27/06/2026
Un autor llamado Henry Blackaby dice que Dios nos habla a través de su Espíritu Santo y que usa a la iglesia para darnos a conocer su voluntad. Esto es algo que estoy experimentando en los últimos días.
Esta semana un amado hermano De la Iglesia me dijo: Pastor, usted debe descansar, Dios manda que descansemos y no descuidemos nuestro cuerpo.
Al terminar el sermón del próximo domingo, me encuentro con este texto: “Pues todos los que han entrado en el descanso de Dios han descansado de su trabajo, tal como Dios descansó del suyo después de crear el mundo. Entonces, hagamos todo lo posible por entrar en ese descanso, pero si desobedecemos a Dios, como lo hizo el pueblo de Israel, caeremos. Hebreos 4:10-11
Cuando Jesús llegó a Jerusalén no entró en la ciudad buscando aplausos, sino que entró camino a la cruz. No llegó montado en un caballo mostrando un poderío militar, sino llegó montado en un pequeño burrito, entró con mansedumbre y misericordia. No vino a ocupar un trono, sino a cargar una cruz.
Ese era el precio que debía pagar para darnos descanso.
Eso era lo que se requería para asegurar nuestra redención.
Vino a intercambiar su lugar con nosotros. A quitar nuestra inquietud y darnos su paz. A quitar nuestra vergüenza y darnos su justicia. A cargar con el peso de nuestro pecado para que finalmente pudiéramos dejarlo atrás y tener un descanso para nuestras almas.
Y la invitación sigue vigente hoy: «Vengan a mí… y yo les daré descanso».
Qué bendición sería si en medio de una sociedad envuelta en el trabajo, la producción de recursos financieros y el crecimiento económico, el pueblo de Dios reflejara el descanso que nuestro Señor vino a darnos. El mundo desearía conocer al único Dios verdadero creador del cielo y de la tierra que descansó el séptimo día y así mandó a su pueblo que lo hiciera.