27/08/2026
ÉNFASIS: ENCUENTROS CON JESÚS
DIA 24. LA VERDADERA SATISFACCIÓN ESTÁ EN DIOS.
Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren. Juan 4:24.
Después de que Jesús confrontó la historia de la mujer samaritana, ella llevó la conversación hacia un tema religioso. Le preguntó acerca del lugar correcto para adorar a Dios: si debía ser en el monte Gerizim, como afirmaban los samaritanos, o en Jerusalén, como enseñaban los judíos.
A primera vista, parece que la conversación ha cambiado completamente de dirección. Jesús estaba hablando de la vida personal de la mujer y ahora ella está hablando de religión. Sin embargo, Jesús no permite que la conversación se quede en una discusión acerca de lugares, tradiciones o prácticas religiosas. Él quiere llevarla a algo mucho más profundo: una verdadera relación con Dios.
Es interesante observar la palabra que utiliza Jesús: “Padre”. Pudo haber dicho “Dios”, o “Señor”, pero eligió Padre.
La mujer está pensando en un lugar. Jesús está pensando en una relación. Ella pregunta: “¿Dónde debemos adorar?”. Jesús responde enseñándole acerca de aquel a quien debemos conocer y adorar.
Esto es así porque la satisfacción del corazón no se encuentra simplemente en practicar una religión, sino en conocer verdaderamente a Dios y vivir en comunión con Él.
Podemos estar cerca de las cosas de Dios y, al mismo tiempo, estar lejos de Dios. Podemos asistir a la iglesia, cantar, escuchar sermones, participar en ministerios, leer la Biblia y desarrollar muchas actividades espirituales, pero ninguna de esas cosas puede sustituir nuestra relación personal con el Señor.
La verdadera adoración no depende simplemente de estar en un determinado lugar, cantar determinadas canciones o participar en determinadas actividades. La verdadera adoración nace de una vida que conoce a Dios y responde a Él conforme a la verdad que ha revelado.
Nuestra adoración se expresa en la manera en que vivimos, trabajamos, tomamos decisiones, tratamos a nuestra familia, manejamos nuestro dinero, enfrentamos las dificultades y obedecemos la Palabra de Dios.
Cuando Dios ocupa realmente el centro de nuestra vida, nuestra relación con Él comienza a transformar todas las demás áreas.
Aquí encontramos algo muy importante acerca de la satisfacción.
Muchas veces acudimos a Dios buscando que nos dé algo: una respuesta, una oportunidad, una solución, una relación, una bendición o un cambio de circunstancias. Y ciertamente podemos presentar nuestras necesidades delante de Él. Pero Jesús quiere llevarnos más profundo. La mayor bendición que Dios puede darnos no es algo que Él tenga en sus manos; es Él mismo.
La mujer samaritana había intentado encontrar satisfacción en sus relaciones. Jesús estaba enseñándole que ninguna relación humana podía ocupar el lugar que solamente Dios debía ocupar en su corazón.
Porque cuando nos encontramos verdaderamente con Dios, descubrimos que Él es suficiente.