20/07/2013
¡Hasta pronto!
***El cielo lloró mientras la Madre Tierra recibía los restos del reportero de Policiaca de este periódico, Christian Alberto López Bello
Julio César SÁNCHEZ GARC&I
¡Hasta pronto!
La tristeza, dolor, llanto e impotencia se vieron conjugados en los rostros de familiares y amigos del reportero de la sección Policiaca de EL IMPARCIAL, Christian Alberto López Bello, durante la misa de cuerpo presente oficiada en el Templo de San Felipe Neri, en el corazón de la ciudad.
Mariachis y tríos desfilaron a lo largo de esos dos días de duelo en su domicilio, ubicado en La Soledad 105 de la colonia La Primavera, San Martín Mexicápam.
Cientos de amigos de diversas corporaciones, paramédicos, reporteros y fotógrafos de diferentes medios de comunicación no daban crédito a lo sucedido, el crimen del Chamaco López, como se le conocía en el ámbito periodístico.
Dos lonas fueron realizadas con su fotografía en vida. Las dos rezaban: “Chamaco López, Christian Alberto López Bello 1984-2013. ¿Quién sigue? Exigimos justicia”.
Misa de cuerpo presente
Con ese mismo pesar, ayer salió el cortejo fúnebre a las nueve de la mañana con dirección al templo de San Felipe Neri, santuario que se vio abarrotado por profesionales de la comunicación y amigos de la víctima.
José Guadalupe Barragán Oliva, vocero del arzobispo, y Aristeo de la Vega Cacho, rector de dicho templo, oficiaron la misa de cuerpo presente.
Barragán Oliva mencionó: “Estamos aquí para el eterno descanso de Christian, pero ¿cuántos reporteros han mu**to?, por más que se levante la voz no se hace nada. Esperemos que así como hacen sus reportajes de buenas noticias y de algunas no tan agradables para algunos, se vea la forma de que nosotros hagamos también historia de él, pensando cosas buenas”.
Solicitó que se haga una historia, un reportaje de la vida de López Bello, sobre “las cosas buenas que hizo, los recuerdos, para que las generaciones futuras lo recuerden, que sepan que hubo una persona que se dedicó a este oficio de dar noticias y que Dios lo llamó de esta manera”.
El reloj marcaba las 10:39. El sol caía a plomo, las puertas del cielo se habían abierto. El cuerpo del comunicador caído salió del templo cargado de sus familiares, de sus primos.
Mientras el mariachi interpretaba el tema Te vas ángel mío, la gente comenzó a conmoverse, las tonadas poco a poco hicieron que el recuerdo de López Bello invadiera a los presentes. El llanto a flor de piel.
Mientras el mariachi entonaba canciones como El Rey, Cruz de Olvido, Jefe de jefes, Amor eterno, Un puño de tierra, el cortejo fúnebre avanzó sobre la calle J.P. García.
Paso a paso, la lona con la fotografía del reportero de nota roja fue cargada por sus allegados; atrás la carroza con el cuerpo, la cual era acompañada por su esposa y sus tres hijos.
La carroza dobló sobre calle Hidalgo para internarse en el Zócalo, sus tíos abrían paso y pitaban con sus motonetas, pues López Bello era amante de las motocicletas.
De pronto, una pausa. Un familiar pidió silencio por un momento a los simpatizantes de un grupo social y les solicitó su equipo de sonido, precisamente al estar frente del Palacio de Gobierno.
En ese lugar Álvaro y Adán López Cruz elevaron sus voces. Exigieron y clamaron justicia. “Queremos manifestar que no venimos a reclamar el hecho de que lo hayan privado de la vida, queremos plantear que venimos a exhibir este cuerpo ante este lugar como parte de la estrategia de un gobierno fallido, que no le garantiza la seguridad a los habitantes del estado de Oaxaca, a los periodistas”.
Solicitaron que se protejan las garantías individuales de todos los ciudadanos. “Hoy el Chamaco López es el claro ejemplo de lo que el gobierno fallido no puede hacer con los ciudadanos oaxaqueños”.
Realizaron un recuento de los hechos en los que cuales fue privado de la vida López Bello y cuestionaron el trabajo que realiza la Procuraduría General de Justicia del Estado (PGJE).
“Existen cámaras de seguridad en la ciudad, debe de haber ya un informe solicitado por la PGJE, en el cual esa grabaciones que tienen las mismas, deben obrar en poder de dicha dependencia”, mencionaron.
