03/12/2025
Hoy celebramos a San Francisco Javier, patrono de los Misioneros.
Este santo nació cerca de Pamplona (España) en el castillo de Javier, en el año de 1506.
Su padre era un ilustre jurista que ostentó cargos relevantes en el reino y en la estirpe de su madre se hallaban varios reyes. A diferencia de sus 2 hermanos varones, Francisco Javier no quiso seguir la carrera de las armas, sino la eclesiástica. Fue ordenado sacerdote en Roma el año 1537, y se dedicó a obras de caridad.
En su juventud estudió en la Universidad de París, y estando allí, conoció a San Ignacio de Loyola con quien estableció una sólida y bonita amistad. San Ignacio le repetía constantemente la famosa frase de Jesucristo: "¿De qué le sirve a un hombre ganar el mundo entero, si se pierde a sí mismo?" y fue justamente esta amistad y las frecuentes pláticas e intensas oraciones lo que transformó por completo a San Francisco Javier, quien fue uno de los 7 primeros religiosos con los cuales San Ignacio fundó la Compañía de Jesús o Comunidad de Padres Jesuitas.
El Papa Pío X nombró a San Francisco Javier como Patrono de todos los misioneros porque fue sin duda uno de los misioneros más grandes que han existido, siendo llamado el "Gigante de la historia de las Misiones".
San Francisco Javier comenzó a ser misionero a los 35 años y murió tan solo 11 años después. En once años recorrió la India (país inmenso), el Japón y varios países más. Su deseo de ir a Japón era tan grande que exclamaba: "si no consigo barco, iré nadando". Defendió los derechos de los esclavos y oprimidos, vivió expuesto a incontables peligros; nunca se desanimó. Fue un verdadero héroe misional.
Además, era un excepcional catequista; dejaba a los niños ensimismados escenificando el Evangelio y envolviendo su labor con cánticos y oraciones.
Su gran anhelo era poder misionar y convertir a la gran nación china. Pero en ese lugar estaba prohibida la entrada a los blancos de Europa.
Al fin consiguió que el capitán de un barco lo llevara a la isla desierta de San Cian, a 100 kilómetros de Hong - Kong, pero allí lo dejaron abandonado, se enfermó y consumido por la fiebre, murió el 3 de diciembre de 1552, pronunciando el nombre de Jesús, la edad de 46 años.
Dice la tradición que en el castillo de Javier, el Cristo «sonriente», ante el que oraba siempre su familia, lloró su muerte.
Años más tarde, sus compañeros de la Congregación quisieron llevar sus restos a Goa, y encontraron su cuerpo incorrupto, conservándose así hasta nuestros días.
San Francisco Javier fue declarado santo por el Sumo Pontífice en 1622 junto con Santa Teresa, San Ignacio, San Felipe y San Isidro.
Es considerado el apóstol de las Indias. Además, es el patrón de las misiones, junto con Santa Teresita del Niño Jesús.