Mi casa y yo serviremos al señor.

Mi casa y yo serviremos al señor. Dios les bendiga! esta página fue creada con el propósito de llegar a todas aquellas personas que estén necesitando una palabra de Aliento.

10/03/2026
DEVOCIONAL: AÑO NUEVO, VIDA NUEVA.DÍA 5 — Nuevas misericordias para nuevos comienzosTexto base: Lamentaciones 3:22–23Hay...
29/01/2026

DEVOCIONAL: AÑO NUEVO, VIDA NUEVA.
DÍA 5 — Nuevas misericordias para nuevos comienzos
Texto base: Lamentaciones 3:22–23

Hay comienzos que se sienten pesados. Entramos a un nuevo año con el deseo de avanzar, pero también con el cansancio de lo vivido. No siempre llegamos a enero con entusiasmo; a veces llegamos con heridas, pérdidas, errores recientes y expectativas frustradas. En ese contexto, las palabras de Lamentaciones 3 resuenan con una fuerza particular.

Jeremías escribe este pasaje en uno de los momentos más oscuros de la historia de Israel. Jerusalén ha sido destruida, el pueblo está en ruinas y el futuro parece incierto. No es un texto nacido desde la comodidad, sino desde el dolor. Y aun así, en medio del lamento, el profeta declara una verdad firme: las misericordias del Señor no se han acabado y se renuevan cada mañana.

Esto redefine por completo lo que entendemos por un nuevo comienzo. Para muchos, empezar de nuevo significa “hacerlo mejor esta vez”. Para Dios, empezar de nuevo significa recibir otra vez su misericordia. El texto no dice que la esperanza se renueva cuando nosotros cambiamos, sino porque Dios es fiel. La base del nuevo comienzo no es nuestra constancia, sino su carácter.

La palabra “misericordias” apunta al amor leal y fiel de Dios, ese amor que no se agota cuando fallamos ni se retira cuando tropezamos. Jeremías no niega la realidad del pecado ni las consecuencias del quebranto, pero afirma que incluso allí, la misericordia de Dios sigue presente. Esto es clave al iniciar un nuevo año: no caminamos hacia adelante confiando en nuestra fuerza, sino en la fidelidad de Dios.

Muchas personas entran a un nuevo año cargando culpa. Culpa por decisiones equivocadas, por promesas incumplidas, por hábitos que no lograron cambiar. Esa culpa termina robando la esperanza antes de que el año realmente comience. Lamentaciones 3 nos recuerda que cada mañana trae una provisión fresca de gracia. No vivimos de las misericordias de ayer, sino de las que Dios derrama hoy.

Esto no minimiza el llamado a la obediencia. La misericordia no es una excusa para vivir sin responsabilidad. Es el fundamento que nos permite levantarnos cuando caemos y seguir caminando sin quedarnos atrapados en la condenación. Donde hay misericordia, hay oportunidad de restauración.

Además, este pasaje nos enseña que los nuevos comienzos no siempre vienen acompañados de cambios inmediatos en las circunstancias. Jerusalén seguía en ruinas cuando Jeremías declaró estas palabras. Sin embargo, su esperanza no estaba anclada en lo visible, sino en la fidelidad inmutable de Dios. Esto es especialmente importante para quienes comienzan el año en medio de situaciones difíciles. La misericordia de Dios no depende de que todo esté en orden.

Cada mañana es una invitación a volver a confiar. A dejar de medir nuestra vida por el rendimiento del día anterior y comenzar de nuevo desde la gracia. Dios no se cansa de mostrarnos misericordia, pero nosotros sí podemos cansarnos de recibirla si seguimos intentando vivir desde la autosuficiencia.

Este nuevo año no comienza con una exigencia, sino con una promesa: la fidelidad de Dios no falla. Cuando esta verdad se arraiga en el corazón, el miedo al fracaso pierde poder y la esperanza vuelve a florecer.

