Iglesia Adventista Del Séptimo Dia Oxkutzcab

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Clausura EBV El Cofre de los Tesoros
05/08/2026

Clausura EBV El Cofre de los Tesoros

Programa especial por los graduados y cumpleañeros
05/08/2026

Programa especial por los graduados y cumpleañeros

02/08/2026

Resumen EBV 2026

02/08/2026
Jehová te bendiga, y te guarde; · Jehová haga resplandecer su rostro sobre ti, y tenga de ti misericordia; · Jehová alce...
26/07/2026

Jehová te bendiga, y te guarde; · Jehová haga resplandecer su rostro sobre ti, y tenga de ti misericordia; · Jehová alce sobre ti su rostro, y ponga en ti paz.

18/07/2026
10/07/2026

EL MESAJE DE LA CRUZ
El mensaje de la cruz es locura para los que se pierden; pero para los que se salvan es poder de Dios» (1 Corintios 1:18)
La cruz que hoy veneramos fue motivo de horror.
Para muchos cristianos actuales, la cruz está relacionada con la fe, el perdón y la esperanza. La vemos en iglesias, libros y representaciones de la vida de Jesús. Sin embargo, en los días de Pablo era un instrumento de ejecución pública, vergüenza y desprecio. Los romanos la reservaban para esclavos, rebeldes y personas consideradas indignas. Por eso anunciar que un hombre crucificado era el Mesías y Salvador del mundo provocaba burla entre los gentiles y rechazo entre muchos judíos. .
Pablo sabía que su mensaje sería rechazado.
El apóstol conocía muy bien la mentalidad de sus oyentes. Los judíos esperaban un Mesías poderoso que venciera a los enemigos de Israel, no a uno ejecutado por Roma. Los griegos buscaban discursos elaborados, sistemas filosóficos y demostraciones de sabiduría humana. Frente a ambos grupos, Pablo declaró: “Pero nosotros predicamos a Cristo crucificado, para los judíos ciertamente tropezadero, y para los gentiles locura” (1 Corintios 1:23). .
La cruz llegó a ser el centro de la vida de Pablo.
Antes de encontrarse con Jesús, Saulo estaba convencido de que servía a Dios persiguiendo a los cristianos. Pero el Cristo resucitado lo detuvo en el camino a Damasco y cambió por completo su comprensión de la fe. Desde entonces, Pablo ya no vio la cruz como la muerte vergonzosa de un impostor, sino como la entrega del verdadero Mesías por los pecados del mundo. “Pero lejos esté de mí gloriarme, sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por quien el mundo me es crucificado a mí, y yo al mundo” (Gálatas 6:14). .
Contemplar el Calvario transforma el corazón.
Ellen G. White explica que Pablo había conocido personalmente el poder transformador del amor de Dios revelado en la muerte de Cristo. Por eso conservaba la cruz delante de sus oyentes y presentaba a Jesús como la única esperanza del pecador. Cuando una persona contempla verdaderamente al Salvador crucificado, comprende mejor la compasión divina y la gravedad del pecado. .
Getsemaní revela el inmenso precio de nuestra salvación.
En el huerto, Jesús oró: “Padre mío, si es posible, pase de mí esta copa; pero no sea como yo quiero, sino como tú” (Mateo 26:39). La copa representaba el peso de los pecados del mundo, la condenación que merecía la humanidad y la terrible experiencia de cargar con nuestra culpa. Cristo no temía solamente al dolor físico. Su alma retrocedía ante la separación que el pecado produce entre el ser humano y Dios. .
Jesús no buscó escapar de la voluntad del Padre.
La oración de Cristo no fue una rebelión contra Dios. Fue la expresión honesta de su sufrimiento humano y, al mismo tiempo, de su obediencia perfecta. Jesús añadió: “Pero no sea como yo quiero, sino como tú”. Podía haberse apartado del camino, pero decidió permanecer. “Y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz” (Filipenses 2:8). .
El Padre no obligó al Hijo a morir contra su voluntad.
Jesús declaró: “Por eso me ama el Padre, porque yo pongo mi vida, para volverla a tomar. Nadie me la quita, sino que yo de mí mismo la pongo” (Juan 10:17-18). El Padre y el Hijo actuaron en perfecta unidad para salvar a la humanidad. La cruz no fue un Padre cruel descargando ira sobre un Hijo indefenso. Fue Dios en Cristo entregándose para reconciliar consigo al mundo. .
La cruz muestra cuánto pesa el pecado.
A veces se habla del pecado como una debilidad menor o una equivocación sin consecuencias profundas. Getsemaní y el Calvario desmienten esa idea. Si el pecado pudiera resolverse mediante educación, disciplina, ceremonias o buenas obras, Cristo no habría necesitado morir. “Porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro” (Romanos 6:23). .
