29/01/2026
En vez de mirar tus cicatrices externas y sentir las internas con resentimiento, ira o tristeza, mejor pregúntate qué dicen esas marcas acerca de Dios y ya no tanto acerca de ti; sabrás entonces que hablan más de Su gracia y fidelidad, de cómo te sostuvo en momentos de angustia y de cómo nunca te abandonó cuando ya no tenías fuerzas para acércate a Él. Como creyentes y Sus hijos, debemos marcar la diferencia y dejar que nuestras heridas sanadas hablen más fuerte que nuestras palabras. Es difícil, pero en Él es posible.
Si hay una herida que aún te lastima, recuerda que no estás solo y que tus cicatrices no te definen ni te califican, dado que son parte de tu historia y testimonio. Este es un buen momento para que cultives gratitud, amplíes tu perspectiva y profundices en la Palabra de Dios, porque esas marcas son la prueba de Su fidelidad y pueden ser de bendición para alguien más.