01/12/2025
Al entrar Jesús en Cafarnaúm, se le acercó un centurión suplicándole: “Señor, mi criado está en cama totalmente paralizado y sufre terriblemente”. Jesús le dijo:
“Yo iré a sanarlo“. El centurión contestó: “¿Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo; basta que lo digas de palabra y mi criado quedará sano”.
Jesús se quedó admirado, y dijo: “Les aseguro que no he encontrado a nadie en Israel con tanta fe“.
Mateo 8, 5-8. 10
El creyente adulto es aquel que cree entregándose; es decir, es aquel que sale de sí mismo corre todos los riesgos, confía, permite, se entrega.
Supera todas las distancias y limitaciones, saliéndose de sí mismo, se descuelga de todos los asideros intelectuales que le proporciona el raciocinio, y da el gran salto en el vacío abandonándose en el absolutamente “Otro”.
Es salto en el vacío porque el creyente abandona las “razones” y se deja caer en esa sima profunda que es el misterio.
Sin duda, la fe, es don, el primer don de parte de Dios.
De parte del creyente es un hermoso acto de gratuidad.
En plena oscuridad, se lanza en los brazos del Señor, sin tener otra seguridad que su Palabra.
En la fe no hay claridad pero sí seguridad.
Extractado del L. Muéstrame tu Rostro
P. Ignacio Larrañaga
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