07/09/2023
SANTOS MÁRTIRES EN LA REVOLUCIÓN
Lunes 23 de junio 1923. Los élderes Pratt y Young visitaron a los santos en Tecalco y por la tarde estuvieron en la casa del Hno. Febronio Pérez, ellos bendijeron el niño pequeño de Jesús Rojas Enriques. El padre del niño fue asesinado el 2 del mes de junio por los soldados federales que cumplían servicio de guarnición en el pueblo de Ozumba.
La historia de su muerte es muy triste y muestra la terrible condición que existía a causa de la revolución entre el gobierno de Huerta y los rebeldes en el campo contra el gobierno.
El hermano Rojas había estado enfermo en su casa durante unos dos meses y durante ese tiempo su esposa había mu**to.
El día en que lo mataron los soldados fue la primera vez que lo habían obligado de hacer cualquier trabajo después de su enfermedad.
Mientras tanto en Ozumba un día pensó en comprar un poco de pan para llevar a casa a sus dos pequeños huérfanos muchachos y mientras lo hacía, una de las mujeres "soldaderas" que acampaban en la plaza y una de las seguidoras de los soldados, dijo a uno de los oficiales: "Hay un zapatista". El oficial mandó que se lo llevaran de inmediato unos soldados y sin más juicio lo llevaron a rastras a la primera barranca del camino de Ozumba a Atlautla y allí lo levantaron y le dispararon.
Entre la multitud había otro joven que se encontraba en la Plaza en el momento en que fue llevado y tan pronto como se dio cuenta la madre de lo que iban a hacer se fue a ver al oficial a cargo de los hombres que se habían llevado a su hijo y les rogaron no dañar al niño ya que no era culpable de ningún delito. Lo que recibió del oficial fue una maldición y una orden: "fuera esta vieja bruja zapatista". Las mujeres "soldadera" vieron la ejecución o mejor dicho el as*****to del joven. Luego lo amontonaron sobre otros cadáveres sin respeto alguno ni dignidad.
Al joven lo desnudaron quitándole la ropa y quitando a uno de ellos un cinto viejo y con el mismo lo colgaron de un árbol pequeño que estaba cerca.
Cuando la madre de él joven y algunos de sus amigos, después de obtener el permiso de oficial al mando de la plaza para recoger el cuerpo y darle sepultura, fueron por el cadáver, las mujeres soldaderas amenazaron con matarlos si se acercaban al cadáver, y no pudieron obtener el cuerpo ellos mismos, sino que tuvieron que enviar a otros por ello. Durante estos días en el pueblo de Ozumba hubo muchos hombres inocentes corrieron la misma suerte a manos de los soldados federales.
Los élderes Willard S. Huish y Carlos S. England, mientras estaban alrededor de Ozumba vieron en un día siete hombres colgados en diferentes lugares de los pueblos cercanos.
Historia de la Iglesia 1908-1920. Imágenes 147-149