Iglesia cristiana El Remanente

Iglesia cristiana El Remanente centro de alabanza y adoración al único Dios verdadero

24/05/2026

Culto de alabanza y adoración domingo 24 de mayo 2026
Iglesia cristiana el remanente Nezahualcóyotl

La iglesia qué Dios soñó parte 4 "Dignos del llamamiento

20/05/2026

“Sean todos prontos para oír, tardos para hablar, tardos para airarse.”
Santiago 1:19.

NO TODO LO QUE ENTENDISTE…
FUE LO QUE TE QUISIERON DECIR

La comunicación es uno de los regalos más grandes que Dios le dio al hombre…
Y también una de las áreas más dañadas por el pecado.
Porque el pecado no solo separó al hombre de Dios.
También deformó la manera en que el hombre escucha, interpreta y percibe.
Desde entonces, muchas veces oímos palabras…
Pero reaccionamos desde heridas.
Vemos acciones…
Pero las traducimos desde inseguridades.
Percibimos silencios…
Y los llenamos con imaginación.
Y así comienzan las guerras silenciosas del alma.
Una expectativa no hablada…
Una interpretación apresurada…
Una percepción torcida…
Pueden destruir años de amor, amistad, compañerismo o ministerio.
Qué tremendo es pensar que muchas relaciones no murieron por falta de amor…
Sino por falta de entendimiento.
Porque hay personas que aman profundamente…
Pero no saben expresarlo.
Hay personas que están luchando internamente…
Y por eso parecen frías.
Hay personas agotadas, heridas, confundidas o cargadas…
Y nosotros interpretamos su cansancio como rechazo.
Ahí está uno de los grandes problemas del ser humano:
Creemos que nuestra percepción es absoluta.
Y no lo es.
A veces creemos que entendimos todo…
Cuando apenas vimos una parte.
A veces aseguramos intenciones que nunca existieron.
A veces condenamos gestos que estaban cargados de dolor y no de maldad.
Por eso la Biblia insiste tanto en soportarnos, perdonarnos y amarnos.
Porque Dios sabe algo que nosotros olvidamos constantemente:
El ser humano interpreta imperfectamente.
Cuando la Escritura dice:

“soportándoos unos a otros”,

no está promoviendo relaciones superficiales; está revelando que convivir con otros exige gracia, paciencia y madurez espiritual.
Porque convivir es aprender a salir del centro de uno mismo.
El inmaduro cree que todo gira alrededor de cómo él se siente.
El maduro entiende que también existen batallas ajenas, emociones ajenas y percepciones ajenas.
Por eso una comunicación sana requiere morir al orgullo.
Y eso cuesta.
Cuesta preguntar antes de reaccionar.
Cuesta escuchar sin preparar defensa.
Cuesta aceptar que quizá interpretamos mal.
Cuesta reconocer que nuestra expectativa era injusta.
Cuesta admitir que queríamos que otros actuaran exactamente como nosotros hubiéramos actuado.
Pero ahí entra Cristo.
Porque el Evangelio no solo transforma palabras…
Transforma corazones.
Y un corazón transformado aprende a escuchar distinto.
Empieza a escuchar con misericordia.
Con paciencia.
Con discernimiento.
Con amor.
Entonces dejamos de reaccionar solamente a tonos, gestos o actitudes…
Y comenzamos a mirar el alma de las personas.
Eso cambia matrimonios.
Eso cambia amistades.
Eso cambia iglesias.
Eso cambia la relación entre pastor y oveja.
Eso cambia familias enteras.

Cuántas divisiones habrían sido evitadas si alguien hubiera preguntado:
“¿Qué quisiste decir realmente?”

