02/08/2026
Unos años después de levantar en su gran avenida un monumento a Colón, México levantó, en esa misma avenida, un monumento al hombre al que la llegada de Colón terminó condenando: Cuauhtémoc.
No fue casualidad que quedaran cerca. El Porfiriato los colocó a propósito en la misma Reforma —Colón y Cuauhtémoc, la llegada y la resistencia— para representar las dos raíces del México mestizo, poniendo al último emperador indígena a la misma escala de héroe nacional que el navegante europeo.
El monumento a Cuauhtémoc se inauguró el 21 de agosto de 1887, en el cruce de Reforma e Insurgentes. Su primera piedra se había colocado un 5 de mayo, para amarrarlo a la gloria de la Batalla de Puebla que Díaz tanto celebraba. Honra al último huey tlatoani de los mexicas, el que defendió Tenochtitlan hasta el final, al que los españoles le quemaron los pies para que confesara dónde estaba el oro, y al que Cortés terminó ejecutando. Es un bronce heroico: el emperador desafiante, de gala, con penacho y lanza en alto, custodiado por jaguares de bronce, con el pedestal tallado con las escenas de su captura y su tormento. Es el monumento más nacionalista de toda la avenida.
Lo esculpió un gran artista mexicano, Miguel Noreña. Pero míralo de cerca y verás retratado el Porfiriato entero: Noreña esculpió al emperador azteca siguiendo los cánones clásicos europeos. La tilma de Cuauhtémoc está anudada "al estilo romano"; su cuerpo es el de una estatua grecolatina. El régimen honraba el pasado indígena, pero lo vestía con toga griega. Le levantaba un templo de bronce al emperador azteca mu**to, mientras los descendientes vivos de su pueblo vivían en la pobreza y recibían sermones para "civilizarse".
Y aquí está lo que puedes ver hoy en Reforma. Hace unos años, Colón —el conquistador— bajó de la avenida, retirado de madrugada, embodegado, esperando un museo. Cuauhtémoc —la resistencia— sigue de pie, con la lanza en alto, cuidando su glorieta. El que México levantó para desafiar al conquistador le sobrevivió al conquistador mismo.
¿Por qué nos resulta más fácil honrar en bronce a los pueblos que vencimos que hacerles justicia a sus descendientes que siguen vivos?