16/11/2025
PROYECTO 2025 🌿♥️SÉPTIMA PARTE
Cada vez está más cerca el año 2026, en el cual conmemoraremos y celebraremos el Centenario del comienzo de la Gesta Cristera, un movimiento en el cual incontables hombres y mujeres, de toda edad, condición y origen, se lanzaron a los campos para defender la fe que el régimen pretendía arrebatarles.
Por consiguiente, y ante la inminencia de este gran aniversario, presentamos las dos siguientes biografías de nuestra serie “Proyecto 2025”. Como en otras ocasiones, el primer personaje fue un prelado; el segundo, un dirigente cristero.
1. Monseñor José de Jesús Manríquez y Zárate. Vio la luz primera en la ciudad de León, Guanajuato, el 7 de noviembre de 1884. Devotísimo de la Virgen de Guadalupe. Ingresó muy joven al Seminario de su urbe natal a la corta edad de doce años, y gracias a su excelente desempeño académico fue enviado a continuar la carrera levítica a Roma. Allí recibió la ordenación presbiteral, el 28 de octubre de 1907. Tras volver a México en julio de 1909, trabajó como profesor de latín en el Seminario leonés; luego fue designado como encargado de una parroquia.
El Papa Pío XI lo nombró primer Obispo de la recién creada Diócesis de Huejutla en el año de 1922. Como prelado se distinguió por su entrega y su celo pastoral, así como por la solicitud con la que veló por los indígenas, que eran mayoría en su jurisdicción. Para todos ellos fundó escuelas y estableció una vastísima red de catequesis, y creó la primera escuela normal de las Huastecas.
Al desatarse los atentados persecutorios del gobierno de Plutarco Elías Calles, Monseñor Manríquez fue de los primeros que alzaron la voz para protestar y oponerse enérgicamente contra las disposiciones anticlericales y anticatólicas. La publicación de su Segunda Carta Pastoral, en la que denunció sin ambages todo aquello, le granjeó ser arrestado y consignado a las autoridades de Pachuca, mas fue dejado en libertad gracias a la brillante defensa y argumentos que empleó.
Por fin, en mayo de 1926, fue apresado por un contingente de quinientos soldados federales. Sus feligreses quisieron impedirlo, enardecidos, pero él los calmó y se entregó pacíficamente a sus captores. El gobierno lo tuvo preso en Pachuca, recluido en el anexo del templo de la Asunción, que había sido incautado; de ahí lo mandaron a los temibles sótanos de la Inspección de Policía en la Ciudad de México. Estuvo incomunicado hasta abril de 1927, cuando fue expulsado del país.
Desde el extranjero, nunca dejó de apoyar abiertamente a los católicos que se habían levantado en armas. De hecho, fue uno de los únicos tres Obispos que fueron siempre favorables a la Causa Cristera. Cuando se firmaron los supuestos “arreglos” de 1929, una de las exigencias gubernamentales fue que Monseñor José de Jesús siguiera desterrado. Los dos prelados que pactaron el armisticio en representación del Episcopado aceptaron.
Monseñor Manríquez no dejó de alentar a sus fieles desde el exilio, con todo y la persecución moral que tuvo que arrostrar y el triste hecho de verse lejos de su patria. Por fin, humanamente quebrantado, el 6 de julio de 1939, presentó formalmente su renuncia como Obispo de Huejutla al Papa Pío XII, electo en marzo de aquel mismo año. Poco antes de eso, sin embargo, tuvo energías para escribir su XXI y última Carta, en la que expresó su convicción de que Juan Diego, el vidente de la Guadalupana, era canonizable, y llamó a los fieles a trabajar a fin que se le instituyera el proceso canónico requerido para verlo en los altares.
Pudo retornar a México después de la Segunda Guerra Mundial. Falleció en la capital del país el 28 de junio de 1951.
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2. Rodolfo L. Gallegos. Por desgracia no encontramos mucha información biográfica sobre este general de la Cristiada, pero no por ello dejaremos de presentar una tentativa de semblanza.
Combatió en la Revolución Mexicana. Desde 1918 fue comandante militar en el estado de Guanajuato. Al estallar la Cristiada, se le presentó una disyuntiva: combatir a los cristeros o dejar su puesto. Él prefirió aprovechar su experiencia para encabezarlos. El 4 de octubre de 1926, Gallegos tomó las armas, y el 31 del mismo mes tomó la plaza de San José Iturbide. Pronto se erigió como uno de los jefes más destacados, si no el más importante, de la entidad.
Fue asesinado el 4 de mayo de 1927. Otros dirigentes continuaron la lucha en la región guanajuatense, si bien el declive de la misma, por lo menos en aquella zona, fue evidente.
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Ayúdanos a compartir y difundir este material como parte de nuestra iniciativa para disponernos a recordar y honrar a todos aquellos que, con pocos recursos pero profundo heroísmo, valor y fe, se lanzaron a defender nuestra fe y el derecho a profesarla y practicarla con libertad, y también a todos los que murieron, de pie y con serenidad, mientras vitoreaban a Cristo Rey y a la Virgen de Guadalupe.
Cristo vence, Cristo reina, Cristo impera.
¡Viva Cristo Rey! ¡Viva Santa María de Guadalupe!
Ruta Cristera Sahuayo & Testimonium Martyrum
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