Oswaldo Alejandro Sánchez Soto

Oswaldo Alejandro Sánchez Soto Sacerdote Católico de la Arquidiócesis de Monterrey, Doctor en Derecho Canónico

FIESTA, JESUCRISTO SUMO Y ETERNO SACERDOTELectura del santo Evangelio según san Lucas 22, 14-20En aquel tiempo, llegada ...
28/05/2026

FIESTA, JESUCRISTO SUMO Y ETERNO SACERDOTE
Lectura del santo Evangelio según san Lucas 22, 14-20
En aquel tiempo, llegada la hora de cenar, se sentó Jesús con sus discípulos y les dijo: “Cuánto he deseado celebrar esta Pascua con ustedes, antes de padecer, porque yo les aseguro que ya no la volveré a celebrar, hasta que tenga cabal cumplimiento en el Reino de Dios”. Luego tomó en sus manos una copa de vino, pronunció la acción de gracias y dijo: “Tomen esto y repártanlo entre ustedes, porque les aseguro que ya no volveré a beber del fruto de la vid hasta que venga el Reino de Dios”.
Tomando después un pan, pronunció la acción de gracias, lo partió y se lo dio diciendo: “Esto es mi cuerpo, que se entrega por ustedes. Hagan esto en memoria mía”. Después de cenar, hizo lo mismo con una copa de vino, diciendo: “Esta copa es la nueva alianza, sellada con mi sangre, que se derrama por ustedes”.
Palabra del Señor.

REFLEXIÓN PBRO. OSWALDO ALEJANDRO SÁNCHEZ SOTO, PÁRROCO

Al celebrar hoy la fiesta de Jesucristo Sumo y Eterno Sacerdote no podemos dejar de dar gracias a Dios porque ha provisto todo para nuestra salvación ¡Cuántos bienes nos ha dado el Señor! ¡No ha dejado ningún cabo suelto! ¡No hay pretexto para no acercarse a él confiadamente pues él nos ha buscado primero: ha diseñado un plan de salvación, nos ha enviado a su Hijo para aniquilar el pecado y la muerte, nos ha transformado en sus hijos enviándonos al Espíritu, nos ha dejado en alimento el Pan de la Vida y, al celebrarla, manifestamos que nuestro Sumo Sacerdote no es inaccesible, es compasivo y misericordioso abarcándolo todo: como Buen Pastor ha accedido hasta lo más profundo de nuestras miserias y ha accedido hasta el Cielo para llevarnos consigo hasta la presencia del Padre, y hasta su segunda venida, sigue estando con nosotros e intercediendo por nosotros y por eso exclamamos con gozo, en la Eucaristía, después de la Consagración: «anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección ¡Ven Señor Jesús!». También hoy es imprescindible referirse a los sacerdotes que participan del Sumo Sacerdocio de Cristo –presbíteros y obispos–. Somos sacerdos in aeternum, sacerdotes hasta la eternidad, porque el sacerdocio de Cristo –y él mismo– no pasarán jamás: él es eterno junto al Padre desde siempre y para siempre y habiendo resucitado y ascendido al Cielo, muestra constantemente sus llagas gloriosas al Padre, intercediendo por nosotros hasta que vuelva. Así, participando del Sacerdocio que no pasa nunca, los sacerdotes lo seremos aún después de la muerte ¡Oh qué gran don! Rebasa cualquier conocimiento y expectativa humana. Evidentemente el sacerdocio es para el servicio, donde los fieles deben dejarse servir, dejarse apacentar, corregir, guiar, sanar por su sacerdote, por eso, no es arrogancia ni contradicción lo siguiente: conviene a los fieles querer a su sacerdote y respetarlo aunque a veces su humanidad no deje brillar como debiera el don que lleva dentro –llevamos un tesoro en vasos de barro– a mí eso me ha salvado la vida desde niño: yo no sería sacerdote si no me hubiera dejado guiar y hasta corregir por mi sacerdote de mi parroquia además de quererlo. Cuando te apacienta tu sacerdote es el Sumo Sacerdote mismo quien te apacienta. Gran tragedia cuando en algunas parroquias o grupos parroquiales piensan que pueden prescindir del sacerdote «¡bah, ese va de paso, uno es el que se queda! ¡bah! ¿Por qué nos riñe el padre, si no tiene mayor importancia lo que dice?» ¿no te has puesto a pensar que él, por su unción, ve lo que necesita tu alma aunque tú no lo veas? Recordemos todos: sin sacerdocio no hay Eucaristía, sin Eucaristía la Iglesia no camina, no hay Iglesia, pues la Iglesia vive de la Eucaristía, de los sacramentos y de la Palabra que los sacerdotes nos sirven, así como de su oración.
También es justo y necesario decir lo siguiente: hago una solemne y más sincera petición de perdón por las flaquezas de mí mismo y de mis hermanos y suplico a Dios misericordia para que ella nos convierta, para que ella nos haga cada vez más semejantes al Buen Pastor. Pido por los fieles que se han decepcionado de su sacerdote y de la Iglesia ¡que el Buen Pastor les tome sobre sus hombros y les conceda ver más allá de los pecados de uno de los suyos y encuentren a muchos otros que sí dan la vida por las ovejas!
Eleva hoy una plegaria por la santificación de los sacerdotes que conoces y por los del mundo entero. Y no te olvides te esto: «Teniendo, pues, tal Sumo Sacerdote que penetró los cielos - Jesús, el Hijo de Dios - mantengamos firmes la fe que profesamos. Pues no tenemos un Sumo Sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras flaquezas, sino probado en todo igual que nosotros, excepto en el pecado. Acerquémonos, por tanto, confiadamente al trono de gracia, a fin de alcanzar misericordia y hallar gracia para una ayuda oportuna (Heb 4,14-16)».

