26/08/2026
SALMO 19
Este es uno de los Salmos más perfectos de David en estructura y teología. Es citado por Pablo en Romanos 10:18 y por los mismos judíos lo consideran una de las joyas del salterio. David demuestra que Dios no se ha quedado callado. Habla todos los días de dos maneras: a través del mundo que creó y a través de su Palabra. Quien aprende a contemplar a Dios en la creación y a escucharlo en su Palabra, no puede seguir siendo el mismo. Su vida es transformada. Elena White expresó:“La naturaleza ha de ser nuestro gran libro de texto después de la Biblia.” Testimonios para la Iglesia, 6:185.
1. El primer libro: La grandeza de Dios en la creación: “Los cielos cuentan la gloria de Dios, y el firmamento anuncia la obra de sus manos. Un día emite palabra a otro día, y una noche a otra noche declara sabiduría. No hay lenguaje, ni palabras, ni es oída su voz. Por toda la tierra salió su voz, y hasta el extremo del mundo sus palabras. En ellos puso tabernáculo para el sol; y éste, como esposo que sale de su tálamo, se alegra cual gigante para correr el camino. De un extremo de los cielos es su salida, y su curso hasta el término de ellos; y nada hay que se esconda de su calor.” Salmos 19:1-6.
El verbo "cuentan" en hebreo es (mesaprim), es un participio continuo: los cielos están contando, contando y contando, sin parar, la gloria de Dios. No es un evento del pasado, es una predicación permanente.
La creación es un predicador silencioso pero universal. Los cielos no hablan español ni hebreo, y sin embargo todo el mundo los entiende. Cada amanecer es un sermón, cada noche estrellada es una invitación a adorar. David nos lleva del cielo inmenso, al día y la noche, y termina con el sol. Lo describe como un esposo radiante que sale de su recámara y como un gigante que corre su carrera con gozo. Nada se esconde de su calor.
Si Dios hizo un universo tan vasto, tan ordenado y tan hermoso, ¿habrá algo imposible para Él en tu vida? Al contemplar su creación, nuestra fe crece y recordamos que el Dios que sostiene el sol, puede sostenernos a nosotros.
Y aquí David hace una transición. Dice que nada se esconde del calor del sol, y de inmediato nos habla de otra cosa de la que nadie se puede esconder: la Ley de Dios. Así como el sol llega hasta el último rincón de la tierra, así la Palabra de Dios llega hasta el último rincón de la vida.
2. El segundo libro: “La ley de Jehová es perfecta, que convierte el alma; el testimonio de Jehová es fiel, que hace sabio al sencillo. Los mandamientos de Jehová son rectos, que alegran el corazón; el precepto de Jehová es puro, que alumbra los ojos. El temor de Jehová es limpio, que permanece para siempre; los juicios de Jehová son verdad, todos justos. Deseables son más que el oro, y más que mucho oro afinado; y dulces más que miel, y que la que destila del panal. Tu siervo es además amonestado con ellos; en guardarlos hay grande galardón.” Salmos 19:7-11.
Si la creación nos revela el poder de Dios, su Palabra nos revela su carácter y su voluntad para transformarnos.
David usa seis sinónimos de la Palabra y seis efectos transformadores:
1. La Ley es perfecta y convierte el alma. Nos da un nuevo nacimiento.
2. El Testimonio es fiel y hace sabio al sencillo. Nos da sabiduría donde había ignorancia.
3. Los mandamientos son rectos y alegran el corazón. Nos dan gozo donde había tristeza.
4. El precepto es puro y alumbra los ojos. Nos da claridad donde había confusión.
5. El temor de Jehová es limpio y permanece para siempre. Nos da estabilidad.
6. Los juicios son verdad y son todos justos. Nos dan seguridad.
"La ley de Jehová es perfecta, que convierte el alma". En hebreo, convierte es (meshibat nafesh), literalmente "hace volver el alma", la restaura, la hace regresar a su lugar. ¿Cómo hace eso una ley? San Pablo lo explica. La Ley no convierte porque nos haga perfectos, convierte porque nos conduce a Aquel que sí nos puede hacer perfectos. Ya que por las obras de la ley ningún ser humano será justificado delante de él; porque por medio de la ley es el conocimiento del pecado." Romanos 3:20 "¿Qué diremos, pues? ¿La ley es pecado? En ninguna manera. Pero yo no conocí el pecado sino por la ley." Romanos 7:7.
La Ley es perfecta porque no te deja a medias: no solo te dice que estás perdido, te toma de la mano y te lleva hasta el único que te puede salvar. La Ley condena perfectamente para que Cristo salve perfectamente. Por eso convierte el alma. La Ley sin Cristo mata. Cristo sin Ley no se necesita. Pero la Ley que conduce a Cristo, convierte. "De manera que la ley ha sido nuestro ayo, para llevarnos a Cristo, a fin de que fuésemos justificados por la fe." Gálatas 3:24
La Ley convierte el alma entera, luego hace sabio al sencillo en su mente, luego alegra el corazón en sus emociones, luego alumbra los ojos en su visión. La creación nos hace mirar hacia arriba y decir: ¡Qué grande es Dios! Pero la Biblia nos hace mirar hacia adentro y decir: ¡Qué grande puede ser su obra en mí! Por eso David dice que la Palabra es más deseable que el oro y más dulce que la miel. El oro enriquece el bolsillo, pero la Palabra enriquece el alma.
3. Nuestra respuesta: Un corazon limpio delante de Dios: “¿Quién podrá entender sus propios errores? Líbrame de los que me son ocultos. Preserva también a tu siervo de las soberbias; que no se enseñoreen de mí; entonces seré íntegro, y estaré limpio de gran rebelión. Sean gratos los dichos de mi boca y la meditación de mi corazón delante de ti, oh Jehová, roca mía, y redentor mío.” (Salmos 19:12-14). Después de contemplar la grandeza de Dios y la perfección de su Ley, David no se siente orgulloso, se siente pequeño. Y hace una oración tan especial.
Comprende que hay dos tipos de pecados que lo pueden destruir:
1. Los errores ocultos: Aquellos que ni yo mismo veo, mis cegueras, mis defectos de carácter.
2. Las soberbias: Los pecados que cometo sabiendo que están mal, cuando mi orgullo se enseñorea de mí. Entonces pide lo que todos necesitamos: limpieza interior. “Los pensamientos deben ser puros y las meditaciones del corazón deben ser limpias, si se quiere que las palabras de la boca sean aceptables para el cielo y útiles para vuestros asociados.” The Review and Herald, 12 de junio de 1888.
Es la oración para todos los días. Que Dios controle mi boca lo que digo y mi corazón lo que pienso. Y nos recuerda quién es Él: mi Roca que me sostiene como Creador, y mi Redentor que me salva como Salvador. “Oh Jehová, roca mía, y redentor mío”.
Dios te bendiga.
Ptr. Martin Olvera García.