CCAFI Comunidad Cristiana de Ayuda Familiar Integral Tenemos reunión Domingos a las 10:00 am. Para mas información mándanos un mensaje al numero 951 112 5069

Nos reunimos cada domingo a celebrar y a conocer más de Dios, de Jesucristo y a responder a su gran amor adorándole. Por eso en cada reunión dedicamos los primeros minutos en cantarle a nuestro Dios, a través de música contemporánea. Después del tiempo de alabanza, dedicamos tiempo a la palabra de Dios, permitiendo que Dios nos hable través de ella. Cada domingo nos sentimos honrados de recibir personas que por primera vez están con nosotros, ¿Por qué no nos acompañas?

Parábola de los dos cimientos.A simple vista, dos casas pueden verse exactamente iguales. De la misma manera, dos person...
18/05/2026

Parábola de los dos cimientos.

A simple vista, dos casas pueden verse exactamente iguales. De la misma manera, dos personas pueden ir a la misma iglesia, cantar las mismas alabanzas y saber mucha Biblia. Sin embargo, debajo de la superficie (donde solo Dios ve), existe una diferencia que es de vida o muerte: el cimiento.

Edificar sobre la Roca no es solo saber teología; es escuchar y obedecer. Es cavar profundo, negarnos a nosotros mismos y llevar el Evangelio a la práctica diaria en nuestro matrimonio, con nuestros hijos y en nuestra vida privada.

Edificar sobre la arena es conformarnos con una religión de fachada. Es tener la mente llena de conocimiento, pero guardar egoísmo, falta de perdón o pecados ocultos en el corazón.

Tarde o temprano, las tormentas de la vida (crisis matrimoniales, enfermedades, problemas financieros) golpearán todas las casas.

La tormenta no viene a destruir tu casa; la tormenta simplemente revela sobre qué estaba construida. Si nuestra fe es solo de apariencia, la caída será grande. Pero si estamos cimentados en la obediencia a Cristo, nuestra casa permanecerá firme.

Cristo mismo es nuestro mayor ejemplo: Él soportó la tormenta más terrible en la cruz y permaneció firme para salvarnos. Nuestra obediencia de hoy, es solo nuestra respuesta de gratitud a Su gracia.

Seamos honestos y preguntémonos:

Más allá de la fachada: ¿Mi vida cristiana es la misma cuando estoy en la iglesia que cuando estoy a solas o con mi familia?

¿Estoy usando la Biblia solo para llenarme de conocimiento intelectual, o realmente estoy dejando que transforme mi carácter y mi trato hacia los demás?

Si una crisis fuerte golpeara hoy mi hogar, ¿tu obediencia a Cristo te sostendría, o tu "arena" (las apariencias) te derrumbaría?

Familia de Comunidad CCAFI, el día de ayer, domingo 10 de mayo, en medio de las celebraciones, fuimos expuestos a una ve...
11/05/2026

Familia de Comunidad CCAFI, el día de ayer, domingo 10 de mayo, en medio de las celebraciones, fuimos expuestos a una verdad bíblica que confronta nuestro orgullo y a la vez libera nuestra alma: la enseñanza de la Parábola del Siervo Inútil (Lucas 17:7-10).

En este pasaje, Jesús describe a un siervo (doulos, que en el original griego significa esclavo) que llega cansado de trabajar en el campo. El amo no le dice que se siente a descansar y comer, sino que le ordena prepararle la cena primero. Al final, el Señor concluye: «Así también ustedes, cuando hayan hecho todo lo que se les ha mandado, digan: "Siervos inútiles somos; solo hemos hecho lo que era nuestro deber"».

Llamarnos «siervos inútiles» no significa que para Dios seamos un desecho. Significa que nuestra obediencia no pone a Dios en deuda con nosotros. No podemos exigirle nada a cambio de nuestro servicio, porque Él ya nos ha dado todo en Cristo. Somos siervos, sí, pero esclavos por amor.