Cuántas heridas nunca habrían crecido si alguien hubiera decidido interpretar con amor y no con orgullo.
Porque el orgullo interpreta para acusar.
Pero el amor interpreta para comprender.
Y aquí aparece una verdad poderosa:
La mala comunicación no siempre nace de malas palabras…
Muchas veces nace de corazones endurecidos.
Por eso el Espíritu Santo trabaja tanto en nuestro carácter.
Porque cuando el corazón sana, también sana la manera de escuchar.
Entonces dejamos de exigir perfección humana…
Y comenzamos a extender gracia.
Dejamos de esperar que todos nos entiendan exactamente igual…
Y empezamos a aprender el lenguaje emocional y espiritual de quienes nos rodean.
Eso también es amor.
Amar no es solamente abrazar.
Amar también es esforzarse por entender.
Entender pausas.
Entender silencios.
Entender cansancios.
Entender procesos.
Entender que no todos comunican igual…
Porque no todos han vivido lo mismo.
Y cuando Dios gobierna nuestra comunicación, dejamos de buscar tener siempre la razón…
Y empezamos a luchar por conservar los vínculos que Él nos permitió construir.
Porque hay relaciones que no necesitan más argumentos.
Necesitan más compasión.
Hay personas que no necesitan más juicio.
Necesitan ser escuchadas correctamente.
Y hay corazones que no están pidiendo perfección…
Solo están esperando ser comprendidos.
La expectativa exagerada deforma la realidad.
La percepción humana es limitada.
La interpretación puede equivocarse.
Pero el amor guiado por Dios aprende a escuchar más allá de sí mismo.

Pastor Ignacio Domingo Corcuera Peña desde México.

19/05/2026

“Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias.
Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.”
Filipenses 4:6-7

La ansiedad no puede convivir con la paz del Espíritu

Vivimos en una generación cansada.
Mentes aceleradas.
Corazones agotados.
Personas que sonríen de día mientras pelean de noche contra pensamientos que las desgastan en silencio.
La ansiedad no es una simple preocupación.
Cuando se desborda, aprieta el pecho, roba el sueño, debilita el ánimo y puede llevar a la desesperación más oscura.
Hay ataques tan fuertes que algunos sienten que ya no pueden seguir caminando.
Y aunque existan causas físicas, emocionales o experiencias profundas que influyen en esta lucha, también es imposible ignorar su dimensión espiritual.
Porque la ansiedad confronta directamente uno de los frutos más poderosos del Espíritu Santo:
la paz.
El Espíritu produce reposo.
La ansiedad produce tormento.
El Espíritu afirma el corazón.
La ansiedad lo sacude constantemente.
Por eso la batalla muchas veces ocurre en la mente.
Ahí donde el miedo exagera el mañana.
Ahí donde el pensamiento se vuelve cárcel.
Ahí donde el enemigo intenta sembrar desesperanza.
Pero la Palabra de Dios entra como medicina para el alma herida.
Hay versículos que no son solo letras; son respiración para el corazón cansado.
Son agua para la mente seca.
Son refugio para quien siente que se derrumba.
Porque mientras la ansiedad dice:
“Todo está fuera de control”,
la voz de Dios responde:
“Yo sigo teniendo el control.”
Y aquí está la diferencia:
La ansiedad quiere dominarte por medio del miedo, pero el fruto del Espíritu produce confianza, dominio propio y descanso interior.
No significa que la lucha desaparezca de un día para otro.
Significa que ahora no peleas solo.
El Espíritu Santo fortalece lo que el miedo debilitó.
La presencia de Dios sostiene lo que la angustia quiso quebrar.
Y quizá hoy alguien está leyendo esto mientras pelea en silencio contra pensamientos repetitivos, desesperación o ataques que nadie logra entender completamente.
Pero escucha bien:
Cristo no solamente salva el alma; también trae paz al corazón atormentado.
Llena tu mente de Palabra de Dios.
Ora aunque tengas lágrimas.
Busca ayuda cuando la necesites.
Habla con Dios aun cuando tu mente esté cansada.
Porque una mente llena de temor se hunde lentamente, pero una mente llena de verdad comienza a respirar otra vez.
Donde gobierna el Espíritu Santo, la ansiedad comienza a perder su fuerza.

Pastor Ignacio Domingo Corcuera Peña desde México.