Reflexión / Acción

¿Estás comenzando este año desde la culpa o desde la misericordia de Dios?
¿Cómo cambiaría tu manera de vivir si confiaras en la fidelidad de Dios cada mañana?
Hoy, agradece a Dios por sus misericordias renovadas y entrégale este nuevo comienzo desde la gracia, no desde la presión.OEVO

DEVOCIONAL: AÑO NUEVO, VIDA NUEVA.DÍA 4 — Dejando atrás lo que te detieneTexto base: Filipenses 3:13–14El pasado tiene u...
29/01/2026

DEVOCIONAL: AÑO NUEVO, VIDA NUEVA.
DÍA 4 — Dejando atrás lo que te detiene
Texto base: Filipenses 3:13–14

El pasado tiene una forma particular de influir en nuestra vida. A veces lo hace con peso y culpa; otras, con nostalgia y orgullo. En ambos casos, puede convertirse en un obstáculo silencioso que limita nuestro avance. Al comenzar un nuevo año, muchos desean avanzar, pero siguen caminando con la mirada puesta en lo que quedó atrás. Pablo, escribiendo a los filipenses, nos ofrece una perspectiva clara y liberadora.

En Filipenses 3:13–14, Pablo reconoce que no ha alcanzado la perfección, pero también afirma una decisión firme: olvidar lo que queda atrás y extenderse hacia lo que está delante. Esta declaración no nace de la negación del pasado, sino de una comprensión profunda del llamado de Dios. Pablo no vive anclado ni a sus fracasos ni a sus logros. Ambos, si no se sueltan, pueden convertirse en pesos innecesarios.

El pasado puede detenernos de muchas maneras. La culpa por errores cometidos puede robarnos la confianza para avanzar. Las heridas no sanadas pueden distorsionar nuestra manera de relacionarnos con Dios y con otros. Incluso los éxitos pasados pueden volverse peligrosos cuando vivimos de recuerdos en lugar de obediencia presente. Pablo entiende que mirar constantemente hacia atrás debilita el enfoque y fragmenta el caminar.

La vida cristiana, según Pablo, es una carrera. No una carrera de velocidad, sino de perseverancia. Y toda carrera requiere enfoque. Nadie avanza mirando constantemente hacia atrás. Por eso, Pablo habla de extenderse hacia adelante. Hay intención, esfuerzo y dirección en su lenguaje. No es pasividad; es una decisión consciente de vivir orientado hacia el llamado de Dios.

Este llamado no se basa en el pasado, sino en la gracia presente de Dios. Pablo había tenido un pasado cargado de errores graves, pero también de privilegios religiosos. Sin embargo, no permite que ninguno de los dos defina su presente. Su identidad ya no está en lo que fue, sino en Aquel que lo llamó. Esto es clave para comenzar un nuevo año con libertad.

Soltar el pasado no significa borrarlo o ignorarlo. Significa ponerlo en su lugar correcto. Significa reconocer que Dios puede redimirlo, usarlo y sanarlo, pero que no debe gobernar el presente. Cuando vivimos atrapados en el ayer, perdemos sensibilidad a lo que Dios está haciendo hoy.

Dios no te llama a correr cargando pesos que Él nunca te pidió llevar. Muchas veces arrastramos culpas que Dios ya perdonó, expectativas que otros pusieron sobre nosotros o versiones antiguas de nosotros mismos que ya no existen en Cristo. El nuevo año se convierte en una invitación a soltar lo que estorba para avanzar con mayor libertad.

Extenderse hacia adelante implica confianza. Confianza en que Dios aún tiene propósito, aun cuando el pasado haya sido difícil. Implica fe en que el llamado de Dios no está agotado ni limitado por lo que ya ocurrió. Pablo corre hacia la meta porque sabe que Dios sigue obrando.

Este año no avances mirando por el retrovisor. Avanza con los ojos puestos en el llamado de Dios, confiando en su gracia presente y futura.

Reflexión / Acción

¿Qué del pasado sigue influyendo en tus decisiones actuales?
¿Qué necesitas soltar para avanzar con mayor libertad este año?
Ora hoy entregando a Dios aquello que te ha estado deteniendo y pídele un enfoque renovado hacia lo que Él tiene delante de ti.