SOLEMNIDAD DE PENTECOSTÉSEvangelio de la Vigilia (Juan 7, 37-39)El último día de la fiesta, que era el más solemne, excl...
23/05/2026

SOLEMNIDAD DE PENTECOSTÉS
Evangelio de la Vigilia (Juan 7, 37-39)
El último día de la fiesta, que era el más solemne, exclamó Jesús en voz alta: El que tenga sed, que venga a mí; y beba, aquel que cree en mí. Como dice la Escritura: Del corazón del que cree en mí brotarán ríos de agua viva.
Al decir esto, se refería al Espíritu Santo que habían de recibir los que creyeran en él, pues aún no había venido el Espíritu, porque Jesús no había sido glorificado.
Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor Jesús.

Evangelio del día (Juan 20, 19-23)
Al anochecer del día de la resurrección, estando cerradas las puertas de la casa donde se hallaban los discípulos, por miedo a los judíos, se presentó Jesús en medio de ellos y les dijo: “La paz esté con ustedes”. Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Cuando los discípulos vieron al Señor, se llenaron de alegría.
De nuevo les dijo Jesús: “La paz esté con ustedes. Como el Padre me ha enviado, así también los envío yo”. Después de decir esto, sopló sobre ellos y les dijo: “Reciban al Espíritu Santo. A los que les perdonen los pecados, les quedarán perdonados; y a los que no se los perdonen, les quedarán sin perdonar”.

