La devoción a Teresita crece rápidamente y es acompañada por testimonios de curaciones físicas y conversiones. Pronto es necesario colocar rejas de hierro que protejan la tumba de los peregrinos que desean llevarse flores o tierra de su sepultura. El papa San Pío X responde al clamor de miles de fieles que le piden se abra lo más pronto posible el proceso de Beatificación y Canonización de Sor Ter
esa del Niño Jesús, el 14 de junio de 1914 es introducida oficialmente su causa. En la Ciudad del Vaticano, el papa Pío XI manda celebrar por todo lo alto la canonización de Teresa y pide que toda la fachada de la Basílica de San Pedro sea decorada con miles de velas de sebo que la iluminaran en la noche. Teresa del Niño Jesús es canonizada el 17 de mayo de 1925, a la ceremonia asistieron medio millón de personas. El papa Pío XI la llama la "estrella de su pontificado". En 1927 es proclamada patrona de las misiones pese a no haber abandonado nunca el convento, pero siempre rezaba por los misioneros y siempre fue su deseo ardiente el serlo hasta en los últimos confines de la tierra. Edificada en su honor, la Basílica de Santa Teresa, en Lisieux, es uno de los edificios religiosos más grandes de Francia y el segundo lugar de peregrinación más importante del país. El 19 de octubre de 1997, durante las celebraciones del primer centenario de su muerte, el papa San Juan Pablo II la proclamó Doctora de la Iglesia Universal, siendo la tercera mujer en recibir ese título. Durante la ceremonia de la proclamación de su Doctorado, el papa le concedió el título de “Doctor Amoris” (Doctora del Amor) y afirmó sobre la santa:
“Su enseñanza no sólo es acorde con la Escritura y la fe católica, sino que también resalta por la profundidad y la síntesis sapiencial lograda. Su doctrina es, a la vez, una profesión de la fe de la Iglesia, una experiencia del misterio cristiano y un camino hacia la santidad. Teresa ofrece una síntesis madura de la espiritualidad cristiana: une la teología y la vida espiritual, se expresa con vigor y autoridad, con gran capacidad de persuasión y de comunicación, como lo demuestra la aceptación y la difusión de su mensaje en el pueblo de Dios.”
En la misma ceremonia también aseguraría:
“Así pues, con razón se puede reconocer en la santa de Lisieux el carisma de Doctora de la Iglesia, tanto por el don del Espíritu Santo, que recibió para vivir y expresar su experiencia de fe, como por su particular inteligencia del misterio de Cristo. En ella confluyen los dones de la ley nueva, es decir, la gracia del Espíritu Santo, que se manifiesta en la fe viva que actúa por medio de la caridad”.