12/07/2021
📖 Mateo 23:25-29
25 ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque limpiáis lo de fuera del vaso y del plato, pero por dentro estáis llenos de robo y de injusticia.
26 ¡Fariseo ciego! Limpia primero lo de dentro del vaso y del plato, para que también lo de fuera sea limpio.
27 ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque sois semejantes a sepulcros blanqueados, que por fuera, a la verdad, se muestran hermosos, mas por dentro están llenos de huesos de mu***os y de toda inmundicia.
28 Así también vosotros por fuera, a la verdad, os mostráis justos a los hombres, pero por dentro estáis llenos de hipocresía e iniquidad.
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Si había algo muy claro en la vida religiosa de los escribas y fariseos era su preocupación por las apariencias y esto los llevaba a enfocarse más en practicar rigurosamente algunas tradiciones y ritos que no contribuían en nada a la santidad y consagración a Dios y se olvidaban de limpiar su sucio corazón: ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque limpiáis lo de fuera del vaso y del plato, pero por dentro estáis llenos de robo y de injusticia. Aquí el Señor pone en evidencia uno de sus muchos ritos que sustituían lo más importante, la limpieza del corazón. La pureza ritual era importante para estos religiosos y ellos tenían todo un procedimiento para lavar las vasijas y platos fariseos, y esta es la de darle mayor importancia a los rituales y cuidados externos, olvidando limpiar el interior que es el alma y el corazón.
¡Ay de los que cuidan lo exterior y no limpian su interior!
Jesús les declara el verdadero problema a estos escribas y fariseos: ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque sois semejantes a sepulcros blanqueados, que por fuera, a la verdad, se muestran hermosos, más por dentro están llenos de huesos de mu***os y de toda inmundicia. Así también vosotros por fuera, a la verdad, os mostráis justos a los hombres, pero por dentro estáis llenos de hipocresía e iniquidad.
Para el tiempo de la pascua se solían mandar a blanquear los sepulcros de los cementerios con el fin de identificarlos y sirviese de señal a los judíos para no acercarse mucho a ellos, ya que, de acuerdo a la ley, tocar el hueso de un mu**to o un cadáver los volvía inmundos, y aparte de eso, los embellecían.
A lo lejos se veían hermosos pintados todos de blancos, pero en su interior había huesos de mu***os. así eran estos hombres, vestían ropas que los hacían parecer religiosos, ensanchaban sus filacterias y extendían sus flecos (Mateo 23:5), hacían largas oraciones en las plazas (Mateo 6:5), demacraban el aspecto de sus rostros para que los demás hombres viesen que ayunaban (Mateo 6:16), tocaban trompeta para que todos se dieran cuenta que daban limosnas (Mateo 6:2), cumplían sus complicados ritos de lavado de manos y platos (Lucas 11:37-41), y todo esto y mucho más lo hacían para ser vistos como justos, pero todo era pura hipocresía, un show externo que en nada contribuía a la limpieza de su corazón, porque por dentro estaban llenos de mentira, ira, lujuria, robo, engaño, homicidio y toda clase de injusticia. Ningún rito externo limpia el corazón del hombre y lo mas importante en el evangelio es la limpieza del alma, porque nada inmundo entrará en el reino de los cielos: “¿Quién subirá al monte de Jehová? ¿Y quién estará en su lugar santo? El limpio de manos y puro de corazón; el que no ha elevado su alma a cosas vanas, ni jurado con engaño”, (Salmo 24:3-4).
Muchas personas hoy en día viven cumpliendo ritos religiosos y piensan que por hacerlos se vuelven aceptos a Dios, pero no cambian su interior, ya que en ellos todavía existe hipocresía, envidia, mentira, celos, ira, odio y toda clase de inmundicia que los contamina delante de Dios.
Dios nos ha llamado a santificación y esta santificación se logra viniendo a los pies de Cristo en total arrepentimiento de pecados con un corazón dispuesto a abandonar todos los antiguos pecados y cuando esto es así, la sangre de Cristo nos limpia de todo pecado: “Si decimos que tenemos comunión con él, y andamos en tinieblas, mentimos, y no practicamos la verdad; pero si andamos en luz, como él está en luz, tenemos comunión unos con otros, y la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado.
Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros.
Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad”, (1 Juan 1:6-9).
Por medio de Cristo podemos llegar a limpiarnos de todas nuestras maldades y por medio de una vida temerosa en Dios y la obediencia a su palabra podemos llegar a reflejar la vida de aquellos que han sido renovados en el poder de su Santo Espíritu.
Jesús condenó a los fariseos y a los líderes religiosos por aparentar santidad en lo exterior y mantener en su interior corrupción y codicia.
Vivir nuestro cristianismo sólo como un espectáculo para otros es como lavar un vaso sólo por fuera. Cuando estamos limpios por dentro, nuestra limpieza exterior no será fingida.
👏 DIOS SIGA OBRANDO EN NUESTRAS VIDAS.
Amén