La sabiduría de Dios es distinta de la humana.
Pablo escribió: “Porque lo insensato de Dios es más sabio que los hombres, y lo débil de Dios es más fuerte que los hombres” (1 Corintios 1:25). No afirma que Dios sea insensato o débil. Habla de aquello que el mundo juzga de esa manera. La humanidad relaciona la grandeza con dominio, riqueza, fuerza y reconocimiento. Dios reveló su grandeza mediante humildad, servicio, sacrificio y amor. .
El mundo admiraba el poder; Dios mostró una cruz.
Roma se consideraba poderosa por sus ejércitos, conquistas y leyes. Los filósofos se consideraban sabios por sus razonamientos. Sin embargo, ninguno podía librar al ser humano de la culpa ni vencer la muerte. Cristo lo hizo mediante lo que parecía debilidad. “Despojando a los principados y a las potestades, los exhibió públicamente, triunfando sobre ellos en la cruz” (Colosenses 2:15). .
Dios vence de una manera diferente.
La sabiduría humana suele responder al enemigo con una fuerza mayor, al insulto con otro insulto y a la humillación buscando venganza. Jesús venció sin adoptar los métodos del mal. Mientras era crucificado, oró: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen” (Lucas 23:34). Su mansedumbre no fue debilidad moral, sino dominio santo. .
La cruz también corrige nuestra idea de éxito.
Desde la perspectiva humana, la misión de Jesús parecía terminar en fracaso: fue abandonado, rechazado y crucificado. Pero el cielo veía otra realidad. Mediante su muerte, Cristo estaba reconciliando al mundo con Dios. Esto nos enseña que la fidelidad no siempre produce reconocimiento inmediato. Una persona puede obedecer a Dios y atravesar oposición, pérdidas o incomprensión. .
Verdades bíblicas que todavía producen rechazo.
El mensaje de Cristo crucificado continúa confrontando al ser humano porque declara que somos pecadores incapaces de salvarnos. Nuestra sociedad suele preferir mensajes que afirmen la autosuficiencia y eviten hablar de culpa, arrepentimiento y obediencia. Sin embargo, Jesús dijo: “No he venido a llamar a justos, sino a pecadores al arrepentimiento” (Lucas 5:32). .
La autoridad de la Biblia incomoda a una cultura autónoma.
La enseñanza de que la Escritura es la norma de fe y conducta puede producir rechazo en una sociedad donde cada persona desea definir por sí misma el bien y el mal. Jesús oró al Padre: “Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad” (Juan 17:17). La iglesia no debe utilizar la Biblia para atacar o humillar, pero tampoco puede modificarla para evitar toda oposición. .
Cristo como único Salvador también resulta ofensivo.
Jesús declaró: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí” (Juan 14:6). En una cultura que considera equivalentes todas las creencias, esta afirmación puede parecer excluyente. Sin embargo, la exclusividad de Cristo no nace de arrogancia denominacional, sino de la singularidad de su obra. Solo él vivió sin pecado, murió en nuestro lugar, resucitó y ministra en el cielo en favor de la humanidad. .
El sábado confronta la autonomía humana.
El cuarto mandamiento declara: “Acuérdate del día de reposo para santificarlo. Seis días trabajarás, y harás toda tu obra; mas el séptimo día es reposo para Jehová tu Dios” (Éxodo 20:8-10). El sábado recuerda que Dios es el Creador, que el tiempo le pertenece y que el ser humano no es dueño absoluto de su vida. En una sociedad dominada por la producción, el consumo y el entretenimiento, detenerse para adorar a Dios puede parecer extraño. .
El juicio bíblico confronta la idea de que nadie rendirá cuentas.
Pablo anunció que Dios “ha establecido un día en el cual juzgará al mundo con justicia, por aquel varón a quien designó, dando fe a todos con haberle levantado de los mu***os” (Hechos 17:31). Para algunos, la idea de un juicio divino resulta incómoda porque niega que nuestras decisiones sean moralmente indiferentes. Pero el juicio también es una buena noticia: el mal no gobernará para siempre, las víctimas serán vindicadas y Dios restaurará la justicia. .
El estado de los mu***os contradice creencias populares.
La Biblia enseña que “los mu***os nada saben” y que su esperanza está en la resurrección (Eclesiastés 9:5; Juan 5:28-29). Esta enseñanza puede chocar con ideas religiosas muy arraigadas acerca de almas conscientes que viven separadas del cuerpo. Sin embargo, la esperanza cristiana no descansa en una inmortalidad natural, sino en Cristo, quien llama a los mu***os a la vida cuando regrese. .
La Segunda Venida confronta la confianza absoluta en el progreso humano.
