30/04/2026
JUEVES IV DE PASCUA.- “JESÚS EN PERSONA SE LES ACERCÓ” (Lc 24, 15).
“Mientras conversaban y discutían, Jesús en persona se acercó”. Tienes que acercarte a consolar. Pero para acercarte a consolar tienes que moverte a misericordia con los que te rodean. Y para moverte a misericordia con los que te rodean te tienes que poner cada día con todas tus miserias
delante de Cristo crucificado. Y ver que Él la tiene de ti. Entonces tú tienes misericordia del otro.
Porque mientras no sientas la misericordia de Dios
para contigo, nada.
A nosotros, ¿cómo nos va a decir que digamos al mundo que Jesús tiene una misericordia
infinita, sino por un camino mucho mejor, más extraordinario, más delicioso que el de las revelaciones que concedió a ciertos santos, y que es el que estés sintiendo constantemente en ti su misericordia?
Entonces así tú gritarás: “¡Que Él te ama, que Él te quiere, que Él tiene una misericordia inmensa
contigo!, porque la tiene conmigo cada día. Porque la revelación que Él me hace a mí para decírtelo a ti (y que me está haciendo a cada instante, a
cada momento) es su condescendencia (condescender, descender con), que cada instante se abaja a mí. Y eso, ¿dónde lo encuentro? Clavando los ojos en Él en la cruz, contemplándole en el Evangelio, viéndole paso a paso, en todo instante, en todo momento. Está siempre descendiendo, como
aquí, en este pasaje. “Se puso a caminar con ellos”. Jesús camina contigo y no te das cuenta. “Caminaba con ellos. Pero sus ojos no eran capaces de reconocerlo”.
¿Qué es lo que me impide ver a Jesús en mi vida? La pasión de los ojos, dominados por mi pasión. Por entender las cosas a la luz de mi razón, por querer que las cosas discurran como yo quiero, por mis criterios.
El atractivo de un alma para conquistar a otro debe ser atractivo de paz, de serenidad, de
cariño. Jesús va viendo en esos discípulos de Emaús a ti, a mí, a la humanidad entera, al hombre de hoy… ¡discutiendo de tantas cosas! Jesús se pone al lado, y eso todos los días, y a todas las
personas. Y buscando a todos. Pero no se le conoce.
Para sacar un alma del pecado, de la tristeza, de la miseria, es necesario que el alma que se
acerca tenga un gran atractivo sobre ella. El alma a alma exige un gran atractivo. ¿Y cómo vas a tener ese atractivo si estás metido en tus preocupaciones, incluso en sus mismas preocupaciones mundanas? Fe creciente, esperanza cierta, alegría desbordante, paz imperturbable, amor ardiente. Ese es el atractivo que hay que tener sobre las almas.
Jesús un día se metió en el camino de mi vida, se puso en medio de mi vida, se interesó por
mí porque estaba triste.