10/03/2025
SE VE MAL EN EL MUNDO, PERO ¿SE VE BIEN LA IGLESIA QUERIDA DAMA CRISTIANA?
Por Jorge E. Castañeda D.org
En nuestra sociedad, seguimos presenciando una deformación sistemática preocupante en la manera en que se concibe la feminidad. Es doloroso ver cómo, en muchos casos, el diseño original de la mujer como ayuda y compañera, dentro de un marco de sujeción, piedad y sosiego, se ve reemplazado por actitudes marcadas por la confrontación, la violencia y, en casos extremos, la inmoralidad y el desprecio por la vida.
El feminismo radical -hijo marxismo cultoral- ha dado frutos evidentes, y difícilmente alguien podría pensar que su propósito sea una verdadera reivindicación de la feminidad. Más bien, parece una vía para la implementación de una agenda ideológica que explota sus aberraciones y pecados, que, lejos de exaltar las virtudes distintivas de la mujer, busca moldearla conforme a una visión ajena a su naturaleza, en el que ellas mismas, sus familias y la sociedad resienten.
Hombres y mujeres, con asombro, hemos visto cómo muchas han optado por imitar al varón no en su vocación de liderazgo y protección, sino en sus extravíos y pecados. En este proceso de deformación de la feminidad, se ha desdibujado la imagen divina, dando lugar a rasgos que afectan dañan la sociedad. Todo indica que estas tendencias continuarán, y la pregunta que debemos hacernos es cómo responder a estos cambios desde una perspectiva fundamentada en la verdad y el orden divino.
¿Y EN LA IGLESIA?
Una de las preocupaciones más profundas es esta: ¿de qué manera la mujer cristiana está manifestando una feminidad distintiva? Lamentablemente, debemos reconocer que, en muchos casos, la deformación más peligrosa de la feminidad proviene de quienes afirman temer a Dios y sostener la Biblia como su fundamento. No nos sorprende—aunque nos impacta—que las mujeres incrédulas se aparten del diseño divino, pero ¿qué decir de las miles de mujeres cristianas que, día tras día, abandonan su rol distintivo y el ámbito que Dios les ha señalado para desarrollar su vida y dones?
Cada mujer cristiana debe clamar al Señor por discernimiento, para no caer en lo que podríamos llamar un feminismo funcional—no el teórico o extremista, sino aquel que se adapta a sus intereses y se normaliza en su vida cotidiana. Quisiera ayudar en este punto con algunas preguntas. No son exhaustivas, pero pueden servir para discernir si la estructura feminista ha comenzado a echar raíces en el corazón de damas y caballeros, porque, tristemente, hoy los hombres están entre quienes más impulsan el feminismo.
Entonces:
¿Tienes prevenciones con respecto al matrimonio?
¿La idea de sujetarte y subordinarte a un hombre, sea papá, esposo, jefe o autoridad civil te resulta incómoda?
¿Tienes temor o prevención de la maternidad?
¿Te solidarizas en cierta manera con la filosofía abortista?
¿Anhelas desarrollarte como mujer fuera del contexto de un hogar?
¿Tienes temor de perder tu libertad y autonomía bajo una estructura de hogar bíblico?
¿Consideras la belleza externa como algo indispensable para ser aceptada, amada y progresar?
¿Te sorprendes usando tus encantos femeninos para lograr algo?
¿Ves la libertad sexual como una ventaja y un derecho propio a ser explotado?
¿Te avergüenzas o frustras en un aspecto de todo lo que es e implica ser mujer?
¿Justificas la violencia o las vías de hecho para imponer tus criterios?
¿Tienes rasgos manipuladores e imponentes?
Aun si eres casada:
¿Te gustaría mantener cuentas separadas para tener “tus propias cosas”?
¿Luchas amargamente por obedecer a tu esposo en el Señor?
¿Pensas de tu rol de esposa y de madre como un rol desventajoso con respecto a lo que puede hacer el varón?
¿Te sorprendes haciendo esfuerzos por opacar a tu marido y por llamar la atención sobre ti?
Y en la iglesia:
¿Anhelas algún puesto de liderazgo, visibilidad y mando?
¿Ostentas un liderazgo entre el pueblo de Dios?
¿Estas conforme con el que en la iglesia varones, quizás con menos capacidades que tú, tengan el liderazgo?
¿Deseas justificar el que una mujer ejerza dominio en la iglesia de Cristo?
Temo decir que con asuntos como estos nos daremos cuenta cuánto el feminismo ha corrido en el alma, lo que en sí evidenciaría la existencia de una lucha interior con Dios y con sus principios.
RETOMANDO LA FEMINIDAD BÍBLICA
Un buen punto de partida para recuperar la feminidad bíblica es reconocer que quizás no la tienes, o al menos admitir cuán lejos puedes estar del modelo que Dios ha establecido y las fisuras que han aparecido en tu vida. Vivimos en un tiempo en el que muchas cosas se han normalizado sin cuestionamiento; el mundo simplemente asume ciertos valores y estructuras sin preguntarse por su origen o impacto. Y lo más preocupante es que, sin darnos cuenta, también hemos asimilado muchas de estas ideas sin examinarlas a la luz de la Palabra.
La mujer cristiana tiene la responsabilidad de reflejar una feminidad distintiva, pero esto no comienza con lo externo, sino con la transformación del corazón. Una mujer puede enfocarse en proyectar una imagen correcta, pero sin encarnar realmente la feminidad bíblica desde su interior, por el Espíritu Santo. Puede obsesionarse con su rol de esposa sin aprender a pensar como esposa, o centrarse en la maternidad sin desarrollar un carácter maternal o una visión acorde con su llamado. Cuando la feminidad se convierte en una simple apariencia, un cascarón vacío, tarde o temprano se resquebraja.
Queridas hermanas, si ustedes, como mujeres cristianas, no reflejan su diseño divino, ¿quién lo hará? Hoy, en muchos llamados "ministerios de la mujer", se nos presenta como modelo de feminidad a quienes abandonan su rol y contradicen el diseño de Dios para, según ellas, ¡Servir a Dios!
El mundo pone como referentes a aquellas pañoletas verdes, que desprecian su cuerpo, dañan su lenguaje y hasta su identidad. Entonces ¿Quién mostrará al mundo lo que significa ser una verdadera mujer?
¿Eres consciente de la responsabilidad familiar, social y civil que tienes como alguien restaurada a la imagen de su Creador? No hablamos de perfección, pero si hay alguien en quien la feminidad debería reflejarse con claridad, es en la mujer que pertenece a Jesucristo.