14/11/2025
Un error que muchos cristianos cometemos al discipular es perder la paciencia. Cuando ganamos a alguien, es normal que deseemos ver un cambio inmediato en su vida. Queremos ver transformación, fruto, decisiones radicales… pero a veces olvidamos que la obra de Dios No ocurre a la velocidad de nuestra expectativa, sino al ritmo perfecto de Dios.
La Biblia dice en Eclesiastés 3.1:
“Todo tiene su tiempo y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora.”
Esto nos recuerda que nuestro papel no es apurar el proceso, sino seguir creyendo, seguir amando y seguir sembrando. Aunque la semilla parezca insignificante un día brotará y nos sorprenderá con un fruto glorioso.
Filipenses 1.6 declara:
“El que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo.”
Este verso resume todo:
Si Dios empieza la obra… Dios la termina.
No nuestra prisa.
No nuestra ansiedad.
No nuestras expectativas humanas.
La obra del Señor se cumplirá…
pero a Su debido tiempo.
Así que no te desanimes.
No sueltes a esas personas.
Y sobre todo… no te rindas.
Dios ya empezó la obra y Él mismo la perfeccionará. ¡Solo créelo!
Pas Erik Polanco