REFLEXIÓN PBRO. OSWALDO ALEJANDRO SÁNCHEZ SOTO, PÁRROCO

Ha llegado Pentecostés, el Espíritu Santo es derramado en los Apóstoles y María. Ha nacido la Iglesia como el Sacramento de Salvación para la humanidad viviente en la plenitud de los tiempos (es la plenitud de los tiempos desde que la Eternidad ha irrumpido en el tiempo).
Este Espíritu ha enseñado a los primeros discípulos lo que faltaba y sigue instruyéndonos a nosotros; ha sellado en nuestros corazones nuestra dignidad: somos hijos de Dios porque tenemos el Espíritu del Hijo del Padre Creador, y si tenemos el mismo Espíritu del Hijo somos también nosotros hijos por adopción: «¡Abbá Padre! No tengo miedo ¡Ahora sé que me amas y me has llamado a ser testigo de tu amor!». En auxilio para dar nuestro sí al amor de Dios, viene el Espíritu Santo con sus siete dones: Sabiduría, que no es otra cosa que saber caminar por esta vida siguiendo la verdad, el Camino de la vida diseñado por Dios. Inteligencia: la mente y el espíritu humanos son abiertos y elevados para vivir en la fe y no en las simples luces e intuiciones humanas. Consejo: discernimiento en tu vida, aprendiendo a distinguir el mal del bien y a elegir el bien. Fortaleza: aunque vengan tormentas y tribulaciones, aunque sufras, tu casa no cae, no te derrumbas. Ciencia: el conocimiento del amor de Dios, la experiencia que vive los designios de Dios. Piedad: si Dios te da amor, tú das amor a Dios, le rindes culto, te atraen las cosas santas y buscas las cosas de arriba. Temor de Dios: principio de la Sabiduría es el temor de Dios y tienen buen juicio quienes lo practican. El Temor de Dios es dar alabanza, honor a Dios, temer perder el amor tan grande por la obstinación en el pecado, por la necedad de buscar la vida y la felicidad en las creaturas.
Cristo nos ha enseñado que lo más grande que podemos pedir, lo único necesario es el Espíritu Santo, ¡te bastaría con un solo don para poder caminar por esta vida y terminada tu peregrinación por este mundo llegaras a la Casa del Padre!
Este Espíritu es el Espíritu de Amor de Comunión, es Dios mismo. Con este amor se amaba la primera comunidad cristiana, y desde ese testimonio la gente se convertía y creía. Hermanos. Ha concluido la Pascua, ahora Cristo sigue caminando con nosotros en el envío de su Espíritu. Todo lo que toca el Espíritu Santo lo convierte en Cristo: toca el pan y el vino y los convierte en el Cuerpo y la Sangre del Señor, toca al bautizando con el agua bendecida y convierte a un ser humano, imagen y semejanza de Dios, en otro Cristo, en hijo de Dios. Toca a los esposos y los convierte en signo del amor de Cristo por su Iglesia y por la humanidad entera. Toca a un pobre hombre y lo convierte en sacerdote de la Nueva Alianza. Toca al enfermo y le da la fortaleza de Cristo uniendo sus sufrimientos a la Cruz de Cristo asociándolo a la obra redención del mundo. Toca al pecador y le devuelve la gracia perdida del bautismo reincorporándole al número de los que heredan la gloria y a la asamblea de los santos. La Iglesia sigue caminando vivificada por el Espíritu Santo. Vivamos con el amor mismo de Dios: perdonándonos de corazón cuando alguno tenga queja contra otro. Has sido llamado a la Iglesia, para anunciar la salvación a los pobres de quebrantado corazón. Ahora caminemos en nuestra historia firmes en la esperanza de la vida eterna que ya brilla en nuestros corazones. Amén.

18/05/2026
ASCENSIÓN DEL SEÑORDel santo Evangelio según san Mateo 28, 16-20En aquel tiempo, los Once Discípulos se fueron a Galilea...
16/05/2026

ASCENSIÓN DEL SEÑOR
Del santo Evangelio según san Mateo 28, 16-20
En aquel tiempo, los Once Discípulos se fueron a Galilea y subieron al monte en el que Jesús los había citado. Al ver a Jesús, se postraron, aunque algunos titubeaban. Entonces, Jesús se acercó a ellos y les dijo: “Me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra. Vayan, pues, y enseñen a todas las naciones, bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándolas a cumplir todo cuanto yo les he mandado; y sepan que yo estaré con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo”. Palabra del Señor.

