparece durante la oración.
Una palabra que hemos leído cien veces y de repente parece haber sido escrita específicamente para nosotros.
No siempre es que Dios haya comenzado a hablar.
Quizá simplemente nosotros comenzamos nuevamente a escuchar.
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La voz que pregunta: “¿Dónde estás?”
Existe una antigua enseñanza judía relacionada con Génesis 3:9.
El primer maestro jasídico, Rabí Shneur Zalman de Liadi, fue visitado por un funcionario mientras se encontraba encarcelado. El hombre le preguntó cómo debía entenderse que Dios preguntara a Adán: “¿Dónde estás?”, si Dios conoce todas las cosas.
El rabino respondió que la pregunta de Dios no estaba dirigida solamente a Adán.
Está dirigida a cada persona, en cada generación.
Dios pregunta:
“¿Dónde estás en tu mundo?”
Has recibido ciertos años.
Has recibido capacidades.
Has recibido oportunidades.
Has recibido personas para amar.
Has recibido una misión.
¿Dónde estás?
Esa quizá sea una de las preguntas más importantes que podemos hacernos durante estos cuarenta días.
No:
“¿Dónde están los demás?”
No:
“¿Qué debería cambiar mi esposo?”
“¿Qué debería cambiar mi esposa?”
“¿Qué debería cambiar mi pastor?”
“¿Qué debería cambiar mi congregación?”
Elul nos obliga a dejar de mirar alrededor y comenzar a mirar hacia dentro.
¿Dónde estoy yo?
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La voz del Pastor
Yeshúa utilizó una imagen extraordinariamente tierna para describir nuestra relación con Él:
“Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen.”
— Juan 10:27
Observe el orden:
oyen → son conocidas → siguen.
La vida espiritual comienza aprendiendo nuevamente a escuchar.
Y hay algo maravilloso en este texto:
Yeshúa no dice simplemente:
“Yo conozco a mis ovejas.”
Dice:
“Ellas conocen Mi voz.”
Una oveja podía encontrarse rodeada por cientos de animales y, sin embargo, cuando escuchaba la voz de su pastor, sabía distinguirla.
Así debería suceder con nosotros.
En medio de tantas voces:
la voz del miedo,
la voz de la culpa,
la voz de las redes sociales,
la voz de la opinión de otros,
la voz de nuestras heridas,
la voz de nuestro ego…
debemos aprender nuevamente a reconocer:
la voz del Pastor.
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Dios llama porque todavía quiere restaurarte
Hay algo que nunca debemos olvidar durante estos días:
Si Dios te está confrontando, es porque todavía está trabajando contigo.
Su corrección no es evidencia de abandono.
Es evidencia de relación.
Hebreos 12:6 declara:
“Porque el Señor al que ama, disciplina.”
Cuando una palabra te incomoda…
cuando una predicación te confronta…
cuando el Espíritu te recuerda algo que debes corregir…
cuando sabes que necesitas pedir perdón…
no huyas de esa incomodidad.
Puede ser la misericordia de Dios tocando nuevamente la puerta de tu corazón.
El verdadero peligro no es escuchar una palabra que nos incomode.
El verdadero peligro sería que nuestro corazón ya no pudiera escucharla.
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Una pregunta para este sexto día
Hoy no quiero darte muchas preguntas.
Solamente una:
¿Qué lleva tiempo diciéndote Dios que todavía no has obedecido?
Tal vez ya sabes exactamente qué es.
Una conversación pendiente.
Una reconciliación.
Una costumbre que debes abandonar.
Una disciplina espiritual que necesitas recuperar.
Una decisión que llevas meses postergando.
Una persona que debes perdonar.
Una puerta que debes cerrar.
O quizá simplemente Dios lleva tiempo diciéndote:
“Acércate otra vez.”
No necesitas resolver hoy toda tu vida.
Pero sí puedes responder a Su voz.
Samuel respondió:
“Habla, porque tu siervo oye.”
— 1 Samuel 3:10
Quizá esa debería convertirse en nuestra oración durante Elul.
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Oración
Abba Kadosh, en este sexto día de nuestro camino de teshuvá, quiero aprender nuevamente a escuchar Tu voz.
En medio del ruido de mi vida, enséñame a reconocer Tu susurro.
No permitas que mi corazón se acostumbre a aquello que Te entristece. No permitas que mi conciencia se endurezca ni que siga postergando aquello que Tú me has pedido cambiar.
Examíname, Señor. Muéstrame aquello que yo ya no puedo ver de mí mismo.
Si me he alejado, llámame nuevamente.
Si me he dormido espiritualmente, despiértame.
Si mi corazón se ha endurecido, hazlo sensible otra vez.
Y cuando escuche Tu voz, dame también el valor para obedecerla.
Hoy quiero responder como Samuel:
“Habla, Señor, porque Tu siervo escucha.”
Gracias porque Tu voz todavía me llama, porque Tu misericordia todavía me busca y porque Tus brazos continúan abiertos para recibirme.
En el nombre de Yeshúa. Amén.
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Para meditar durante el día
“Si todavía puedes escuchar la voz de Dios llamándote, todavía estás a tiempo de volver.”
40 días de Teshuvá — Día 6
Elul: tiempo de volver al corazón del Padre