Muchas veces, al servir a los nuestros o a la iglesia, nuestro corazón pecaminoso anhela reconocimiento. La psicología secular y la filosofía humanista siempre buscarán alimentar el ego del hombre, exaltarlo y hacerle creer que merece aplausos y recompensas terrenales. Sin embargo, el Evangelio nos llama a una realidad mucho más gloriosa. Fuimos creados, hechos y formados con un solo propósito: Su gloria.

Cumplir con nuestro llamado no es un mérito que requiera una medalla; es simplemente nuestro deber. Bastante tenemos ya con el inmenso privilegio de llevar la excelencia del poder de Dios en nuestras vidas, siendo vasijas de barro que reflejan a Cristo en su caminar diario.

Si al servir no recibimos el aplauso o la gratitud de las personas, no debemos sentirnos mal ni desanimarnos. No trabajamos para los hombres, sino para el Señor. En Cristo, no somos ni más ni menos que nadie; somos uno en Él.

Recordemos siempre que Dios mismo es nuestra recompensa, nuestra porción y nuestro mayor galardón. Si al final del día Él se lleva toda la gloria, esa debe ser nuestra mayor y única satisfacción.

¡Que el Señor nos conceda la gracia de servirle con gozo, sin esperar nada a cambio, sabiendo que en Él lo tenemos todo!

Familia de Comunidad CCAFI, este pasado 3 de mayo recordamos una verdad que transforma el corazón a través de la parábol...
11/05/2026

Familia de Comunidad CCAFI, este pasado 3 de mayo recordamos una verdad que transforma el corazón a través de la parábola del fariseo y el publicano (Lucas 18:9-14): Nuestra comunión con Dios depende por completo de Su gracia, nunca de nuestros propios méritos.

En la historia, el fariseo se presentó ante Dios presumiendo sus logros, su conocimiento de la ley y sus buenas acciones, creyendo que eso lo hacía superior a los demás. El publicano, en cambio, reconoció su bancarrota espiritual; sabía que no tenía nada que ofrecer y simplemente suplicó misericordia. Jesús fue claro: el hombre que dependió de la gracia fue el único que regresó a casa justificado.

No olvidemos esta gran lección: todo lo bueno que hacemos para Dios es únicamente el fruto de Su amor obrando en nosotros. No obedecemos para que Dios nos ame; obedecemos porque, en Cristo, ya somos profundamente amados.

Para que esta Palabra siga dando fruto en nosotros, tomemos un tiempo durante la semana para meditar en las siguientes preguntas:

¿Mi conocimiento de la Biblia y mis años en la fe me hacen más humilde, o me están llevando a mirar con orgullo a los demás?

Cuando sirvo, oro o ayudo en la iglesia, ¿lo hago para ganarme el aplauso de otros y el favor de Dios, o como una respuesta de gratitud por lo que Cristo ya hizo en la cruz?

Si hoy me presentara delante de Dios, ¿mi confianza estaría puesta en lo bien que me he portado esta semana, o descansaría exclusivamente en la sangre de Jesús?

Que el Señor nos libre de la trampa de alardear por nuestras obras. Mantengamos la mirada puesta en Cristo, recordando que separados de Él nada podemos hacer. ¡Toda la gloria es para Su nombre!

"Hazme justicia de mi adversario" (Lucas 18:1-8)Continuando con nuestra serie, el domingo pasado meditamos en la parábol...
02/05/2026

"Hazme justicia de mi adversario" (Lucas 18:1-8)

Continuando con nuestra serie, el domingo pasado meditamos en la parábola de la viuda y el juez injusto. El punto central es claro: Jesús nos enseña la necesidad de orar en todo tiempo y no desfallecer.

¿Qué aprendimos sobre la oración?

No es manipulación, es dependencia: La oración no es un intento de convencer a Dios, sino el clamor de un corazón que reconoce su bancarrota espiritual y descansa en el Juez Justo.