19/05/2026

“Y renovaos en el espíritu de vuestra mente.”
Efesios 4:23

Cuando Dios cambia el corazón, también cambia la manera de pensar

El nuevo nacimiento no solo cambia palabras…
Cambia criterios.
Lo que antes parecía normal, ahora incomoda.
Lo que antes daba orgullo, ahora produce vergüenza.
Y lo que antes se rechazaba, ahora se abraza con lágrimas y gratitud.

Porque cuando Dios regenera al hombre, no solamente le limpia la conducta…
También le transforma la mente.

Antes llamábamos libertad al pecado.
Ahora entendemos que muchas cadenas parecían placer porque el alma estaba dormida.
Antes justificábamos la mentira, el orgullo, la inmoralidad, la soberbia o la dureza del corazón.
Ahora el Espíritu Santo nos enseña a llamar las cosas por su nombre.

El que nace de nuevo deja de negociar con aquello que ofende a Dios.
No porque se vuelva perfecto de un día para otro…
Sino porque ya no piensa igual que antes.

Ahí está la evidencia silenciosa de la regeneración:
ya no amamos lo mismo.
Ya no celebramos lo mismo.
Ya no defendemos lo mismo.

La verdad comienza a ser amada aunque duela.
La mentira comienza a ser aborrecida aunque antes nos beneficiara.
La conciencia despierta.
El corazón se sensibiliza.
La mente se renueva.

Y entonces ocurre algo poderoso:
Lo que antes costaba demasiado, comienza a volverse natural.

Perdonar deja de ser una humillación y comienza a ser una necesidad del alma sana.
Tolerar deja de ser debilidad y comienza a ser evidencia de madurez espiritual.
Amar deja de ser interés y comienza a convertirse en naturaleza.

Porque nadie puede encontrarse verdaderamente con Cristo y seguir pensando exactamente igual.

El nuevo nacimiento cambia conversaciones, cambia deseos, cambia reacciones, cambia prioridades…
Pero sobre todo cambia la forma de interpretar la vida.

Por eso hay personas que antes destruían y ahora edifican.
Antes herían y ahora restauran.
Antes mentían y ahora aman la verdad aunque les cueste.
Antes odiaban y ahora oran hasta por quienes les hicieron daño.

Eso no lo produce la religión.
Eso lo produce la regeneración.

Y aunque todavía haya luchas internas, caídas o procesos difíciles, existe una diferencia evidente:
El corazón regenerado ya no puede vivir cómodo dentro de la oscuridad.

Pregunta importante:
¿Tu manera de pensar sigue siendo la misma de antes…
O ya comenzó en ti la renovación que produce el Espíritu Santo?

Porque donde hay nuevo nacimiento, tarde o temprano aparece una nueva manera de pensar.

El evangelio no solo cambia el destino eterno del hombre; también transforma la mente con la que vive cada día.

Pastor Ignacio Domingo Corcuera Peña desde México.

17/05/2026

Culto de alabanza y adoración domingo 17 de mayo 2026
Iglesia cristiana el remanente Nezahualcóyotl

La iglesia qué Dios soñó 2

17/05/2026

“Pedís, y no recibís, porque pedís mal…”
Santiago 4:3

El arte de saber pedir

Hay personas que creen que la oración consiste solamente en hablar.
Pero la Biblia enseña que también hay que aprender a pedir.
Porque no toda petición nace de una necesidad correcta, ni todo deseo está alineado con la voluntad de Dios.
Muchos se frustran con el silencio del cielo, cuando en realidad el problema no está en la respuesta…
Sino en la pregunta.
No está en la mano de Dios…
Sino en el corazón del que pide.
Jesús dijo:

“Y todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, lo haré…”
Juan 14:13

Pero también está escrito:

“Pero pida con fe, no dudando nada; porque el que duda es semejante a la onda del mar…
No piense, pues, quien tal haga, que recibirá cosa alguna del Señor.”
Santiago 1:6-7

