16/06/2022
CATOLICO INSTRUIDO, NO SERA CONFUNDIDO.
¿QUÉ CELEBRAMOS EN LA SOLEMNIDAD DE CORPUS CHRISTI?
Este jueves 16 de junio celebramos la Solemnidad de Corpus Christi, es decir, del Cuerpo y la Sangre de Cristo, presente de modo único e incomparable en la Sagrada Eucaristía. Lo celebramos en jueves, porque un día igual fue instituido el Sacramento de la Eucaristía por Jesucristo, cuando celebraba con sus discípulos la Cena de Pascua, comúnmente llamada "Última Cena" (Lucas 22, 7-20; Mt 26, 17-29; Mc 14, 12-25; 1Co 11, 23-25). Lo celebramos con solemnidad, porque la Sagrada Eucaristía es fuente y culmen de toda la vida cristiana, pues contiene todo el bien espiritual de la Iglesia: el mismo Cristo, nuestra Pascua.
La Sagrada Eucaristía la Iglesia la ha celebrado desde su inicio, fiel a la orden del Señor quien dijo “Hagan esto en memoria mía” (Lc 22, 19); como podemos ver en Hechos de los Apóstoles (2, 42-46), la primera comunidad se reunía todos los días, acudían asiduamente a la enseñanza de los apóstoles, fieles a la comunión fraterna, a la fracción del pan (que es la Eucaristía) y a las oraciones. Sin embargo, la Solemnidad de Corpus Christi, empezó a celebrarse a partir del año 1264, cuando el Papa Urbano IV la decretó por petición de varios Obispos y, especialmente, de Santa Juliana de Mont Cornillon, quien aproximadamente en el año 1208, tuvo una visión respecto a la ausencia de esta solemnidad; y también conmovido por el “Milagro de Bolsena” (Italia), ocurrido en el año 1263 o 1264, cuando el sacerdote alemán, Pedro de Praga (quien dudaba que la Consagración fuera algo real), celebraba en Bolsena la Santa Misa, y al momento de partir la Sagrada Forma vio salir de ella Sangre de la que se fue empapando el corporal (el cual aún puede ser apreciado en la Catedral de Santa Cristina, en Orvieto, Bolsena, Italia). El propio Papa Urbano IV fijó la Fiesta del Corpus Christi para el jueves después de la octava de Pentecostés (en muchos países se ha trasladado al domingo siguiente); y a petición suya, Santo Tomás de Aquino escribió para tal solemnidad un oficio que incluyó el himno del “Tantum Ergo”. El Papa Juan XXII, por su parte, extendió esta solemnidad a toda la Iglesia, en 1317.
Muchos dicen que el Día de Corpus Christi es el día de las mulitas. No es propiamente así, sino que se conocen milagros eucarísticos en los que estuvieron involucradas unas mulitas, las cuales, ante el asombro de las personas, especialmente de los no creyentes, se postraron en señal de adoración frente al Santísimo, dando muestra de que aun siendo animales irracionales saben que en la Eucaristía está realmente presente Jesucristo. Uno de estos milagros le ocurrió a San Antonio de Padua en Rímini (Italia), logrando así convencer a muchos herejes “Patarinos” (que aseguraban que la Eucaristía no era más que una cena conmemorativa). Y otro caso ocurrió en nuestro país, a un joven de nombre Ignacio, justamente en la procesión que desde 1526 se celebraba el Jueves de Corpus en la Catedral Metropolitana; Ignacio disipó así sus dudas vocacionales y, ya como Sacerdote, se dedicó a propagar las gracias de la Eucaristía.
También muchas personas siguen la costumbre de consumir este día las llamadas "empanaditas de Corpus", deliciosas, por cierto; una tradición que seguramente surgió para recordar que Jesús es “el Pan Vivo que ha bajado del Cielo" (Juan 6, 51). En algunas parroquias, al igual que en Jueves Santo, reparten pan bendito; en realidad las celebraciones de ambos días están íntimamente ligadas por ser un recuerdo de la Institución de la Eucaristía.
Pero claro, no debemos confundirnos, pues las empanaditas son solamente una especie de souvenir, mientras que el pan bendito es solamente un sacramental; en cambio, la Sagrada Eucaristía es un Sacramento, el mayor de todos, pues ahí Jesucristo ha querido quedarse verdaderamente presente en Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad (Mt 26, 26-28; Mc 14, 22-24; 1Cor 11, 23-26), para ser nuestro Alimento de vida eterna (Jn 6, 58); y para estar con nosotros “todos los días hasta el fin del mundo” (Mt 28, 20).
Entre las celebraciones de Corpus Christi destacan las solemnes procesiones con el Santísimo Sacramento, así como su exposición, en algunos templos se le prepara el llamado “monumento”, donde se le visita para adorarle.
Dice el Papa Francisco que “en la Eucaristía contemplamos y adoramos al Dios del amor. Es el Señor, que no pide nada, sino que entrega todo. Para celebrar y vivir la Eucaristía, también nosotros estamos llamados a vivir este amor. Al final de todo, incluso de nuestras solemnes Liturgias Eucarísticas, sólo quedará el amor. Y ya desde ahora nuestras Eucaristías transforman el mundo en la medida en que nosotros nos dejamos transformar y nos convertimos en pan partido para los demás”.
¡Que así sea!