Un contraste de amor: Si un juez injusto responde por fastidio, ¡cuánto más nuestro Padre Celestial, que es Santo, nos dará lo que necesitamos por amor!.

¿Qué debemos pedir? Más que caprichos temporales, debemos pedir justicia contra nuestro adversario, que es nuestra propia naturaleza caída (lujuria, avaricia, orgullo).

Debemos acercarnos con la humildad del "siervo inútil", sabiendo que no ponemos a Dios en deuda con nuestra obediencia, y con la gratitud del leproso sanado, reconociendo que todo lo que tenemos es por Su pura gracia.

Para que nuestra oración sea bíblica, recordemos:
- Depender solo de los méritos de Cristo.
- Apartarnos del pecado conocido para que nuestra oración no tenga estorbo.
- Creer en Sus promesas sin dudar.
- Orar según Su voluntad.

Jesús preguntó: “Cuando venga el Hijo del Hombre, ¿hallará fe en la tierra?”. La respuesta es SÍ, no por nuestra fuerza, sino porque Cristo es fiel para preservar a Sus escogidos hasta el fin.

Hoy aprendimos sobre la Parábola del Amigo Importuno (Lucas 11:5-8). Jesús nos cuenta de un hombre que, a medianoche, bu...
20/04/2026

Hoy aprendimos sobre la Parábola del Amigo Importuno (Lucas 11:5-8). Jesús nos cuenta de un hombre que, a medianoche, busca a un amigo para pedirle pan. Aunque el amigo ya está descansando, termina dándole lo necesario por la insistencia y el denuedo del que pide.

¿El mensaje central? No es que Dios sea un vecino difícil de convencer. Al contrario: si un hombre imperfecto ayuda por insistencia, ¡cuánto más nuestro Padre Celestial, que es infinitamente bueno, responderá a Sus hijos! Cristo nos invita a una oración persistente que reconoce nuestra total dependencia de Él.

¿Oras como alguien que sabe que su Padre es el dueño de todo el "pan"?

¿Es tu oración un grito de necesidad real o solo un rito religioso?

Cuando la respuesta parece tardar, ¿descansas en que la voluntad de Dios es perfecta y soberana?

La oración no cambia el decreto de Dios, pero sí revela un corazón que confía plenamente en el sustento de Cristo. ¡Busquémosle con denuedo!

Hoy reflexionamos sobre la Parábola de los Dos Deudores en Lucas 7. A veces pensamos que nuestra "deuda" con Dios es peq...
13/04/2026

Hoy reflexionamos sobre la Parábola de los Dos Deudores en Lucas 7. A veces pensamos que nuestra "deuda" con Dios es pequeña porque somos "buenas personas", pero la realidad es otra.

¿Qué aprendimos hoy? Tanto el que debía mucho como el que debía poco, tenían algo en común: ninguno tenía con qué pagar. Ante la santidad de Dios, todos estamos en bancarrota espiritual.

El perdón no se gana, se recibe. El dueño de la deuda perdonó a ambos por pura generosidad. Nuestra salvación no depende de nuestro esfuerzo, sino de la misericordia de Cristo.
La mujer de la historia no amó mucho para que la perdonaran; ella amó mucho porque ya había sido perdonada. El amor y la gratitud son la evidencia de que el Espíritu Santo ha transformado nuestro corazón.

En el día a día, es fácil caer en la actitud de Simón el fariseo: juzgar a otros por sus pecados "visibles" mientras olvidamos que nosotros también somos deudores rescatados.

Esta semana, cuando sientas la tentación de criticar o mirar con superioridad a alguien, recuerda tus propios "500 denarios" que Cristo ya pagó en la cruz. Que tu gratitud se traduzca en paciencia y gracia hacia los demás.

