17/03/2026
OFUN OGBE / OFUN NAGBE
Oyá y los peces de colores
A veces, lo que más se cuida… también puede convertirse en la causa del desgaste.
Dicen que Oyá vivía en el recodo de un río, en un lugar tranquilo, apartado y hermoso. Un día, por obra de Olofin, llegaron hasta allí muchos peces de colores. Eran tan bellos y tan llamativos, que aquel rincón pareció llenarse de vida nueva.
Oyá, al verlos, quedó maravillada. Empezó a cuidarlos con tanta entrega, que poco a poco hizo de ellos su mayor preocupación. No permitía que nadie pasara por aquella zona, temiendo que algún pescador viniera a llevárselos. Los vigilaba de día y también de noche, siempre alerta, siempre pendiente, siempre defendiendo aquello que sentía suyo.
Pero lo que comenzó como cuidado, terminó volviéndose una carga.
Fueron tantos los días sin comer bien, sin descansar y sin soltar la tensión, que su cuerpo empezó a resentirse. Su salud se alteró, su sueño desapareció y hasta sus nervios se quebrantaron. Oyá ya no vivía en paz: vivía atrapada en la vigilancia, en el miedo y en el desgaste.
Y entonces, en un momento de arrebato, maldijo a aquellos peces de colores que un día había recibido con tanto amor.
Después de eso, se internó en el monte. Se fue lejos del ruido de su propia preocupación, lejos de la carga que ella misma había sostenido por tanto tiempo. Allí buscó recuperar la calma, el sueño y la salud que había perdido por no saber poner límite a su entrega.
Este pataki deja una enseñanza profunda: no todo lo hermoso debe cargarse hasta el agotamiento. Hay cosas que se aman, se cuidan y se valoran… pero sin perderse uno mismo en el proceso.
Porque cuando el cuidado no tiene medida, deja de ser bendición y empieza a convertirse en un peso.