29/08/2019
Mensaje de Tom White, Director de La Voz de los Mártires
¿POR QUÉ?
Se arrodilló a media noche para orar en el huerto que a menudo visitaba junto con sus amigos. A estos mismos amigos les había dicho: "Oren,
para que no caigan en tentación". Y allí en el huerto su oración fue: "Padre,
si es tu voluntad, haz que pase de mí esta copa. Pero si esto es algo que debe
suceder, entonces obedeceré tu voluntad". Y seguidamente oró con mayor
fervor, y su sudor era como grandes gotas de sangre que caían a tierra.
Pronto llegaron los soldados para llevárselo. Fue traicionado por uno
de sus mejores amigos. El Evangelio según San Juan nos dice que los soldados preguntaron por "Jesús de Nazaret", y cuando él respondió diciendo: ''Y o soy'', los soldados fueron derribados al piso por el poder de su
confesión. Pedro, otro de sus amigos, intentó rescatarlo atacando a uno de
los sirvientes del sumo sacerdote y cortándole la oreja. Pero Jesús reprendió a Pedro por haber hecho tal cosa, restauró la oreja del sirviente y se entregó a los soldados. Él pudo haber escapado con facilidad, pero decidió
ser obediente a la voluntad del Padre.
Lo llevaron ante el sumo sacerdote, donde fue interrogado y golpeado. Luego lo llevaron ante el gobernador romano para ser enjuiciado.
Los sacerdotes demandaron que fuera crucificado por haber declarado
ser Dios. Nuevamente fue interrogado, pero el gobernador no pudo hallar falta alguna en él. Aun así, los demás demandaban que fuera crucificado. En la esperanza de apaciguar a los sacerdotes, el gobernador ordenó que lo azotaran.
A lo largo de la mañana fue azotado y golpeado hasta el punto de quedar irreconocible. Sobre sus espaldas ensangrentadas colocaron un manto
el cual dejaron hasta que las heridas se secaron sobre el manto, y luego le
arrancaron el manto a la fuerza abriéndose nuevamente las heridas. Y entonces lo cubrieron otra vez con el manto, y el proceso comenzó otra vez.
Se burlaron de Él como rey de los judíos y le hicieron una corona con espinas de dos centímetros de largo, la forzaron violentamente sobre su cabeza hasta que la sangre cubrió su rostro.
Fue llevado nuevamente ante el gobernador, y en esta ocasión no consultó a los fariseos ni saduceos, sino que fue directamente al pueblo en la
esperanza de que ejercieran misericordia sobre este hombre inocente.
Pero la muchedumbre comenzó a gritar: "iCrucifícalo! iCrucifícalo!"
Entonces el gobernador se lavó las manos respecto al asunto, y entregó a
Jesús de Nazaret en manos de los soldados romanos para ser ejecutado.
Jesús cargó sobre sus lacerados hombros y espalda el peso de su propia
cruz, mientras avanzaba dando traspiés hacia el monte en las afueras de la
Sus historias deben contarse O 17
ciudad. Y en aquel monte fue clavado sobre la cruz, y levantado para ser
visto por todos mientras moría. El Evangelio de Mateo nos dice que Él
pudo haber llamado doce legiones de ángeles para que acudieran en su
ayuda, pero no lo hizo. Él sabía que por medio de su sacrificio se pagaría el
precio del pecado de toda la humanidad, y que por medio del mismo el
hombre y la mujer serían declarados libres del pecado y obtendrían el derecho de estar delante de Dios.
Fue enterrado en una tumba prestada, pero no se quedó allí por mucho
tiempo. Al tercer día resucitó de entre los mu***os, sosteniendo en sus
manos las llaves del in****no y de la muerte. El camino había sido preparado para que pudiésemos nacer de nuevo, para ser hechos hijos de Dios y
vivir con Él por siempre.
Inmediatamente después de su muerte, sus amigos y sus discípulos sintieron gran temor y se escondieron. Pero después de haber resucitado, Jesús fue a visitarlos, los consoló y los animó. Después que ascendió al cielo,
les dio el Espíritu Santo en el día de Pentecostés. Dentro de ellos creció un
nuevo sentir de audacia y valentía. Y el primer día, Jerusalén pudo observar como convirtieron a tres mil. Seguidamente,· se esparcieron por todo
el mundo compartiendo el evangelio de Jesucristo, sin temor. Cada uno
de ellos, con la excepción de Juan, fueron ejecutados por proclamar el
nombre de Jesús. Y nunca negaron a Jesús.