25/05/2026
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La memoria de Santa María, Madre de la Iglesia, celebrada el lunes después de Pentecostés, nos recuerda que la maternidad de María se extiende a toda la comunidad cristiana: ella es Madre de Cristo y, por voluntad de Jesús, Madre de cada discípulo.
María aparece en el Evangelio al pie de la cruz, firme y confiada, recibiendo de su Hijo la misión de ser madre del discípulo amado y, en él, de toda la Iglesia. Su presencia no es pasiva: es un “sí” renovado, un estar de pie en medio del dolor, que la convierte en modelo de fe madura y en signo de esperanza para los creyentes. Ella acompaña el nacimiento de la Iglesia en Pentecostés, perseverando en oración junto a los apóstoles, y sigue siendo hoy madre que sostiene, guía y anima la vida de los cristianos.
La Iglesia no camina sola. María, como madre, nos recuerda que la comunidad cristiana nace de la cruz y del Espíritu, y que su misión es engendrar vida nueva en la fe. Ella nos enseña a permanecer firmes en las pruebas, a confiar en la acción del Espíritu Santo y a vivir nuestra pertenencia eclesial con humildad y apertura.
Así como María acogió al discípulo en su corazón, nosotros estamos llamados a acoger a los demás como hermanos, a vivir la comunión y a ser testigos de esperanza en medio de las dificultades. María nos invita a decir cada día un nuevo “sí” a Dios, a perseverar en la oración y a abrirnos al Espíritu que renueva la Iglesia.
Celebremos esta memoria con gratitud, participando en la Eucaristía, rezando el Rosario y ofreciendo nuestra vida como hijos de María y miembros de la Iglesia. Que cada comunidad se deje guiar por su ternura y fortaleza, para que, bajo su amparo, podamos ser una Iglesia viva, unida y misionera.