REFLEXIÓN PBRO. OSWALDO ALEJANDRO SÁNCHEZ SOTO, PÁRROCO

Nuestro Rey nos ha comprado con su Sangre y desde su triple exaltación en la Cruz, en la Resurrección y en la Ascensión, nos solidariza con Él en su reinado, haciéndonos reinar con Él. En efecto, en esta triple elevación, Jesucristo nuestro Señor, nos hace levantar la mirada y no vivir ya encorvados en la tristeza de contemplar las cosas que se acaban «encorvado como estoy, Señor, no puedo mirar más que la tierra; enderézame, y mis miradas se dirigirán hacia los cielos (San Anselmo, Proslogion, 1)». Renacer de lo alto por la unción del Espíritu en el bautismo nos yergue y con la frente en alto buscamos las cosas de arriba; con los brazos abiertos buscamos al hermano como Cristo nos ha buscado.
¡Que el Templo antiguo sea destruido en Cristo para ser levantado en tres días (cfr. Mt 14, 57ss; 2Co 5, 1)! Es hora que el Rey esperado de Israel atraiga a todos hacia sí, nadie queda excluido, todos serán objeto de la misericordia de Dios.
¡Fijemos nuestra mirada en él en cada momento! ¡Pongámonos a sus pies contemplándolo en la cruz gloriosa! Y desde la contemplación subamos a nuestra propia cruz para que desposados con Cristo seamos transformados en una nueva creatura, es decir, que configurados con Cristo glorioso, podamos comprender las cosas del cielo –vida eterna, amor hasta el extremo a semejanza del amor de Cristo, bondad, verdad, amabilidad, dominio de sí–, y comprendiéndolas, ya no busquemos las cosas de la tierra, que se traducen en amor desordenado a las creaturas con el desorden propio del hombre sin esperanza: lujuria, avaricia, narcisismo, misantropía (aversión al prójimo), manipulaciones, en definitiva, en definitiva, el hombre viejo que solamente se conforma con las polillas brillantes de este mundo, sin sentido de eternidad en su vida, dejándose llevar por la marea, sobrevivir simplemente, dejando pasar el tiempo, viviendo por vivir, viviendo para sí mismo y, para no pensar en la terrible muerte, vivir enajenado en mil cosas y embriagándose de sí mismo:
«Queridísimos Hermanos, Hijos e Hijas, el hombre de hoy vive cada vez más en miedo[…] (por eso) se impone una respuesta fundamental y esencial, es decir, la única orientación del espíritu, la única dirección del entendimiento, de la voluntad y del corazón es para nosotros ésta: hacia Cristo, Redentor del hombre; hacia Cristo, Redentor del mundo. A Él nosotros queremos mirar, porque sólo en Él, Hijo de Dios, hay salvación, […] debemos tender constantemente a Aquel «que es la cabeza», a Aquel «de quien todo procede y para quien somos nosotros», a Aquel que es al mismo tiempo «el camino, la verdad» y «la resurrección y la vida», a Aquel que viéndolo nos muestra al Padre, a Aquel que debía irse de nosotros —se refiere a la muerte en Cruz y después a la Ascensión al cielo— para que el Abogado viniese a nosotros y siga viniendo constantemente como Espíritu de verdad. En Él están escondidos «todos los tesoros de la sabiduría y de la ciencia» (SAN JUAN PABLO II, REDEMPTOR HOMINIS, 15b. 7 b-c)».
¡Oh Cristo! Elevamos nuestra mirada hacia ti, y ya que tú has bajado del Cielo sin dejar de ser Uno con el Padre, abriéndonos las puertas de su Casa, concédenos ser uno contigo ¡Haznos volar hacia lo alto! ¡Llévanos contigo a la morada eterna que tú mismo nos has preparado!