Reflexionemos al respecto.
¿Me acerco a Jesús con la humildad de quien sabe que lo debe todo, o con el orgullo de quien cree que le hace un favor a Dios al seguirle?

¿Es mi servicio y amor a Dios una respuesta de alegría por su perdón, o un intento agotador de "pagarle" lo que hizo por mí?

¿Hay alguien a quien me cuesta perdonar porque he olvidado cuánto me ha perdonado el Señor a mí?

"Aquel a quien se le perdona poco, poco ama; pero aquel a quien se le perdona mucho, mucho ama". (Lucas 7:47)

Este domingo nos sumergimos en la parábola de Lucas 15:11-32. A menudo la llamamos la parábola del "hijo pródigo", pero ...
06/04/2026

Este domingo nos sumergimos en la parábola de Lucas 15:11-32. A menudo la llamamos la parábola del "hijo pródigo", pero al mirar el texto de cerca, el verdadero protagonista es el Padre amoroso lleno de gracia y misericordia.

"Y cuando aún estaba lejos, lo vio su padre, y fue movido a misericordia, y corrió, y se echó sobre su cuello, y le besó." (Lucas 15:20)

En el contexto del Medio Oriente del primer siglo, era culturalmente humillante y vergonzoso para un patriarca anciano levantarse la túnica y correr por la aldea. Al hacerlo, el padre asume la vergüenza pública que le correspondía a su hijo rebelde para protegerlo del juicio y el rechazo de la comunidad.

Esta es una imagen asombrosa del Evangelio. Nos muestra a un Dios que no nos espera con los brazos cruzados exigiendo nuestra auto-reparación antes de aceptarnos. El Padre toma nuestra vergüenza y nos viste con la mejor túnica: la justicia perfecta de Cristo. La gracia que nos restaura no es un amor sentimental y superficial; es un amor costoso, un rescate escandaloso que encuentra su cumplimiento absoluto en la obra de Jesús en la cruz.

¿Sigues intentando ganar el favor de Dios por tu propia moralidad, o descansas plenamente en la gracia inmerecida que el Padre ha extendido a través de Cristo?

¿De qué manera el haber recibido la "mejor túnica" (la justicia imputada de Cristo) cambia la forma en que lidio con mi propia culpa y mis fracasos pasados?

Sabiendo cuánto me ha sido perdonado, ¿estoy extendiendo este mismo tipo de gracia a quienes me han ofendido, o actúo con la dureza del hermano mayor,

31/03/2026

Agradecemos a Dios por su misericordia, bondad y favor hacia nuestra Comunidad.

Creemos firmemente y estamos "Convencidos de que el que comenzó la buena obra en nosotros, la perfeccionará hasta el día de Cristo Jesús" (Filipenses 1:6).

Hoy en nuestra reunión fuimos confrontados y consolados por la hermosa parábola de la Dracma Perdida (Lucas 15).A difere...
23/03/2026

Hoy en nuestra reunión fuimos confrontados y consolados por la hermosa parábola de la Dracma Perdida (Lucas 15).

A diferencia de la religión de obras que nos exige "limpiarnos" y ganar el favor de Dios por nuestros propios medios, el Evangelio nos muestra una realidad que humilla nuestro orgullo pero exalta a Cristo: éramos exactamente como esa moneda.

Estábamos caídos en el polvo de nuestro pecado, sin vida espiritual y totalmente incapaces de buscar al Dueño o contribuir a nuestro propio rescate.

Fue el Señor quien tomó la iniciativa. En Su gracia irresistible, Él encendió la lámpara de Su Palabra, barrió nuestra oscuridad y nos buscó diligentemente hasta encontrarnos. ¡La salvación le pertenece enteramente al Señor.

Podemos reflexionar en esto…

Si fuimos rescatados cuando estábamos tan mu***os e incapaces como una moneda en el polvo, ¿qué lugar queda para jactarnos de nuestra "bondad" o juzgar a otros desde una superioridad moral?

