26/10/2026
A veces, el orgullo nos mete en competencias que nadie nos pidió ganar.
Queremos tener la razón, demostrar que somos mejores, que sabemos más, que hacemos más… y sin darnos cuenta, convertimos relaciones en rivalidades y conversaciones en batallas de ego.
Pero ¿de qué sirve ganar una discusión si perdemos la paz? ¿De qué sirve sentirnos superiores si dejamos de tratar a otros con amor?
La humildad no nos hace menos, nos hace más conscientes de que no tenemos que demostrar nuestro valor disminuyendo el de los demás.
Que Dios nos enseñe a vivir con menos orgullo, menos comparaciones y más amor. ❤️
Lean: Filipenses 2:3