Ahí está el arte de saber pedir.
Porque hay quienes piden desde el capricho.
Otros desde la desesperación.
Otros desde la ambición.
Y algunos piden cosas correctas…
Pero con un corazón incorrecto.
Dios no solamente escucha palabras.
Dios examina intenciones.
A veces pedimos alivio, cuando Dios quiere formar carácter.
Pedimos puertas abiertas, cuando Dios todavía está trabajando en nuestra madurez.
Pedimos rapidez, mientras Dios está enseñándonos dependencia.
Y entonces nos confundimos.
Pensamos que Dios no responde.
Pero muchas veces Dios sí respondió…
Solo que respondió con sabiduría y no con emoción.
Hay peticiones que nacen del ego.
Hay peticiones que nacen del miedo.
Y hay peticiones que nacen de una comunión verdadera con Dios.
Por eso orar no es solamente hablar mucho.
Orar es aprender a alinearse.
Porque el verdadero poder de la oración no está en convencer a Dios de hacer mi voluntad…
Sino en permitir que mi corazón aprenda a desear la Suya.
Pregunta clave:
¿Qué estoy pidiendo…
Y desde dónde lo estoy pidiendo?
Porque el cielo no responde únicamente al sonido de la voz.
El cielo también responde a la condición del alma.
Y cuando el corazón madura, las oraciones cambian.
Ya no se pide solamente
“lo que quiero”.
Se empieza a pedir:
“Señor, dame lo que necesito aunque no se parezca a lo que imaginé”.
Ahí comienza la verdadera fe.
Ahí comienza el arte de saber pedir.
Porque hay bendiciones que llegan por misericordia…
Pero hay otras que solamente llegan cuando aprendemos a pedir conforme al corazón de Dios.
La oración madura no busca torcer la voluntad de Dios; busca transformar el corazón del que ora.

Pastor Ignacio Domingo Corcuera Peña desde México.

16/05/2026

“Por lo cual, desechando la mentira, hablad verdad cada uno con su prójimo; porque g somos miembros los unos de los otros.”
Efesios 4:25

EL PODER DE HABLAR LA VERDAD

La verdad incomoda…
Pero también libera.
Porque una mentira puede evitar un problema momentáneo, pero destruye lentamente la confianza, el alma y la paz.

Vivimos en un tiempo donde muchos maquillan lo que sienten, esconden lo que hacen y disfrazan lo que son.
Sonríen por fuera mientras se rompen por dentro.
Prometen con los labios lo que jamás sostendrán con el corazón.

Y ahí es donde la vida comienza a fracturarse.

Porque la mentira no solo engaña a otros…
También termina engañando al que la dice.
Poco a poco la conciencia se endurece, el corazón pierde sensibilidad y la verdad empieza a sentirse incómoda.

Pero Dios nunca ha trabajado a través de la mentira.
La serpiente engañó.
Judas fingió.
Ananías y Safira aparentaron.
Y cada vez que la mentira tomó el control, la destrucción apareció detrás de ella.

La verdad, en cambio, tiene poder aunque duela.
La verdad confronta, corrige, limpia y restaura.
La verdad rompe cadenas invisibles.
La verdad sana relaciones.
La verdad devuelve dignidad.

Hay personas que siguen atrapadas no porque Dios no quiera ayudarlas, sino porque todavía no quieren hablar con verdad.
Porque mientras escondas la herida, nadie podrá sanarla.
Mientras disfraces el pecado, jamás podrás vencerlo.
Mientras niegues la realidad, seguirás preso de ella.

Escucha esto:
Decir la verdad no te hace débil.
Te hace libre.

Hay verdades que cuestan lágrimas, orgullo, amistades o comodidad…
Pero aun así valen la pena.
Porque una verdad dolorosa puede salvar una vida, mientras una mentira agradable puede destruirla lentamente.

Y también existe otra verdad que muchos olvidan:
Hablar verdad no significa herir brutalmente a otros.
La verdad sin amor se convierte en arrogancia.
Pero el amor sin verdad se convierte en hipocresía.

Cristo habló verdad…
Pero también extendió gracia.
Confrontó el pecado, pero levantó al caído.
Nunca maquilló el mal, pero tampoco destruyó al arrepentido.

