18/06/2026
Reflejos del Pasado
La homosexualidad puede ser desencadenada o influenciada por un proceso obsesivo. Hay muchos casos de obsesión sexual en los que el individuo es arrastrado a una relación con alguien de su misma polaridad física. El adversario desencarnado, que fue profundamente herido por su víctima de ahora, induce a este individuo a una relación homosexual que es angustiante para él. El objetivo es cobrar la deuda provocando agresiones al equilibrio sexual del deudor. Como este Espíritu está imantado al campo del aura de su huésped psíquico, comienza a experimentar las sensaciones, emociones y deseos de aquel a quien manipula, incluso en los momentos de la relación sexual que la víctima establece con un compañero.
En los años 1970, me buscó en la Mansión del Camino un joven que era un poco más grande que yo y que ocupaba una posición social relevante en la ciudad de Salvador. Se sentía homosexual y afirmaba sufrir un grave prejuicio. Todo prejuicio es siempre cruel, pero en aquel tiempo era aún más doloroso que hoy, recalcando que mucho de lo que se combatía públicamente también se practicaba a escondidas, lo que hace el fenómeno aún más lamentable porque era aumentado por una buena dosis de hipocresía.
De esta forma, el muchacho me habló sobre su orientación homosexual y me contó algo aterrador. Afirmó que ya había consultado a un psicólogo, que le había recomendado asumir sus deseos sin temor. Pero él estaba casado y tenía hijos, lo que le añadía un mayor sufrimiento a su drama personal. Por cierto, su mujer había buscado el matrimonio exactamente para poder esconder su conflicto. Además, ocupaba un puesto relevante en la sociedad, una posición destacada en la empresa y el respeto de sus familiares.
Su historia se produjo en los siguientes términos:
— Divaldo, hay días en que me sube un ansia, una fiebre, un tormento... ¡Y salgo a cazar! Como soy una persona de sociedad, de cierto nivel cultural, tengo mi propio estándar. Entonces voy al club que frecuento o voy a ciertos lugares donde encuentro gente de mi nivel social. Pero cuando no encuentro compañía la desesperación me asalta y voy bajando de nivel socio-intelecto-moral hasta que, por las calles, encuentro aventureros a quienes pago para satisfacerme. Cuando termino me llega la idea del suicidio. ¡He llegado a lo máximo de la degradación! ¡Deseo matarme porque sé que no tengo el valor de enfrentar a mis hijos! ¡Es un conflicto terrible!
Cuando él resolvía buscar aventuras y luego volvía a casa, después del surto (palabra que él mismo utilizó), se sentía sucio y prefería acostarse en el suelo en lugar de dormir en la cama. Justificaba este comportamiento con su esposa afirmando que estaba haciendo una penitencia. Por más que se bañara con minuciosidad, nada lo hacía sentirse higienizado. Su sufrimiento era agravado por el hecho de preocuparse en no revelar nada a sus hijos.
Lo aconsejé mucho y le sugerí que se hiciera la terapia de los pases, la transmisión de la bioenergía. Le sugerí también que cuando estuviera muy desesperado, hiciera la aplicación del autopase, para que se sacara del centro cerebral del periespíritu (de la memoria, por lo tanto) los recuerdos degradantes. Eliminando las reminiscencias negativas y orando a Dios él sería socorrido.
Le dije que volviera a nuestra Casa, si lo deseaba, para que escuchara las reuniones, pues eso sería una psicoterapia. Recordemos que la reunión doctrinaria es una verdadera terapia de grupo, pues mientras estudiamos y aclaramos cuestiones diversas, estamos resolviendo dramas personales o colectivos.
Él volvió y se hizo asiduo, mejorando a lo largo de los meses. Después de varias semanas asistiendo a nuestra institución me dijo, eufórico:
- Divaldo, mis surtos, que eran semanales, están más espaciados. Llevo casi un mes sin tener ninguna crisis.
Divaldo Franco
Libro S**o y Conciencia
Organizado por Luiz Fernando Lopes