22/05/2026
Devocional 22 Mayo 2026
Hechos 11:9 Entonces la voz me respondió del cielo por segunda vez: Lo que Dios limpió, no lo llames tú común. 10 Y esto se hizo tres veces, y volvió todo a ser llevado arriba al cielo. 11 Y he aquí, luego llegaron tres hombres a la casa donde yo estaba, enviados a mí desde Cesarea. 12 Y el Espíritu me dijo que fuese con ellos sin dudar. Fueron también conmigo estos seis hermanos, y entramos en casa de un varón.
El capítulo 11 del libro de los Hechos relata la visión que tuvo Pedro en la que se le mostraba que los gentiles también eran dignos de recibir la salvación a través de la fe en Jesucristo. Cuando Pedro volvió a Jerusalén después de predicar a los gentiles, algunos de los hermanos de la iglesia le criticaron por haber entrado en la casa de incircuncisos y haber comido con ellos. Fue en ese contexto que Pedro explicó lo sucedido en Cesarea y mencionó el versículo 11: "En aquel instante llegaron tres hombres a la casa donde yo estaba, enviados a mí desde Cesarea". La visión que tuvo Pedro en este pasaje es un momento clave en la historia de la iglesia cristiana. A través de ella, Pedro comprendió que la salvación por medio de Jesús era para toda la humanidad, tanto judíos como gentiles. Pedro entendió que la ley de Moisés no era un impedimento para que los gentiles pudieran acercarse a Dios, sino que era la fe en Jesús lo que los salvaría. Esto permitió que la iglesia se expandiera más allá de las fronteras judías y llevara el mensaje de salvación a los no judíos. El papel de Pedro como líder de la iglesia fue vital en esta situación. Pedro, un judío, tenía que decidir si aceptaba o no la posibilidad de que los gentiles también pudieran ser salvos. Él tuvo la oportunidad de experimentar la redención de los gentiles y, al relatar su experiencia, abrió las puertas para la expansión del evangelio entre los gentiles.
La historia de Pedro y su encuentro con los gentiles nos invita a reflexionar sobre nuestras propias barreras internas y los prejuicios que a menudo nos limitan. Al igual que él, podemos encontrarnos en situaciones donde se nos desafía a abrir el corazón y la mente hacia lo desconocido. Cada vez que tomamos la decisión de ser receptivos y compasivos, a pesar de nuestras dudas, no solo estamos permitiendo que otros experimenten el amor de Dios, sino que también estamos dando un paso hacia nuestra propia transformación. En este viaje de fe, cada encuentro inesperado se convierte en una oportunidad valiosa para sembrar esperanza y crear conexiones significativas, recordándonos que la gracia no tiene fronteras.