Por eso hoy Dios sigue buscando personas transparentes, íntegras y valientes.
Gente que no tenga dos rostros.
Gente cuya palabra tenga peso.
Gente que prefiera perder una ventaja antes que perder la verdad.

Porque cuando la verdad gobierna tu boca…
La paz comienza a gobernar tu vida.

No uses tus labios para aparentar una vida que no tienes.
Usa tu voz para caminar en libertad.

La mentira sostiene apariencias; la verdad construye destinos.

Pastor Ignacio Domingo Corcuera Peña desde México.

14/05/2026

“Vuélveme el gozo de tu salvación,
Y espíritu noble me sustente.”
Salmos 51:12

EL GOZO DE LA SALVACIÓN NO DEPENDE DE LAS CIRCUNSTANCIAS

Hay una diferencia enorme entre vivir feliz…
Y vivir con el gozo de la salvación.

La felicidad humana depende de lo que pasa afuera.
El gozo de la salvación nace de lo que Dios hizo adentro.

Por eso hay personas que tienen dinero, salud, comodidad y reconocimiento…
Pero viven vacías.
Y también hay hombres y mujeres que atraviesan enfermedad, escasez, traiciones y dolores profundos…
Pero siguen teniendo paz, esperanza y fortaleza.

Porque el gozo de la salvación trasciende las circunstancias.

Cuando un hombre tiene conciencia de que fue perdonado, reconciliado con Dios y hecho heredero de la vida eterna, algo cambia dentro de él.
La eternidad comienza a pesar más que lo momentáneo.

Entonces la pobreza ya no se mira como condena eterna.
El desempleo deja de verse como destrucción definitiva.
La enfermedad pierde su capacidad de gobernar el alma.
La crítica, la difamación y las agresiones personales se vuelven temporales frente a una gloria eterna.

Y no significa que no duela.
Claro que duele.

Pero el dolor ya no tiene la última palabra.

El problema comienza cuando el pecado apaga el gozo de la salvación.
Porque cuando el corazón se enfría, la gracia deja de admirarse y el alma empieza a llenarse de queja, murmuración y amargura.

El que pierde el gozo de la salvación comienza a mirar la vida solo desde la tierra.
Todo le pesa.
Todo le amarga.
Todo le ofende.
Todo le parece injusto.

¿Por qué?
Porque olvidó que su verdadera ciudadanía está en los cielos.

Cuando el rey David pecó, sintió qué algo se rompía dentro de él, su hijo murió, y hubo consecuencias graves en su vida, pero solo una le preocupaba fundamente, según lo expresa él mismo, en el salmo 51.

David no pidió riquezas cuando cayó.
No pidió poder.
No pidió fama.
Pidió algo más importante:

“Vuélveme el gozo de tu salvación”.

Porque entendió que un hombre puede sobrevivir sin muchas cosas…
Pero no puede vivir espiritualmente cuando pierde el gozo de haber sido salvado.

Y aquí hay algo poderoso:

Aun una enfermedad crónica, degenerativa o terminal pierde su dominio absoluto cuando el alma permanece en el gozo de la salvación.
Porque ninguna enfermedad tiene connotaciones eternas.

El cuerpo puede desgastarse, pero la esperanza permanece viva.

Y entonces aparece algo sobrenatural:
Una resiliencia
(capacidad humana para asumir con flexibilidad situaciones límite, sobreponerse a ellas e incluso salir fortalecido de las mismas).
Fortalecida por el Espíritu Santo, una longanimidad
(virtud de mantener la grandeza de ánimo, constancia y paciencia serena ante la adversidad, las dificultades o la espera prolongada de un bien).
Que no nace de la capacidad humana, sino de la presencia de Dios sosteniendo el corazón, es fruto del Espíritu Santo.

Por eso hay creyentes que lloran…
Pero no se derrumban.
Que sufren…
Pero no blasfeman
Que experimentan dolor...
Pero no se quejan.
Que enfrentan el valle…
Pero siguen adorando.

Porque cuando el gozo de la salvación permanece vivo, la eternidad ilumina incluso los días más oscuros.