10 DE MAYO: DÍA DE LAS MADRES EN MÉXICOPBRO. OSWALDO ALEJANDRO SÁNCHEZ SOTO, PÁRROCOEl ser mujer parte del ser humano: h...
10/05/2026

10 DE MAYO: DÍA DE LAS MADRES EN MÉXICO
PBRO. OSWALDO ALEJANDRO SÁNCHEZ SOTO, PÁRROCO

El ser mujer parte del ser humano: hagamos al ser humano a nuestra imagen como semejanza. No es por sí misma ni para sí misma. Ella, así como el varón, es creada en estado de apertura. Aquí radica su dignidad igualmente la del varón: hechos para la donación, para crear una íntima comunidad de amor y de vida semejante al ser de Dios que es Uno solo mas no solitario, es íntima comunidad de amor y de vida pues es Padre, Hijo y Espíritu Santo.
Así, Dios le dio al varón y a la mujer algo de sí mismo para que juntos se complementen. Precisamente hay tres palabras en el Antiguo Testamento que denotan la gracia otorgada por Dios a la mujer: han, hesed y rajamim (véase San Juan Pablo II, encíclica Dives in misericordia, n. 52). Han (del verbo hannan) denota inclinarse compasivamente y mirar con dulzura extrema «el Poderoso ha mirado la humillación de su esclava». Hesed es la entrega total del ser, sin reservas tal y como lo debería hacer un matrimonio cuando hacen el amor, tal y como Cristo lo ha dado todo en la cruz. Rajamim que se traduce literalmente en seno materno: «¿Cómo voy a dejarte? Mi corazón dentro de mí está trastornado y a la vez se estremecen mis entrañas (Os 11,8)». Estas entrañas concretamente son femeninas, más concretamente la matriz: «se estremece mi matriz de verte perdido».
Efectivamente, lo propiamente femenino, el genio femenino, tiene un signo elocuentísimo en su corporeidad: el vientre femenino es casa, es hospitalidad, es la belleza (esplendor, es luz) y la belleza consuela, sana, es la alegría. Es casa por su matriz, por sus brazos flexibles que pueden abrazar aún a las más duras y ásperas superficies. Dulzura, esperanza, generosidad, ternura, paciencia, compasión ¡vida donada sin condiciones!
«María es una expresión sacramental de la misericordia de Dios, es decir, del amor maternal con que Dios nos ama. María nos expresa el amor del Padre. En María, Dios nos ama con amor maternal. María es como un 'sacramento' -signo visible y eficaz- del amor que Dios nos tiene. María es un don e Dios a los hombres, es amor de Dios hacia nosotros (Severino María Alonso)».
¡FELIZ DÍA DE LAS MADRES!

VI DOMINGO DE PASCUA CICLO ADel santo Evangelio según san Juan 14, 15-21En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “S...
10/05/2026

VI DOMINGO DE PASCUA CICLO A
Del santo Evangelio según san Juan 14, 15-21
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Si me aman, cumplirán mis mandamientos; yo le rogaré al Padre y Él les enviará otro Consolador que esté siempre con ustedes, el Espíritu de verdad. El mundo no puede recibirlo, porque no lo ve ni lo conoce; ustedes, en cambio, sí lo conocen, porque habita entre ustedes y estará en ustedes. No los dejaré desamparados, sino que volveré a ustedes. Dentro de poco, el mundo no me verá más, pero ustedes sí me verán, porque yo permanezco vivo y ustedes también vivirán. En aquel día entenderán que yo estoy en mi Padre, ustedes en mí y yo en ustedes. El que acepta mis mandamientos y los cumple, ese me ama. Al que me ama a mí, lo amará mi Padre, yo también lo amaré y me manifestaré a él”. Palabra del Señor