DEVOCIONAL: AÑO NUEVO, VIDA NUEVA.DÍA 3 — Renueva tu mente, no solo tus metasTexto base: Romanos 12:2El comienzo de un n...
29/01/2026

DEVOCIONAL: AÑO NUEVO, VIDA NUEVA.
DÍA 3 — Renueva tu mente, no solo tus metas
Texto base: Romanos 12:2

El comienzo de un nuevo año suele estar lleno de propósitos. Queremos cambiar hábitos, mejorar áreas de nuestra vida y avanzar hacia una mejor versión de nosotros mismos. Sin embargo, con frecuencia descubrimos que, aunque las metas cambian, los patrones internos permanecen iguales. Pablo nos recuerda que el verdadero cambio no comienza en la agenda ni en la conducta, sino en la mente.

En Romanos 12:2, Pablo exhorta a los creyentes a no conformarse a este mundo, sino a ser transformados mediante la renovación de la mente. Esta transformación no es superficial ni momentánea. Es un proceso profundo que redefine la manera en que vemos a Dios, a nosotros mismos y a la vida. Sin una mente renovada, cualquier cambio externo termina siendo frágil y temporal.

La mente es el campo de batalla donde se decide la dirección de nuestra vida espiritual. Lo que pensamos moldea lo que creemos, y lo que creemos guía nuestras decisiones. Por eso, aunque tengamos buenas intenciones al comenzar el año, si seguimos pensando de la misma manera, inevitablemente viviremos de la misma manera. Pablo no dice “ajusten su comportamiento”, sino “permitan que Dios transforme su manera de pensar”.

Conformarse a este mundo es un proceso pasivo. Basta con no hacer nada. Vivimos expuestos constantemente a mensajes que definen el éxito, el valor personal y la felicidad desde una perspectiva alejada de Dios. Sin darnos cuenta, adoptamos esas categorías y comenzamos a medir nuestra vida con reglas que no provienen del evangelio. Esto genera ansiedad, comparación, culpa y una fe débil.

La renovación de la mente, en cambio, es intencional. Implica permitir que la verdad de Dios confronte las mentiras que hemos aceptado como normales. Mentiras como: “mi valor depende de mi rendimiento”, “Dios me ama menos cuando fallo”, “no puedo cambiar”, o “esto es lo mejor que puedo esperar”. Estas ideas, aunque silenciosas, tienen un poder enorme sobre nuestra vida espiritual.

Pablo conecta la renovación de la mente con la capacidad de discernir la voluntad de Dios. Esto es clave. Muchas personas quieren conocer la voluntad de Dios para el nuevo año, pero sin permitir que Dios transforme su manera de pensar. Sin una mente renovada, incluso la voluntad de Dios puede parecernos pesada o poco atractiva. Pero cuando la mente es transformada, comenzamos a desear lo que Dios desea.

Renovar la mente no sucede automáticamente con el cambio de calendario. Requiere exposición constante a la Palabra de Dios, dependencia del Espíritu Santo y una disposición humilde para desaprender lo que no está alineado con la verdad. Es un proceso diario, no un evento aislado.

Este nuevo año no necesitas más fuerza de voluntad, sino más verdad. No más presión para cumplir, sino más transformación interna. Cuando la mente se renueva, la obediencia deja de ser una carga y se convierte en una respuesta natural a la gracia de Dios. Vivimos de afuera hacia adentro solo cuando primero hemos sido transformados de adentro hacia afuera.

Comenzar el año renovando la mente es elegir un fundamento sólido. Es decidir que no vivirás guiado por impulsos, temores o expectativas ajenas, sino por la verdad de Dios. Esa decisión, aunque silenciosa, tiene el poder de transformar todo el año.

Reflexión / Acción

¿Qué pensamientos dominan tu mente al comenzar este año?
¿Qué mentiras necesitas identificar y confrontar con la verdad de Dios?
Decide hoy alimentar tu mente diariamente con la Palabra y permitir que Dios la renueve.L

DEVOCIONAL: AÑO NUEVO, VIDA NUEVA.DÍA 2 — Dios no remienda lo viejoTexto base: Lucas 5:36–38Una de las frustraciones más...
29/01/2026

DEVOCIONAL: AÑO NUEVO, VIDA NUEVA.
DÍA 2 — Dios no remienda lo viejo
Texto base: Lucas 5:36–38

Una de las frustraciones más comunes al comenzar un nuevo año es esta: queremos algo nuevo sin cambiar realmente nada. Deseamos resultados distintos, pero conservamos las mismas rutinas. Oramos por renovación, pero protegemos aquello que nos resulta cómodo. Jesús confronta directamente esta tendencia humana con una enseñanza breve, pero profundamente reveladora.

