24/05/2026
2 CRÓNICAS 36
Este capítulo final de 2 Crónicas describe la caída de Jerusalén, la destrucción del templo y el exilio de Judá. Pero también apunta a la esperanza de restauración.. Su propósito fue claro: fortalecer la fe de los exiliados y recordarles que las promesas de Dios son fieles y verdaderas. A lo largo del libro, se destacan los gobiernos de reyes como Asa, Josafat, Ezequías y Josías, quienes se esforzaron por seguir a Dios.
El cronista busca inspirar a los que regresaron de la cautividad, recordándoles que, aunque el templo esté destruido, Dios es poderoso y sus promesas se cumplen al pie de la letra. La decisión es clara: servir a Dios y experimentar una vida de paz y seguridad, o seguir al diablo y enfrentar el caos y la destrucción. En la vida, solo hay dos caminos, y la elección es nuestra.
Después de la muerte del rey Josías, el pueblo de Judá volvió a la apostasía y los juicios de Dios inevitablemente se cumplirían. Unos de los reyes que sucedió a Josías apenas duró tres meses, otro once años. El tercero Joaquín tuvo algunas similitudes con el rey Josías: “De ocho años era Joaquín cuando comenzó a reinar, y reinó tres meses y diez días en Jerusalén; e hizo lo malo ante los ojos de Jehová.” (2 Crónicas 36:8). En lugar de Joaquín quedó Sedequías quien se distinguió por tener las características que conducen al fracaso.
1. Hizo lo malo y fue orgulloso: “E hizo lo malo ante los ojos de Jehová, su Dios. Y no se humilló delante del profeta Jeremías, que le hablaba de parte de Jehová.” (2 Crónicas 36:12). No escuchó el consejo de Dios ni se humilló delante de Él.
2. Endureció su corazón. “Se rebeló asimismo contra Nabucodonosor, al cual había jurado por Dios; y endureció su cerviz, y obstinó su corazón, para no volverse a Jehová el Dios de Israel.” (2 Crónicas 36:13).
3. No escuchó la voz de Dios: “Y Jehová, el Dios de sus padres envió constantemente palabra a ellos por medio de sus mensajeros, porque él tenía misericordia de su pueblo, y de su habitación. Mas ellos hacían escarnio de los mensajeros de Dios, y menospreciaban sus palabras, burlándose de sus profetas, hasta que subió la ira de Jehová contra su pueblo, y no hubo ya remedio.” (2 Crónicas 36:15-16).
4. Hizo lo malo, endureció su corazón, y no escuchó la voz de Dios. Terribles decisiones que trajeron inevitablemente la destrucción de Jerusalén y de miles de vidas: “Por lo cual trajo contra ellos al rey de los caldeos, que mató a espada a sus jóvenes en la casa de su santuario, sin perdonar joven ni doncella, anciano ni decrépito; todos los entregó en sus manos. Asimismo, todos los utensilios de la casa de Dios, grandes y chicos, los tesoros de la casa de Jehová, y los tesoros de la casa del rey y de sus príncipes, todo lo llevó a Babilonia.” (2 Crónicas 36:17-18).
“Y Jehová el Dios de sus padres envió constantemente palabra a ellos por medio de sus mensajeros, porque él tenía misericordia de su pueblo y de su habitación. Mas ellos hacían escarnio de los mensajeros de Dios, y menospreciaban sus palabras, burlándose de sus profetas, hasta que subió la ira de Jehová contra su pueblo, y no hubo ya remedio”. (2 Crónicas 36:15).
A pesar de la desobediencia del pueblo, Dios envió profetas para advertirles y llamarlos al arrepentimiento. La palabra "misericordia" (en hebreo, "jeled") implica compasión y piedad. Dios quería salvar a su pueblo y proteger su habitación (el templo y la tierra). La frase "envió constantemente palabra" indica que Dios dio múltiples oportunidades para que el pueblo se arrepintiera. Sin embargo, el pueblo no respondió a la misericordia de Dios: En lugar de escuchar y obedecer, se burlaron y menospreciaron a los profetas. No tomaron en serio las advertencias de Dios. La burla y el desprecio hacia los mensajeros de Dios es un pecado grave.
La profecía de Jeremías se cumplió cuando Ciro, rey de Persia, emitió un decreto permitiendo a los judíos regresar a Jerusalén y reconstruir el templo. Esto muestra que: Ciro, un rey pagano, fue usado por Dios para cumplir su propósito. La profecía de Jeremías se cumplió al pie de la letra, demostrando la fidelidad de Dios. Ciro fue un instrumento de Dios para abrir una nueva era de restauración para su pueblo.
Podemos confiar en que Dios cumple sus promesas y abre puertas de oportunidad en nuestras vidas. Dios nos llama a regresar a nuestra relación con Él y a reconstruir nuestra vida. Podemos ser instrumentos de la misericordia de Dios, compartiendo el evangelio y ayudando a otros a encontrar la restauración.
Dios te bendiga.
Ptr. Martin Olvera García.