29/08/2026
Martirio de San Juan Bautista
1 Cor 1, 26-31; Mc 6, 17-29
“Herodías odiaba a Juan y quería matarlo, pero no podía” (Mc 6, 22). Cuando el odio y la imprudencia se juntan, –“Pídeme lo que quieras y yo te lo daré”– (Mc 6, 22) se comenten grandes males, ya que, tanto el odio como la imprudencia pueden llevar a la muerte. La persona que odia, requiere de complices para destruir, es decir, el mal y odio de una persona es impotente mientras no encuentre aliados que carezcan de carácter, valor y prudencia. Herodías, –dice el texto– “no podía matar” (cf. Mc 6, 22) a Juan. Ella sola no podía matar, tuvo que involucrar incluso hasta su hija. “Quiero que ahora mismo me traigas en una bandeja la cabeza de Juan el Bautista” (Mc 6, 25). Llama la atención que la hija de Herodías no haya aceptado la mitad del reino que le prometía Herodes, y que haya preferido la cabeza de Juan. El odio lleva también a renunciar a los bienes materiales. El odio y el mal destruyen y pierden a quien se deja dominar por ellos. “El Señor conoce el camino de los justos y sabe que el camino de los malvados lleva a la ruina” (Sal 1, 6). ¿Cómo perseverar en el bien y no dejarse vencer o atemorizar por el mal? Es Dios es único que puede sostener y dar la fuerza, pues él es fiel (cf. 1 Cor 1, 9). “Dios, pues los fortalecerá hasta el fin, para que nadie los acuse en el día de nuestro Señor Jesuscristo. Fiel es Dios, que los ha llamado a entrar en comunión con su Hijo Jesucristo, nuestro Señor” ( 1 Cor 1, 8-9).
“No teman a los que matan el cuerpo, pero no pueden acabar con la vida; más bien teman a quien puede destruir la vida junto con el cuerpo en la Gehena” (Mt 10, 28).