En Lucas 5, Jesús cuenta una parábola sencilla: habla de un remiendo nuevo en ropa vieja y de vino nuevo en odres viejos. Su conclusión es clara: nadie pone vino nuevo en odres viejos, porque el vino los rompería. Aunque la imagen es cotidiana, la enseñanza es profundamente espiritual. El reino de Dios no puede ser contenido en estructuras antiguas.

El contexto es importante. Los líderes religiosos cuestionaban a Jesús porque sus discípulos no seguían las prácticas tradicionales de ayuno. Esperaban que Jesús encajara dentro de sus categorías religiosas existentes. Pero Jesús no vino a adaptarse al sistema; vino a inaugurar algo completamente nuevo. Su mensaje no podía ser reducido a una mejora del modelo antiguo.

Esta verdad no se limita a la religión del primer siglo; habla directamente a nuestra vida hoy. Muchas veces entramos a un nuevo año con oraciones sinceras: “Señor, renuévame”, “Señor, dame paz”, “Señor, guíame”. Sin embargo, al mismo tiempo, seguimos aferrados a patrones viejos: ritmos de vida que nos desgastan, hábitos que nos dominan, mentalidades que nos alejan de Dios. Queremos vino nuevo, pero no queremos cambiar el odre.

Jesús deja claro que lo nuevo que Dios trae requiere espacio nuevo. No porque Dios sea limitado, sino porque nosotros lo somos. Las estructuras viejas no soportan la expansión de lo nuevo. Intentar vivir la vida nueva con una mentalidad antigua termina produciendo frustración, cansancio y, muchas veces, ruptura espiritual.

Esto explica por qué tantos comienzos de año terminan en decepción. No es que Dios no esté obrando; es que intentamos encajar su obra en moldes que ya no sirven. Pedimos bendición sobre una vida que no hemos rendido completamente. Buscamos cambio sin transformación profunda.

Ser un “odre nuevo” implica flexibilidad espiritual. Implica humildad para reconocer que algunas cosas que antes funcionaban ya no son adecuadas para lo que Dios quiere hacer ahora. Implica rendición. Y la rendición siempre tiene un costo.

Soltar lo viejo no es fácil. Lo viejo es familiar. Nos da una falsa sensación de control. Incluso cuando nos daña, al menos sabemos cómo funciona. Lo nuevo, en cambio, requiere confianza. Requiere fe. Requiere depender de Dios de una manera más profunda.

Jesús no dice que lo viejo sea siempre malo, pero sí afirma que no puede contener lo nuevo. Esto es clave al iniciar un nuevo año. Dios no solo quiere ajustar algunos detalles de tu vida; quiere renovarla desde la raíz. Y esa renovación comienza cuando estamos dispuestos a dejar atrás estructuras que ya no reflejan su propósito.

Tal vez lo viejo no es un pecado evidente, sino una forma superficial de vivir la fe. Tal vez es una agenda tan llena que no deja espacio para la comunión con Dios. Tal vez es una mentalidad de autosuficiencia que no permite la obra del Espíritu. Sea lo que sea, Jesús nos invita a examinar el odre.

La buena noticia es que Dios no nos pide soltar lo viejo para quitarnos algo, sino para darnos algo mejor. El vino nuevo es una promesa de vida, gozo y plenitud. Pero solo puede ser recibido por un corazón dispuesto a ser renovado.

Este nuevo año no será verdaderamente nuevo si seguimos viviendo desde estructuras viejas. Jesús nos llama a algo más profundo que ajustes externos. Nos llama a una renovación interna que transforme nuestra manera de vivir y seguirle.