La enfermedad puede tocar el cuerpo,
la traición puede herir el corazón,
la pobreza puede golpear la vida…
Pero nada de eso puede destruir a un alma que todavía se goza en haber sido salvada por Cristo.

Pastor Ignacio Domingo Corcuera Peña desde México.

14/05/2026

“Compra la verdad, y no la vendas;
La sabiduría, la enseñanza y la inteligencia.”
Proverbios 23:23

CUANDO ELORGULLO QUIERE TENER LA RAZÓN

Hay personas que no buscan la verdad…
Buscan ganar.
No escuchan para entender; escuchan para responder.
No dialogan para crecer; discuten para imponerse.

Y ahí comienza el peligro del alma.

Porque cuando el ego se sienta en el trono del corazón, la verdad deja de ser una luz…
Y se convierte en una amenaza.
Entonces el hombre empieza a defender opiniones aunque estén equivocadas, solo para no admitir que estaba mal.

Y qué triste es cuando el orgullo pesa más que la realidad.

La verdad no necesita maquillaje.
No necesita aplausos.
No necesita que alguien la modifique para sentirse válida.
La verdad simplemente es.

Pero el hombre orgulloso intenta añadirle lo que le conviene y quitarle lo que le confronta.
Quiere adaptar la verdad a su deseo, en vez de adaptar su vida a la verdad.

Y ahí nace la insensatez.

Porque tener la razón no siempre significa estar en la verdad.
Hay quienes argumentan bien…
Pero viven mal.
Hay quienes hablan fuerte…Pero están vacíos.
Hay quienes vencen discusiones…
Mientras pierden el alma.

La razón solo es correcta cuando la verdad la sostiene.
Fuera de la verdad, la razón se convierte en arrogancia disfrazada de inteligencia.

¡Y cuidado con eso!

Porque el orgullo es capaz de hacer que el error se sienta justo, que la soberbia se disfrace de firmeza y que la necedad pretenda ocupar el lugar de la verdad.

Por eso el hombre sabio no dice:
“quiero tener la razón”.
Dice:
“quiero conocer la verdad, aunque me incomode”.

Porque la verdad no fue creada para acariciar el ego.
Fue dada para transformar el corazón.

Pregunta importante:
¿Defiendes la verdad…
O solamente defiendes tu orgullo?

Porque quien ama verdaderamente la verdad, también aprende a reconocer cuando se equivocó.

Y ahí hay grandeza.
Ahí hay madurez.
Ahí hay sabiduría.

No todo el que insiste tiene razón.
A veces solo tiene orgullo.
Y cuando el orgullo habla demasiado, la verdad termina siendo silenciada.

Lo que la insenzatez ignora, es que Jesús afirma ser la verdad, y eso, le da peso eterno a la verdad, finalmente es mejor tener la verdad que tener la razón

Pastor Ignacio Domingo Corcuera Peña desde México.

