03/10/2026
⚠️ “Por tanto, Mi pueblo fue llevado cautivo, porque no tuvo conocimiento…” Isaías 5:13a
El pueblo vive cautivo porque no entiende cómo actúa el diablo, y esa ignorancia sale muy cara. La persona termina aceptando los dolores y las desgracias de la vida como si hubieran venido de las manos de Dios. Le llama cruz, destino, mala suerte. El nombre cambia según la religión y las costumbres, pero el resultado es el mismo: nadie lucha contra aquello que cree que fue enviado por el propio Dios.
Isaías está denunciando a un pueblo que no conocía las obras del Señor. Y quien no conoce las obras de Dios no puede distinguir lo que viene de Él de aquello que viene del diablo. Así es como muchos terminan atribuyéndole a Dios lo que, en realidad, es obra del in****no.
Precisamente en este punto la religión ha servido al diablo. Le da una explicación religiosa al sufrimiento, enseña a la persona a aceptarlo y, muchas veces, le quita la conciencia de que detrás de aquello hay un causante. Mientras busca encontrarle un sentido a su propia desgracia, aquel que la está provocando sigue trabajando sin ser molestado, sin ser confrontado.
Por eso, nuestro deber, como Iglesia, es exponer las obras del diablo. Mostrar cómo actúa, por dónde entra y qué ha estado haciendo en la vida de las personas. No podemos enseñar a alguien a aceptar como voluntad de Dios aquello que Dios nunca dijo que debía aceptar.
Quien no reconoce las obras del diablo termina conformándose con la vida que lleva. Acepta la miseria, la destrucción, los problemas dentro de su hogar, la derrota y la falta de esperanza como si todo eso fuera parte del plan de Dios para su vida.
Y mientras piensa que está cargando una cruz, sigue cargando aquello contra lo que debería estar luchando.
Lo peor es que, cuando alguien ni siquiera sabe que está preso, tampoco entiende por qué necesita buscar la liberación.
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