Reflexión / Acción

¿Qué estructuras viejas estás intentando conservar mientras pides algo nuevo a Dios?
¿Qué hábitos, ritmos o mentalidades necesitan ser rendidos este año?
Ora hoy pidiendo a Dios un corazón flexible, dispuesto a soltar lo viejo para recibir lo nuevo que Él quiere derramar

DÍA 1 — No es un año nuevo… es una vida nuevaTexto base: 2 Corintios 5:17Cada comienzo de año trae consigo una sensación...
13/01/2026

DÍA 1 — No es un año nuevo… es una vida nueva
Texto base: 2 Corintios 5:17

Cada comienzo de año trae consigo una sensación casi universal de expectativa. Cambia el calendario, cambia el número, y con ello parece abrirse una puerta invisible hacia algo mejor. Las personas hablan de “cerrar ciclos”, de “reinventarse”, de “empezar desde cero”. Sin embargo, con el paso de las semanas, muchos descubren que el entusiasmo inicial se desvanece y que, a pesar de un año nuevo, la vida sigue atrapada en los mismos patrones de siempre.

La Biblia nos confronta con una verdad más profunda y más liberadora: el problema nunca ha sido la falta de un año nuevo, sino la ausencia de una vida nueva.

El apóstol Pablo, escribiendo a la iglesia en Corinto, no les ofrece consejos motivacionales ni estrategias para un mejor desempeño espiritual. Les recuerda una realidad espiritual ya establecida: “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron, ahora han sido hechas nuevas.” (2 Co 5:17, NBLA). Esta afirmación no es un deseo, ni una meta a alcanzar. Es una declaración objetiva de lo que ocurre cuando una persona está en Cristo.

Aquí es donde muchos comienzos de año fallan. Intentamos producir cambio desde afuera hacia adentro, cuando Dios siempre obra desde adentro hacia afuera. Ajustamos hábitos sin tratar el corazón. Cambiamos rutinas sin enfrentar nuestra identidad. Nos proponemos hacer más, mejorar más, esforzarnos más, sin detenernos a descansar en lo que Dios ya hizo.

El evangelio no comienza con una lista de resoluciones, sino con una obra consumada. Pablo no dice: “si alguno se esfuerza lo suficiente”, sino “si alguno está en Cristo”. La vida nueva no es el resultado del autocontrol humano, sino de la gracia divina.

Cuando Pablo habla de “nueva criatura”, usa un lenguaje radical. No se refiere a una versión mejorada del viejo yo, ni a una restauración parcial. Habla de una nueva creación. Es el mismo lenguaje que se usa para describir el acto creador de Dios. En Cristo, Dios no remienda lo viejo: crea algo completamente nuevo.

Sin embargo, existe una tensión que muchos creyentes viven. Espiritualmente son nuevos, pero emocional y mentalmente siguen viviendo como si fueran los mismos de antes. Continúan definiéndose por su pasado, por errores que cometieron, por fracasos que los marcaron, por etiquetas que otros les impusieron. Aunque “las cosas viejas pasaron”, siguen dándoles voz y autoridad en el presente.

Entrar a un nuevo año desde esta verdad lo cambia todo. Ya no caminamos impulsados por la culpa, sino afirmados en la gracia. Ya no vivimos intentando probar nuestro valor, sino descansando en la aceptación que ya tenemos en Cristo. Ya no buscamos reinventarnos, porque ya hemos sido recreados.

Esto no significa que el cambio sea automático o que no haya lucha. Significa que la lucha cambia de lugar. Ya no luchamos para ser aceptados por Dios, sino para vivir de acuerdo con lo que Dios ya declaró que somos. La obediencia deja de ser un intento desesperado por agradar a Dios y se convierte en una respuesta agradecida a su obra en nosotros.

El peligro de comenzar un nuevo año sin esta verdad es que terminamos repitiendo ciclos. Cambian las fechas, pero no el corazón. Cambian las metas, pero no la identidad. Un año nuevo sin una vida nueva solo produce frustración espiritual.

Dios no te invita a comenzar este año con más presión, sino con más fe. No te llama a convertirte en alguien nuevo por tu esfuerzo, sino a vivir como quien ya fue hecho nuevo por su gracia. El verdadero desafío de este inicio de año no es cambiar, sino creer profundamente lo que Dios dice que ya ocurrió.

Cuando esta verdad se arraiga en el corazón, el año deja de ser una carga que hay que “lograr” y se convierte en un espacio donde la vida nueva en Cristo puede expresarse, crecer y dar fruto.