13/05/2026

“De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas.”
2 Corintios 5:17

LA SALUD ESPIRITUAL NO SE FINGE…
SE NACE

Hay personas que aprendieron a parecer sanas espiritualmente, pero nunca nacieron de nuevo.
Conocen cantos, conocen rutinas, conocen lenguaje religioso…
Pero no conocen la transformación interna que produce Cristo.
Y aquí está el problema:
Muchos creen que asistir a un lugar de culto es señal de salud espiritual, cuando la verdadera salud del alma no nace de la costumbre, sino del nuevo nacimiento.
Porque una cosa es congregarse…Y otra muy distinta es haber sido regenerado por el Espíritu Santo.
El enfermo espiritual puede levantar las manos, puede emocionarse, puede incluso hablar de Dios…
Pero sigue vacío por dentro, porque la vida de Cristo aún no gobierna su interior.
La salud espiritual no es maquillaje religioso.
La salud espiritual es evidencia de vida nueva.
El que ha nacido de nuevo comienza a respirar distinto, a pensar distinto, a reaccionar distinto, a sentir hambre por Dios, a amar la verdad, a odiar el pecado, a buscar la santidad.
¿Por qué?
Porque la nueva criatura no puede vivir cómoda en la muerte espiritual.
La salud espiritual es el fruto natural de Cristo viviendo dentro del hombre!
Por eso Jesucristo no vino solamente a mejorar conductas; vino a resucitar mu***os espirituales.
Muchos quieren síntomas de santidad, pero sin pasar por la cruz.
Quieren paz, pero sin arrepentimiento.
Quieren vida nueva, sin morir al viejo hombre.
Y eso es imposible.
La salud espiritual comienza cuando Cristo deja de ser una figura externa y se convierte en la fuente interna de nuestra vida.
El nuevo nacimiento cambia la raíz, y cuando la raíz cambia, también cambia el fruto.
Por eso hay creyentes que no necesitan aparentar espiritualidad; la vida de Cristo simplemente fluye en ellos.
Su manera de hablar, de perdonar, de resistir, de amar, de perseverar…
Todo revela que algo sobrenatural ocurrió dentro de ellos.
Pregunta hoy a tu alma:
¿Estoy sosteniendo una apariencia…
O verdaderamente he nacido de nuevo?
Porque la religión puede enseñar comportamiento, pero solamente Jesucristo puede impartir vida.
Y donde Cristo gobierna, la salud espiritual comienza a florecer.
No todo el que entra a un templo está vivo espiritualmente;
pero todo el que nace de Cristo comienza a manifestar Su vida.

Pastor Ignacio Domingo Corcuera Peña desde México.

12/05/2026

“Y sean agradecidos.”
Colosenses 3:15

La ingratitud que se disfraza de espiritualidad

La gratitud no es solamente educación.
Es la capacidad de reconocer el bien recibido y responder correctamente a él.

El corazón agradecido reconoce, valora y honra.

Pero existe una forma peligrosa de ingratitud:
La ingratitud auto justificada.

Es aquella que recibe ayuda, recibe apoyo, recibe tiempo, recibe amor, recibe oportunidades…
Pero busca argumentos para no agradecer.

Algunos dicen:
“Yo solo le doy gracias a Dios, porque toda buena dádiva viene de Él.”

Y sí…
Es verdad.
Toda buena dádiva viene de Dios.

Pero también es verdad que Dios usa personas.
Usa manos. Usa corazones.
Usa instrumentos humanos para bendecir nuestra vida.

Y cuando alguien no puede reconocer eso, muchas veces no está defendiendo una doctrina…
Está justificando la ingratitud que hay en su corazón.

Porque es más fácil sospechar que agradecer.

“Seguro tiene doble intención.”
“Algo quiere.”
“No creo que lo haga de corazón.”
“Debe tener agenda oculta.”

Y así, para no sentirse comprometidos con la honra, terminan deshonrando el bien recibido.

La Biblia dice:

“Paguen a todos lo que deban:
Al que tributo, tributo; al que impuesto, impuesto; al que respeto, respeto; al que honra, honra.”
Romanos 13:7

Dios nunca enseñó una espiritualidad fría e indiferente.
Nunca enseñó a recibir sin valorar.
Nunca enseñó a usar a las personas y luego ignorarlas.

Hay gente que quiere las bendiciones…
Pero no quiere practicar la gratitud.

Y el problema de la ingratitud es que endurece el alma.
Porque quien deja de reconocer el bien recibido, también deja de valorar a quienes Dios pone en su camino.

Ser agradecido no te hace débil.
No te hace manipulable.
No te hace menos espiritual.

Te hace honorable.

Hay personas que fueron respuesta de Dios para tu vida.
Tal vez imperfectas.
Tal vez humanas.
Tal vez con errores.
Pero aun así, Dios las usó para ayudarte.

Y cuando reconoces eso con humildad, tu corazón permanece sano.

Guarda ésta frase en tu corazón:

Quien solo agradece a Dios para no agradecerle a nadie, muchas veces no está mostrando espiritualidad…
Está escondiendo ingratitud.

Pastor Ignacio Domingo Corcuera Peña desde México.

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