Al ver a alguien perdido y atrapado en sus transgresiones, ¿lo miramos con la frialdad de un fariseo o recordamos que nosotros también eras una moneda que no podía salvarse a sí misma?

¿Descansa tu corazón hoy en la profunda seguridad de que el Dios que te buscó en tu peor oscuridad nunca te dejará caer de Su mano?

Que esta semana vivamos asombrados por la gracia de Aquel que descendió al polvo para darnos vida.

Este domingo 15 de marzo en nuestra comunidad CCAFI, continuamos con nuestra serie, Parábolas de Jesus, y ahora en Lucas...
17/03/2026

Este domingo 15 de marzo en nuestra comunidad CCAFI, continuamos con nuestra serie, Parábolas de Jesus, y ahora en Lucas 15:1-7, con la Parábola de la Oveja perdida.

A veces leemos esta parábola como una historia "tierna", pero la realidad bíblica es profundamente confrontadora:

Aprendimos que una oveja perdida no tiene mapa, no tiene GPS y no sabe defenderse. Sin la intervención del Pastor, la oveja está sentenciada. Así es nuestra condición espiritual ante el pecado: estamos perdidos y sin salida por nuestros propios medios.

El Pastor no se queda en el redil esperando a que la oveja "se decida" a volver. ¡Él sale a buscarla! La salvación no es un logro humano, es una iniciativa divina y soberana.

Cuando el Pastor la encuentra, la carga sobre sus hombros.

Nuestra seguridad no depende de qué tan fuerte nos agarremos de Dios, sino de qué tan fuerte Él nos sostiene a nosotros.

Muchos viven hoy con la falsa seguridad de su propia "bondad" o de sus años asistiendo a la iglesia. Pero escuchemos esto:

El lugar más peligroso no es el monte donde la oveja se perdió; el lugar más peligroso es estar dentro del redil creyendo que no necesitas ser rescatado.

Si confías en tus méritos, en tu moralidad o en tu conocimiento, sigues perdido. La verdadera fe comienza cuando dejas de intentar caminar solo y te rindes a los hombros del Buen Pastor.

¿En qué descansa tu confianza hoy: en lo que tú haces por Dios, o en lo que Cristo ya hizo por ti?

Este domingo 01 de Marzo, profundizamos en una de las advertencias más serias de nuestro Señor Jesús. La red fue lanzada...
03/03/2026

Este domingo 01 de Marzo, profundizamos en una de las advertencias más serias de nuestro Señor Jesús. La red fue lanzada al mar y está recogiendo "de toda clase" de peces, pero el final de los tiempos no habrá muchas clases de peces sino solo dos, y entonces habrá una separación.

El mensaje de salvación se proclama a todos los hombres sin distinción, pero no todos los que están en la "red" (la iglesia visible) pertenecen verdaderamente al Reino.

Hay un límite establecido por Dios. Llegará el "fin del siglo" donde los ángeles ejecutarán la separación definitiva por orden del Soberano.

La Diferencia es la Gracia; Los "buenos" no lo son por mérito propio, sino por la justicia de Cristo imputada en ellos, que produce frutos de obediencia. Los "malos" (inicuos) enfrentarán la realidad de la justicia divina.

¿Mi permanencia en la iglesia se basa solo en una cercanía externa a la "red", o hay una evidencia interna de la obra regeneradora del Espíritu Santo? (2 Corintios 13:5).

Siendo que el juicio es real y final, ¿cómo está afectando esta verdad mi oración y mi esfuerzo por compartir el Evangelio con aquellos que aún no conocen a Cristo?

¿Me da descanso saber que, aunque hoy el trigo y la cizaña crecen juntos, el Señor mismo hará justicia perfecta y limpiará Su Reino de toda maldad?

"Así será al fin del siglo: saldrán los ángeles, y apartarán a los malos de entre los justos." — Mateo 13:49

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