Reflexión / Acción

¿Desde qué identidad estás entrando a este nuevo año: desde quien eras antes o desde quien eres en Cristo?
¿Qué “cosas viejas” sigues cargando aunque Dios ya declaró que pasaron?
Tómate unos minutos hoy para orar agradeciendo a Dios no por un año nuevo, sino por la vida nueva que ya te ha dado en Cristo.

La razón y causa para cambiarHe tenido bastantes contratiempos y desilusiones en mi vida, pero mi sentido de propósito y...
19/12/2025

La razón y causa para cambiar
He tenido bastantes contratiempos y desilusiones en mi vida, pero mi sentido de propósito y causa me ha permitido seguir poniéndome de pie nuevamente y continuar el camino. Una de las claves del éxito de David fue su pasión por la causa y su mirada puesta en la recompensa.

“Entonces Eliab se encendió en ira contra David y le preguntó:
—¿Para qué has descendido acá? ¿Y con quién has dejado aquellas pocas ovejas en el desierto? ¡Yo conozco tu arrogancia y la malicia de tu corazón! ¡Has descendido para ver la batalla! David respondió: —¿Qué he hecho yo ahora? ¿Acaso no hay una causa?” (1 Samuel 17:28-29 RVA 2015)

Nuestras vidas son tan poderosas como la causa a la que están ligadas. Si tienes una visión para tu vida que está unida a una causa - en especial la causa del Rey Jesús - esta será tu motivación para cambiar.

La recompensa del cambio es la bendición de Dios. Tu vida mejorará, tendrás un sentido de bienestar y realización. El cambio que trae Dios, alinea tu vida con su voluntad, y cuando esto sucede, comienzas a ver el fruto en cada área de tu vida. La clave es tomar buenas decisiones, cada día. Esto trae cambios positivos a tu vida, a la vez que te acerca continuamente a Jesús y te va transformando para ser más como él.

Cuando Jesús invita al gobernante joven y rico a cambiar (Marcos 10:17-22) este se alejó, lleno de tristeza y sin haber experimentado una transformación.

¿Cuentas con alguien en tu vida que te ama lo suficiente como para mirarte y decirte lo que necesitas escuchar? Asegúrate de estar dispuesto a abrirte al cambio cuando la oportunidad se presente, en lugar de poner excusas que te van a mantener donde estás ahora. El cambio comienza cuando tomas la decisión de cambiar.

29/10/2025

Obstáculos para cambiar
Algunas personas quieren el fruto del cambio (como un matrimonio mejor, liberarse de las deudas o algún otro beneficio), pero no quieren la disciplina del cambio. Entonces, cuando nada cambia en sus vidas, culpan a Dios.

Pero la verdad es que el cambio requiere algo de nosotros. Aunque somos cambiados por el Espíritu Santo y su gracia, el proceso de transformación requiere que renovemos nuestra mente. ¿Cómo renovamos nuestra mente? Tenemos que cambiar la manera en que pensamos para alinearnos con la Palabra de Dios en cada área de nuestra vida. Eso no sucede si no reemplazamos nuestros pensamientos erróneos por los correctos.

A veces otras cosas pueden obstruir el camino de nuestro cambio. La falta de apoyo o el estar rodeado de la gente incorrecta van a desmotivarte rápidamente. No solo tienes que luchar para cambiar sino que tienes que combatir las opiniones y comportamientos de otros que tratan de influir en tus decisiones. Si este es el caso, entra en la iglesia, ve a un estudio bíblico semanalmente o rodéate de gente que te vaya a impulsar hacia el cambio que quieres hacer.

O puede ser que simplemente no estés haciendo nada para cambiar y esperas que suceda independientemente de ti. Quizás tienes falta de perdón en tu corazón que te está atando, a lo mejor estás desmotivado y has perdido tu enfoque en el futuro.

¿Te encuentras en un ciclo de negatividad que hace creer que nunca podrás cambiar? No tengas la menor duda de que el diablo va a aprovecharse de eso y te va a llevar a sentir aun más condenación. ¡Pero es una mentira! Recuerda: el cambio es un proceso continuo a lo largo de toda nuestra vida.

