26/04/2026
Buen Pastor con olor a oveja
Pastor bueno…
no de palabras lejanas,
sino de pasos gastados en los caminos,
de manos que han tocado heridas,
de hombros que han cargado historias.
Pastor que huele a oveja…
porque no te quedas en lo seguro,
porque entras en el polvo de nuestra vida,
porque no temes la noche,
ni el cansancio,
ni la fragilidad.
Tu olor no es perfume…
es cercanía.
Es vida compartida.
Es tiempo entregado sin medida.
Hoy levanto este salmo, Señor,
con un corazón lleno de nombres,
por tantos pastores “de los buenos”
que han pasado por mi historia.
Aquellos que no brillaron…
pero alumbraron.
Que no hablaron fuerte…
pero sostuvieron.
Que no buscaron reconocimiento…
pero se quedaron.
Pastores que aprendieron de Ti
a inclinarse sin hacer ruido,
a escuchar sin apurar,
a amar sin condiciones.
Gracias por sus vidas…
porque en ellos,
Tú te hiciste cercano.
Y en esta Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones,
te pido, Señor:
sigue regalando a tu Iglesia
pastores con olor a pueblo,
con corazón abierto,
con mirada limpia.
Te confío todas las vocaciones:
las familias que se aman en lo cotidiano,
los matrimonios que sostienen la vida,
los jóvenes que buscan su camino,
los sacerdotes que entregan su vida,
los consagrados y consagradas que viven para Ti,
los laicos que transforman el mundo desde dentro.
Guárdalos en tu amor,
fortalécelos en la fidelidad,
sosténlos en la entrega silenciosa.
Y suscita, Señor,
nuevas y santas vocaciones.
Corazones valientes que no tengan miedo,
almas disponibles que sepan decir “sí”,
vidas que se dejen moldear por tu gracia.
Pastores que no huyan del dolor,
que no endurezcan el alma,
que no olviden que antes de guiar…
han sido amados.
Pastores que sepan llorar con los que lloran,
reír con los pequeños,
esperar sin cansarse,
creer incluso cuando no ven.
Y también hoy, Señor…
mientras agradezco,
algo en mí se estremece.
Porque tu voz,
suave y firme,
vuelve a decir:
“ven… y aprende de mí.”
Hazme cercana.
Hazme disponible.
Hazme verdadera.
Que mi vida no se quede al margen,
que no observe desde lejos,
que no tema ensuciarse por amor.
Que también yo, Señor,
aprenda a oler a pueblo,
a llevar en mí el eco de sus alegrías y sus luchas,
a ser presencia que acompaña,
no respuesta que se impone.
Y si un día me llamas a dar más, a entregarme sin reservas,
a ser reflejo de tu cuidado…
aquí estoy.
Porque donde Tú estás…
la vida florece.
Y donde hay un pastor como Tú… nadie se pierde para siempre.