28/05/2026
La necesidad de congregarnos
Vivimos en tiempos tumultuosos, en una sociedad que está cada vez más informada pero menos involucrada. La cosmovisión postmoderna hace tiempo que dejó de ser algo solamente discutido en los círculos académicos, para formar parte de la vida del ciudadano latinoamericano o más bien, del ciudadano global. Este pensamiento promueve un hombre individualista y egocéntrico, que ve las relaciones sociales como intercambios de información más que conexiones con calidad humana. Generaciones de cristianos anteriores jamás hubiesen pensado en la posibilidad de no congregarse porque se entendía que ser cristiano sin ser parte del resto del cuerpo es como ser un pie que no quiere caminar atado al resto del cuerpo, porque entiende que él tiene lo que se requiere para caminar independientemente. Esta idea solo puede estar en la mente o de personas que no son hijos de Dios o de cristianos que aún no han ensanchado su mundo para darle cabida a otros.
Lamentablemente, este tipo de pensamiento individualista se ha hecho presente en la iglesia de Dios, llevando a muchos a creer que no hace falta congregarse para ser cristiano. Eso es cierto, de la misma manera que yo no tengo que vivir con mi esposa para estar casado. Pero si yo no estoy con mi esposa, no le visito y no le busco, yo no voy a tener una buena relación con ella, y probablemente termine hasta sin matrimonio. De esa misma manera, pudiéramos hablar de lo que ocurre cuando el cristiano decide llevar una relación con Dios divorciada de la institución (la iglesia) que Dios designó para nutrir nuestra relación con El.
La Palabra de Dios nos manda a congregarnos en Hebreos 10:25 «no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos unos a otros, y mucho más al ver que el día se acerca». Esto es un mandato; y no simplemente una sugerencia; por tanto, no debemos dejar de congregarnos.
Dios nos da dones y talentos, pero es en el contexto de la iglesia donde yo descubro es