Cambia cómo PIENSAS. Tus pensamientos guían tus sentimientos, los cuales influencian tu comportamiento. Identifica la mentalidad negativa y reemplázala por buenos pensamientos. Repite esos buenos pensamientos una y otra vez hasta que transformen tu manera de pensar.

Así que, preparen sus mentes para la acción, estén completamente sobrios (en firmeza de espíritu, disciplinados, espiritual y moralmente alertas), ajusten su esperanza completamente a la gracia (de Dios) que viene a ustedes cuando Jesucristo es revelado. (1 Pedro 1:13)

¿Por dónde comienzo?El año pasado me encontraba disfrutando un tour en Israel junto a algunas otras personas, y en espec...
29/10/2025

¿Por dónde comienzo?
El año pasado me encontraba disfrutando un tour en Israel junto a algunas otras personas, y en especial estaba disfrutando - demasiado - de la comida de Medio Oriente, y no haciendo prácticamente nada de ejercicio. Un día en particular, ¡me miré al espejo y me di cuenta de que no era el hombre que solía ser! Tenía que tomar una decisión. “¡Esto tiene que cambiar!”

¿Alguna vez te has sentido así acerca de algo en tu vida que representaba realmente tu fracaso o tu dolor, o tal vez un error grande que cometiste? ¿Crees que de veras puedes cambiar tu vida? Romanos 12:1-2 nos dice que podemos…

Así que esto es lo que quiero que hagas, con la ayuda de Dios: toma tu vida cotidiana y normal - tu dormir, comer, ir a trabajar y andar por la vida - y ponla delante de Dios como una ofrenda. Abrazar lo que Dios hace por ti es lo mejor que tú puedes hacer por él. No te vuelvas tan cómodo con tu cultura que encajas perfectamente en ella sin ni siquiera pensarlo. En lugar de eso, fija tu atención en Dios. Serás transformado de adentro hacia afuera. Disponte a reconocer lo que él desea de ti, y sé rápido en responder a ello. A diferencia de la cultura a tu alrededor, que siempre te arrastra y rebaja a su nivel de inmadurez, Dios saca lo mejor de ti y desarrolla una madurez bien formada dentro de ti. (El Mensaje)

El primer paso hacia el cambio es creer que puedes hacerlo. No tienes por qué seguir siendo como eres porque Dios es un Dios de cambio y de transformación. Él puede traer cambio a tu vida y sacar lo mejor de ti.

Quinto PasoResiste los pensamientos negativos, y ayuda a los pensamientos positivos.Los pensamientos positivos no perman...
28/08/2025

Quinto Paso

Resiste los pensamientos negativos, y ayuda a los pensamientos positivos.

Los pensamientos positivos no permanecerán, necesitan ser asistidos. Los pensamientos negativos no se irán, deben ser resistidos.

La primera parábola de Jesús acerca la semilla, suelo y el sembrador en Mateo 13, nos muestra las cosas malas que deben ser arrancadas y la semilla bien plantada. Toda buena semilla necesita ser nutrida para que brote. Para que la semilla mala crezca, no tienes que hacer nada. Crece solita. La semilla buena, desafortunadamente, no crece así. Lo mismo sucede con los pensamientos. Los malos no se van, y los buenos no permanecen.

Debemos asistir a la Palabra de Dios haciendo lugar para ella en nuestro corazón, y resistir a los pensamientos malos del enemigo llevándolos cautivos y trayéndolos en sumisión a Cristo (2 Corintios 10:5).

La Biblia describe a la mente como un barco buscando puerto. No puedes evitar a los barcos malos de navegar de ida y vuelta en el océano, pero puedes rechazar el privilegio de anclar en el puerto de tu mente (Jeremías 4:14; Deuteronomio 15:9).

No puedes evitar que los pájaros vuelen sobre tu cabeza, pero puedes evitar de que construyan un nido en tu cabello. Los malos pensamientos vienen, pero no tienen que permanecer si hablamos en contra de ellos con la Palabra de Dios.

Dirección

Piedras Negras
26020

Página web

Notificaciones

Sé el primero en enterarse y déjanos enviarle un correo electrónico cuando Mi casa y yo serviremos al señor. publique noticias y promociones. Su dirección de correo electrónico no se utilizará para ningún otro fin, y puede darse de baja en cualquier momento.

Compartir

Categoría