16/08/2023
15 de agosto Solemnidad de la ASUNCIÓN de la SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA
El 1 de noviembre de 1950, el papa Pío XII definió la Asunción de la Virgen María a los cielos, como "dogma de fe", divinamente revelado. Un dogma es una verdad de fe absoluta, definitiva, infalible, irrevocable e incuestionable revelada por Dios a través de la Biblia o la Sagrada Tradición. Luego de ser proclamado no se puede derogar o negar, ni por el Papa ni por decisión conciliar. ASUNCIÓN no es lo mismo que ASCENSIÓN, la ASUNCIÓN es la celebración de cuando el cuerpo y alma de la Virgen María FUERON GLORIFICADOS Y LLEVADOS AL CIELO al término de su vida terrena. No debe ser confundido con la ASCENSIÓN, la cual se refiere a Jesucristo que ASCENDIÓ AL CIELO POR SÍ MISMO. La diferencia está en el modo con el cual se llega al cielo. Se dice que la resurrección de los cuerpos se dará al final de los tiempos, pero en el caso de la Virgen María este hecho fue anticipado por un singular privilegio.
Esta fiesta tiene un doble objetivo: La feliz partida de María de esta vida y la Asunción de su cuerpo al cielo. “La Asunción de la Santísima Virgen constituye una participación singular en la Resurrección de su Hijo y una anticipación de la resurrección de los demás cristianos” (CIC, 966). La fe católica derivó su conocimiento de este misterio de la Tradición Apostólica. La que fue Madre de Dios e Inmaculada desde su Concepción, no podía sufrir la corrupción del sepulcro. Su santa dormición fue un éxtasis místico de amor entrañable a su Dios, y enseguida un raudo vuelo de paloma a lo más encumbrado de los cielos, cortejada por los coros angélicos. Desde su exaltado sitial queda entronizada como Reina de todos los Santos, con la correspondiente “omnipotencia suplicante”. Subió hasta la diestra de su Hijo bendito para preceder en la gloria a sus hijos adoptivos, que son casi legión, que son casi infinitos. Por todos se interesa, como Madre e intercesora, la “llena de gracia”, la “más bendita de todas las mujeres”. Desde su asunción a los cielos, acompaña con amor materno a la Iglesia peregrina, y protege sus pasos hacia la patria celeste, hasta la venida gloriosa de Nuestro Señor Jesucristo.