25/08/2026
DIOS QUIERE QUE PELEEMOS NUESTRAS BATALLAS
Hay batallas que Dios pelea por nosotros, pero también hay batallas que Dios quiere que nosotros peleemos.
No porque nos haya abandonado, sino porque nos dio voluntad, inteligencia, conciencia y capacidad para decidir.
La fe no consiste en sentarnos a esperar que Dios haga todo; consiste en aprender a caminar con Él haciendo nuestra parte.
El problema es que muchas veces actuamos exactamente al revés:
Avanzamos cuando Dios nos pide esperar, esperamos cuando debemos actuar, hablamos cuando deberíamos callar y tomamos decisiones sin buscar su dirección.
Después, cuando las consecuencias llegan, preguntamos:
“¿Por qué Dios no hizo algo?”.
Perdemos tiempo intentando resolver lo que solamente Él puede resolver, mientras esperamos que Él haga aquello que puso en nuestras manos.
Dios no nos dio el libre albedrío para vivir sin dirección, sino para escoger responsablemente.
Pero hemos malusado nuestra libertad cuando decidimos con el impulso, con la emoción o con las vísceras, en lugar de hacerlo con una mente consciente, disciplinada y sometida al Espíritu Santo.
La libertad sin dominio propio termina convirtiéndose en esclavitud de nuestras propias decisiones.
Vivimos en un tiempo donde se ha confundido lo bueno con lo malo y lo malo con lo bueno.
Por eso el pueblo de Dios necesita despertar su conciencia.
No podemos vivir reaccionando a todo lo que sentimos ni esperando que Dios corrija cada consecuencia de nuestras malas decisiones.
Tenemos dones, talentos, capacidades y también limitaciones; debemos reconocerlos, ponerlos al servicio de Dios y aprender a caminar bajo su guía, paso a paso.
Hoy pregúntate delante de Dios:
¿Qué batalla estoy esperando que Él pelee cuando me corresponde a mí enfrentarla?
¿Y qué estoy tratando de resolver con mis propias fuerzas cuando debería entregárselo completamente a Él?
No huyas de la batalla que Dios puso delante de ti.
Pelea, pero no solo; decide, pero no sin dirección; avanza, pero no sin Dios.
La verdadera dependencia de Dios no consiste en dejar de actuar, sino en aprender cuándo actuar, cómo actuar y cuándo detenernos para dejar que Él haga lo que solamente Él puede hacer.
El nos hace más que vencedores cuando hay equilibrio en nuestra vida entre lo que Dios hace y lo que Dios permite, el equilibrio llega cuando maduramos y sabemos distinguir lo que solo Dios puede hacer y lo que nos corresponde hacer a nosotros.
Porque definitivamente, Dios quiere que peleemos nuestras batallas, lo que tenemos que entender es que Él nos da la victoria, cuando caminamos con Cristo Jesús
Pastor Ignacio Domingo Corcuera Peña desde México