“Al parecer lo que el Gobierno del estado quiere es que se realicen las prácticas que se hicieron en el 2006, en el sentido de que se instalen barricadas para garantizar la seguridad de vecinos, familiares y amigos”, exclamaba exasperadamente el señor Álvaro.
Advirtieron que no permitirán que se mancille el nombre y la honorabilidad de un comunicador como lo fue El Chamaco López, por más de 10 años. “Dudar de su trabajo sería hacerlo de todos los que se dedican a este ejercicio, que es transmitir la información al pueblo de Oaxaca”, dijo el señor Álvaro a las decenas de presentes.
“No es posible que a dos cuadras del Zócalo de la ciudad no se tenga información ni indicios de lo acontecido esa trágica madrugada, en la que fueron sacados con lujo de violencia López Bello y el empleado municipal”.
“No se vale que mancillen su honorabilidad para justificar su incapacidad para resolver este tipo de conflictos, porque eso refleja la incapacidad de los directivos de las diversas instituciones que se encargan de brindar seguridad y justicia”, concluyeron.
Posteriormente, la carroza recorrió el Zócalo para continuar por la Alameda y seguir por la avenida Independencia, en tanto el mariachi y como una la banda de música se alternaban para interpretar los temas: Un puño de tierra, 20 mujeres de negro, La vida no vale nada, Amor eterno, Muchacho alegre, Cielo rojo.
Al llegar a la rotonda Lázaro Cárdenas, familiares y amigos bajaron el ataúd del periodista que fue asesinado de manera cobarde, para llevarlo en hombros hacia su última morada, seguidos por los sollozos y la infinita tristeza de sus seres queridos.
El camposanto San Miguel, mejor conocido como Panteón General, esperaba a López Bello. La Madre Tierra se abrió una vez más para recibir a uno más de sus hijos, orgullosa, por saber que en sus entrañas estaría un hombre valiente, honesto, dedicado a su trabajo y a su familia, guerrero de mil batallas, que en la última no pudo lograr la victoria, porque como dice el refrán, “el valiente vive, hasta que el cobarde quiere”.
Las porras se dejaron escuchar, así como las lágrimas empezaron a fluir por parte de cada uno de los presentes, unas más constantes que otras, pero todas sinceras, llenas de ese agradecimiento de haber conocido a El Chamaco López.
Se hicieron las honras fúnebres correspondientes por parte de un rezador, se realizó el último pase de asistencia, “¡Chamaco López! ¡Presente! ¡Chamaco López! ¡Presente! ¡Chamaco López! ¡Presente!”.
El cuerpo del Chamaco López fue bajado de manera lenta por parte de los trabajadores del municipio citadino, mientras un grito desgarrador se dejó escuchar “¡Christian!”.
Su padre, Alberto López Cruz, ex profesional comunicador de Oaxaca, le dio la bendición y con lágrimas en los ojos abrazó el ataúd donde su hijo descansaría por el resto de los días.
Enseguida su madre, quien a diario lo veía y comía con él. Sus hijos a su corta edad gritaban y lloraban a mares pues se despedían de su padre, el cual los amaba entrañablemente.
López Cruz consolaba a su pequeña nieta, a la hija más pequeña de Christian, a quien con su mano llenó un puño de tierra, la cual aventó. Inconsolable, la menor abrazó a su abuelo, se aferró a su cuello y lloró en su pecho.
Y llegó el dolor mientras la tierra envolvía su féretro, varios puños de tierra fueron lanzados sobre su ataúd. Todos se despedían del amigo, no le decían adiós sino hasta pronto.
20 mujeres de negro gritó su tío Álvaro, el mariachi entonó mientras primos de López Bello con las palas lo enterraban. Después fueron colocadas las coronas de flores que fueron enviadas por empresarios, políticos y de esta casa editorial que rezaba: “Directivos, compañeros y amigos de El Imparcial”. Mientras el cielo se nublaba, el cielo hacía caer sus primeras lágrimas.
De pronto reporteros de la nota roja y fotógrafos gritaban porras.
Mientras el cuerpo del periodista caído era recibido por la Madre Tierra, el cielo lloraba, como anunciando que el alma del comunicador de nota roja había llegado a las puertas del cielo.
El semblante de los presentes denotaba el dolor el alma, poco a poco los presentes se retiraron mientras llovía, se despedían con una oración de aquel amigo tan entrañable en los medios de comunicación.
Descanse en paz, Christian Alberto López Bello.