14/08/2026
14 de agosto - Espíritu Santo
EL RÍO DE LA VIDA Y EL OCÉANO DE DIOS
«Oh Espíritu Santo, Agua Viva y Guía invencible de mi alma:
Contemplo hoy la creación y descubro en ella el misterio de mi propio destino. Veo que el río va siempre en camino hacia el inmenso océano; por más vueltas y meandros que dé, y por más rocas y tropiezos que encuentre en su cauce, su destino final e inevitable es fundirse en el mar.
Te ruego, Señor, que exactamente lo mismo suceda conmigo. Conozco mi fragilidad: sé que a menudo me equivoco y que, en mi ceguera, pongo resistencia a tu acción santificadora. Por eso te suplico con todo el corazón: tenme paciencia. Sígueme llevando poco a poco. Lléveme tu gracia por caminos rectos de consuelo o por senderos tortuosos de purificación; de prisa cuando tenga fuerzas, o más despacio cuando el peso me venza.
Que esta misma paciencia divina, que Tú tienes conmigo, empape mis vocaciones. Al salir a educar y evangelizar, enséñame a ser un cauce seguro y compasivo para mi prójimo; que sepa esperar sus tiempos, perdonar sus desvíos y guiarlos con ternura hacia el Océano de tu Verdad.
Y en el santuario de mi hogar, en medio de mi servicio silencioso, sé Tú la mansa corriente que nos sostiene a todos. Cuando el cansancio del cuidado diario amenace con estancarme; al velar por mis niños y al acompañar el lento y a veces doloroso fluir de la vida de mis padres y ancianos, no permitas que la desesperanza me detenga. Que mi entrega sea el río de amor que acompañe su fragilidad terrena.
Espíritu Divino, toma el timón de mi existencia. Condúceme a través de las alegrías y las lágrimas, y asegúrate de que, al final de mi vida, mi alma desemboque para siempre en el abrazo infinito de la casa del Padre.
Amén.»