REFLEXIÓN PBRO. OSWALDO ALEJANDRO SÁNCHEZ SOTO, PÁRROCO

Es real, no una metáfora, la presencia del Amor, del Espíritu en medio de nosotros y en nuestro interior, que nos fortalece, sana nuestras heridas, nos alimenta, nos hace oblación agradable al Padre como un sacrificio de alabanza desde que sale el sol hasta el ocaso y nos hace ser uno con Cristo y en él uno con el Padre y el Espíritu, puesto que son uno en el Amor y unidos a Cristo podemos hacer las mismas obras que él hace: él venció la muerte, tú también puedes caminar sobre las aguas de tus problemas, enfermedades, decepciones, frustraciones e injusticias; él venció el miedo, tú también, unido a Cristo puedes vencer cualquier dificultad porque todo lo podemos en Aquél que nos conforta; él fue misericordioso, tú también puedes tener entrañas que se estremecen ante el sufrimiento del otro, ante la desgracia de los pecados de los demás sin juzgarles, más bien cargando sobre ti los pecados de los demás y amando inclusive al mismo enemigo, porque así como a Cristo nuestro Maestro nadie le quita la Vida porque él es la Vida, tiene poder para darla y poder para recuperarla, a nosotros nadie nos puede quitar la vida. Esta unión con Cristo, ser morada de Dios, es precisamente nuestra paz. El Sacramento para permanecer unido a Cristo es la Eucaristía, donde el Señor repara tus fuerzas, te da Vida Eterna y te lleva por el Camino del Amor (Salmo 23). De ahí que la invitación a permanecer unidos a él es –por decirlo de alguna manera– realísima, es sacramental, ahí te haces uno con él, te cristificas porque ahí escuchas su Palabra, y participas de su humanidad resucitada muriendo con él y resucitando con él y participas de su divinidad que todo lo puede «Me ha sido dado todo poder en el Cielo y en la Tierra. Yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo» (Mt 28).
¡Cuántas veces muchos católicos andan vagabundos buscando fuera el tesoro y el consuelo que ya tienen dentro! Decía San Juan de la Cruz que Dios mora en todos los hombres, pero no en todos del mismo modo; en unos, mora como en su casa, mandando y organizando todo, y en otros mora como en casa ajena, donde no le dejan mandar ni hacer nada. Si la vida interior en la unión con Cristo es para ti una dimensión perdida o al menos ignorada, vuelve al Señor de todo corazón, deja que él ponga orden en tu casa y ya no lo tengas como un arrimado sino como el rey de tu palacio interior.

DOMINGO V DE PASCUA CICLO ADel Santo Evangelio según San Juan 14,1-12En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “No p...
03/05/2026

DOMINGO V DE PASCUA CICLO A
Del Santo Evangelio según San Juan 14,1-12
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “No pierdan la paz. Si creen en Dios, crean también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas habitaciones. Si no fuera así, yo se lo habría dicho a ustedes, porque voy a prepararles un lugar. Cuando me vaya y les prepare un sitio, volveré y los llevaré conmigo, para que donde yo esté, estén también ustedes. Y ya saben el camino para llegar al lugar a donde voy”. Entonces Tomás le dijo: “Señor, no sabemos a dónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?”. Jesús le respondió: “Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie va al Padre si no es por mí. Si ustedes me conocen a mí, conocen también a mi Padre. Ya desde ahora lo conocen y lo han visto”. Le dijo Felipe: “Señor, muéstranos al Padre y eso nos basta”. Jesús le replicó: “Felipe, tanto tiempo hace que estoy con ustedes, ¿y todavía no me conoces? Quien me ha visto a mí, ha visto al Padre. ¿Entonces por qué dices: ‘Muéstranos al Padre’? ¿O no crees que yo estoy en el Padre y que el Padre está en mí? Las palabras que yo les digo, no las digo por mi propia cuenta. Es el Padre, que permanece en mí, quien hace las obras. Créanme: yo estoy en el Padre y el Padre está en mí. Si no me dan fe a mí, créanlo por las obras. Yo les aseguro: el que crea en mí, hará las obras que hago yo y las hará aún mayores, porque yo me voy al Padre”. Palabra del Señor.

