06/05/2026
La proclamación de los mensajes del primero, del segundo y del tercer ángel ha sido establecida por la Palabra inspirada. No debe alterarse ni la parte más mínima. Ninguna autoridad humana tiene más derecho de cambiar la ubicación de estos mensajes que la que posee para sustituir el Antiguo Testamento por el Nuevo. El Antiguo Testamento es el Evangelio expresado en figuras y símbolos. El Nuevo Testamento es la realidad. El uno es tan esencial como el otro. El Antiguo Testamento presenta lecciones provenientes de los labios de Cristo, y esas lecciones no han perdido su fuerza en ningún detalle.
El primer mensaje y el segundo se dieron en 1843 y 1844, y ahora estamos bajo la proclamación del tercero; pero aun ahora hay que seguir proclamando los tres mensajes. Ahora es tan esencial como en cualquier tiempo pasado que se los repita a los que están buscando la verdad. Debemos hacer resonar su proclamación mediante la pluma y la voz; debemos mostrar su secuencia y la aplicación de las profecías que nos conducen al mensaje del tercer ángel. No puede haber un tercer mensaje sin un primero y un segundo. Debemos proclamar al mundo estos mensajes mediante publicaciones y conferencias que muestren en el ámbito profético las cosas que han sido y las que serán.
El libro que fue sellado no fue el Apocalipsis, sino la porción de la profecía de Daniel que se refería a los últimos días. La Escritura dice: “Pero tú, Daniel, cierra las palabras y sella el libro hasta el tiempo del fin. Muchos correrán de aquí para allá, y la ciencia se aumentará”. Daniel 12:4. Cuando se abrió el libro se proclamó: “El tiempo no será más”. Véase Apocalipsis 10:6. Ahora ha sido abierto el libro de Daniel, y la revelación hecha por Cristo a Juan debe llevarse a todos los habitantes de la tierra. Mediante el aumento del conocimiento debe prepararse a un pueblo para que resista en los últimos días.
En el capítulo 58 de Isaías se especifica la obra de los que adoran a Dios, el Hacedor de los cielos y la tierra: “Los tuyos edificarán las ruinas antiguas; los cimientos de generación y generación levantarás”. Isaías 58:12. El monumento de Dios, su séptimo día de reposo, será ensalzado. “Y serás llamado reparador de portillos, restaurador de calzadas para habitar. Si retrajeres del día de reposo [margen: sábado] tu pie [si dejares de pisotearlo], de hacer tu voluntad en mi día santo, y lo llamares delicia, santo, glorioso de Jehová; y lo venerares..., yo te haré subir sobre las alturas de la tierra, y te daré a comer la heredad de Jacob tu padre; porque la boca de Jehová lo ha hablado”. Isaías 58:12-14.
Aquí se revela claramente la historia de la iglesia y del mundo; los que son leales y los que son desleales. Los que son leales, al escuchar la proclamación del mensaje del tercer ángel, han vuelto sus pasos hacia el camino de los mandamientos de Dios, para respetar, honrar y glorificar al que creó los cielos y la tierra. Las fuerzas opositoras han deshonrado a Dios al abrir una brecha en su ley, y cuando la luz de su Palabra ha llamado la atención a sus santos mandamientos y ha mostrado la brecha abierta en la ley por la autoridad papal, entonces, para librarse de la convicción, los hombres han procurado destruir toda la ley. ¿Pero han podido destruirla? No; porque todos los que investiguen por sí mismos las Escrituras verán que la ley de Dios permanece inmutable y eterna, y que su monumento, el sábado, permanecerá por los siglos sin fin, señalando al único Dios verdadero para distinguirlo de todos los dioses falsos.