27/12/2025
Danzar cuando el sol brilla es un acto de gratitud; pero danzar cuando la tormenta arrecia es un acto de guerra espiritual y entrega absoluta. Una danzora cristiana no solo mueve sus manos al ritmo de una melodía; ella traduce en movimiento el lenguaje invisible de su alma con Dios.
Hay momentos donde la música parece silenciarse. Las circunstancias —la falta de recursos, el cansancio físico o la soledad— intentan paralizar tus pies. En el desierto, la danza se siente pesada, pero es allí donde el movimiento se vuelve sacrificio de alabanza.
Recuerda que María no danzó cuando todo estaba tranquilo; danzó frente al mar, después de haber cruzado el miedo. Tu danza en la crisis le dice al desierto que tu provisión no viene de la tierra, sino del Cielo.
Si hoy estás triste: Danza tu lamento, Él recogerá tus lágrimas.
Si hoy estás cansada: Danza tu debilidad, Su poder se perfecciona en ella.
Si hoy estás feliz: Danza tu gozo, que sea perfume para Su trono.