REFLEXIÓN PBRO. OSWALDO ALEJANDRO SÁNCHEZ SOTO, PÁRROCO

Para comprender por qué Jesús comienza este Evangelio con una llamada a no perder la paz, no hay que perder de vista que está en el contexto de la Última Cena: Jesús antes de ir a su Pasión, le dice a sus Apóstoles que son sus amigos y no meros siervos; profundamente conmovido –quizás por el torrente de sentimientos encontrados ante la conciencia del Memorial que estaba por instituir, por la inminencia de su Pasión, por ver que sus discípulos no se enteran mucho de qué va la cosa– Jesús dice a sus Apóstoles que anhelaba muchísimo comer esa Cena con ellos, dejándoles tres inmensos tesoros que sostendrán a la Iglesia de generación en generación: la Eucaristía, el Sacerdocio ministerial y el mandamiento del amor. Y con todo lo explícito del discurso de Jesús, los Apóstoles se siguen peleando todavía por ver quién es el primero entre ellos ¡en la primera Eucaristía de la historia sin importarles además que Jesús les dijo amigos y que iba a ser entregado!, por eso es más tremendo aún que en medio de ese gran momento de despedida, Jesús ilumine las miserias más profundas de sus Apóstoles: anuncia la traición de Judas, la cobarde negación de Pedro y ahora la incomprensión de Tomás y Felipe justo antes de levantarse de ahí e irse todos con Jesús al comienzo de su Pasión en el huerto de los olivos en donde ya le dejarán solo en su agonía (que significa lucha-combate) cuando ora en el Huerto de los Olivos para vencer la tentación de no hacer la voluntad del Padre. Estamos entonces ante una situación sumamente dramática, donde los Apóstoles poco entienden, pero sobre todo, están desconcertados por la iluminación de sus cobardías (traición, negación, incomprensión, cobardía, mezquindad luchando por imponerse como el mayor de los demás), de ahí que Jesús ponga remedio a ese desconcierto diciendo: «no pierdan la paz. Si creen en Dios, crean también en mí». Precisamente, lo que da la paz no es un simple apapacho, es algo más profundo: la paz proviene de la fe, porque ésta es luz en el sendero, certeza y sentido de la vida catapultado hasta la eternidad, la fe es camino, es verdad, es vida. Por eso, la fe no es creer en algo indeterminado e incierto, sino en alguien concreto: en Dios que es Padre, Hijo y Espíritu, siendo el Hijo encarnado, Jesucristo, en sí mismo camino de acceso a la Casa del Padre, camino de acceso a la vida del Espíritu, verdad que ilumina nuestra miseria pero que nos muestra a la vez la tremenda verdad de la misericordia del Padre, quien nos da de su propia vida por la efusión del Espíritu para que tengamos su mismo poder, para hacer las mismas obras de Jesús, esas que nos catapultan hacia la Patria celeste.
Hoy Jesús nos dice la mismo: «no pierdas la paz, cree en mí. Mira la Cruz, mírame en ella en donde te abro los brazos para unirme a ti, donde te abro mi costado para que te escondas ahí para que pasando la tormenta, habiendo recorrido juntos el valle oscuro de tus muertes existenciales (sufrimientos cotidianos) resucitar contigo. Déjame llevarte conmigo, conducirte, enseñarte, corregirte, obedece mi guía escuchando mi palabra, sigue mis huellas, dame un voto de confianza» todo esto es creer en Jesús, y no meras convicciones intelectuales o sensiblerías ñoñas que muchas veces alimentan nuestra sonsera, nuestra enajenación, nuestras hipocresías y nuestras faltas de caridad ¿Por qué andamos desasosegados? ¿por qué nos falta la paz? ¿no será que confiamos demasiado en los hombres y en nuestras pobres fuerzas y poco o nada en Dios? ¿no será que nos obstinamos en hacer encajar el plan de Dios en nuestros planes mezquinos? ¿no será que no queremos ir hacia la luz sin querer dejar algún pecadillo oculto o apapachando algún ídolo (dinero, otras personas, el yo) que ha tomado el lugar de Dios en el corazón? No lograremos encontrar la paz, hasta que nos rindamos ante Dios, le entreguemos las miserias y nos unamos incondicionalmente al Amor de los Amores, a Jesucristo, Camino, Verdad y Vida: «Nos hiciste para Ti y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti (San Agustín, Las Confesiones, I, 1, 1)».

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