20/02/2012
Devocional #6 ¡PON EL ESPÍRITU SOBRE LA MENTE!
¡Pon el espíritu sobre la mente!
El secreto de la meditación efectiva es citar la Escritura de memoria a Dios con el espíritu en vez de hacerlo con el alma. Esto significa que en vez de tratar de entender la verdad de Dios de una manera intelectual, nosotros la discernimos por su Espíritu hablándonos a nuestro espíritu, porque “las cosas del Espíritu de Dios… se han de discernir espiritualmente” (1 Corintios 2:14).
Si nosotros evaluamos la Escritura con la mente, tendemos a ser orgullosos, porque “el conocimiento envanece”, pero si la Escritura “evalúa” nuestro corazón, nos causa humillación porque descubre nuestros pecados secretos.
Al venir a la Escritura con nuestro espíritu, nosotros clamamos: “Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón; pruébame y conoce mis pensamientos; y ve si hay en mí camino de perversidad, y guíame en el camino eterno” (Salmos 139:23-24).
Tu espíritu tiene acceso directo al Espíritu de Dios, porque “Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren” (Juan 4:24). El Espíritu de Dios tiene acceso directo a nuestra conciencia y puede activarla con la comprensión espiritual de poder diferenciar entre lo que es correcto y aquello que es malo, conforme meditamos en Su Palabra. Es en esta comunión íntima de espíritu a Espíritu que se constituye la verdadera meditación y los resultados del éxito diario.
La Escritura es “la sabiduría de Dios” y se nos da en “un misterio”, aún la sabiduría oculta de Dios, la cual Dios ordenó antes de la fundación del mundo. Dios determinó que esta sabiduría fuera “para nuestra gloria”. Sin embargo, se nos revela solamente por Su Espíritu, porque “el espíritu todo lo escudriña, aún lo profundo de Dios” (1 Corintios 2:7-10).
“Mas la hora viene y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren”(Juan 4:23).
Nuestra inclinación natural es sencillamente recitar la Escritura de memoria a Dios como un ejercicio mental e intelectual. Pero esto nos roba de las riquezas de la sabiduría de Dios y del gozo de su comunión. Por tanto, hemos de traer nuestra mente bajo el control del Espíritu de Dios como una acción definitiva de la voluntad.
Por esto sería sabio el orar así: “Padre celestial, en este momento someto mi mente bajo el control de tu Espíritu Santo y bajo la autoridad de tu Palabra”. Con esta oración, acabas de dar un paso gigantesco hacia el éxito diario.
A través de Cristo nuestro Señor,
Por: Bill Gothard
“Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado” (Mateo 4:17).