La Escritura declara: “Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los mu***os en Cristo resucitarán primero” (1 Tesalonicenses 4:16). El mundo puede mejorar ciertos aspectos de la vida mediante educación y ciencia, pero no puede erradicar por sí mismo el pecado, la injusticia y la muerte. La esperanza final de la iglesia no es que la humanidad construya un paraíso independiente de Dios, sino que Jesús vuelva y restaure todas las cosas. .
El hombre natural no recibe las cosas del Espíritu.
Pablo escribió: “Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente” (1 Corintios 2:14). El “hombre natural” es la persona que intenta comprender la verdad divina sin rendirse al Espíritu Santo. Puede tener inteligencia, cultura y educación, pero mientras su corazón permanezca cerrado a Dios, evaluará el evangelio desde categorías que no pueden reconocer su valor. .
¿Significa esto que no debemos explicar la fe?
No. Pedro escribió: “Estad siempre preparados para presentar defensa con mansedumbre y reverencia ante todo el que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros” (1 Pedro 3:15). Debemos estudiar, responder preguntas y presentar evidencias bíblicas con respeto. Pero debemos reconocer que ningún argumento, por sólido que sea, puede reemplazar la obra del Espíritu Santo. .
Las acciones cristianas son indispensables.
Jesús dijo: “Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos” (Mateo 5:16). Una vida compasiva, honesta, pura y servicial hace visible la realidad del evangelio. Si hablamos de Cristo mientras tratamos mal a las personas, nuestras palabras pierden credibilidad. .
Las acciones por sí solas no explican la cruz.
Alguien puede observar nuestra bondad y atribuirla a educación, personalidad o solidaridad humana. Para conocer a Cristo necesita escuchar quién es Jesús, qué hizo en la cruz y cómo puede recibir la salvación. Pablo pregunta: “¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán sin haber quien les predique?” (Romanos 10:14). .
Palabra y conducta deben permanecer unidas.
Jesús vivió entre las personas, atendió sus necesidades, mostró compasión y también les enseñó la verdad. No separó el servicio de la proclamación. La iglesia debe hacer lo mismo: alimentar al hambriento, visitar al enfermo, escuchar al herido, defender al vulnerable y explicar el evangelio con amor. .
Hablar con mansedumbre y respeto.
Presentar la verdad no significa discutir de manera agresiva. El siervo del Señor “no debe ser contencioso, sino amable para con todos, apto para enseñar, sufrido; que con mansedumbre corrija a los que se oponen” (2 Timoteo 2:24-25). No ganamos una persona humillándola. El evangelio debe ser explicado con firmeza bíblica y con el carácter de Cristo. .
Depender del Espíritu Santo.
Antes de hablar de Jesús, necesitamos orar por nosotros mismos y por la persona que escuchará. El Espíritu Santo convence de pecado, revela a Cristo y guía a la verdad. Jesús dijo: “Él me glorificará; porque tomará de lo mío, y os lo hará saber” (Juan 16:14). .
Escuchar antes de responder.
Muchas personas no rechazan a Cristo porque hayan estudiado cuidadosamente el evangelio, sino por heridas, malos ejemplos religiosos, preguntas sin respuesta o ideas equivocadas acerca de Dios. Escuchar con atención puede mostrarnos qué necesita realmente la persona. Jesús no habló de la misma manera con Nicodemo, la mujer samaritana, Zaqueo o el joven rico. .
La cruz debe formar nuestra manera de evangelizar.
No podemos anunciar a un Salvador humilde con una actitud orgullosa. No podemos predicar al Cristo que perdonó a sus enemigos mientras despreciamos a quienes piensan diferente. No podemos hablar del sacrificio de Jesús sin estar dispuestos a invertir tiempo, escuchar y servir. .
La idea que debe quedar en el corazón.
En Getsemaní y en el Calvario contemplamos el inmenso precio de nuestra salvación. Jesús aceptó la copa, cargó nuestros pecados y se entregó voluntariamente para reconciliarnos con Dios. La cruz sigue pareciendo locura para quien confía en sí mismo, pero es poder de Dios para quienes creen. Nuestra tarea es vivir de tal manera que Cristo pueda ser visto y hablar con suficiente fidelidad para que pueda ser conocido El mundo no necesita una iglesia que esconda la cruz para evitar el rechazo, sino una iglesia humilde, compasiva y llena del Espíritu que levante a Jesucristo ante todos>.

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Oxkutzcab
97880

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