25/05/2026
Con esas palabras, el Papa León XIV cerró este domingo su homilía de Pentecostés en la Basílica de San Pedro.
En una celebración profundamente espiritual, el Santo Padre habló de un mundo herido por la violencia, el miedo y la división… y recordó que el Espíritu Santo sigue siendo capaz de transformar la historia.
“No excluye a nadie Aquel que ha redimido a todos”, afirmó el Papa.
Durante su homilía, León XIV explicó que Pentecostés no es solo un recuerdo del pasado.
Es una realidad viva.
Es Cristo entrando nuevamente en medio de puertas cerradas, de corazones cansados y de una humanidad que muchas veces siente que ya no tiene salida.
“El Espíritu del Resucitado es el Espíritu de la paz”, proclamó.
Y esa paz —dijo— comienza con el perdón.
El Papa recordó que Jesús mostró sus llagas resucitadas a los discípulos antes de darles el Espíritu Santo. Las heridas no desaparecieron… fueron transformadas.
Y quizá ahí haya un mensaje para todos nosotros:
Dios no ignora nuestras heridas.
Las redime.
León XIV también lanzó un fuerte llamado a la misión de la Iglesia. Recordó que cada cristiano está llamado a anunciar a Cristo con valentía, no desde el privilegio, sino desde la gracia.
“La Iglesia no es solo guardiana del Evangelio. Es protagonista”, afirmó.
En medio de una cultura marcada por la confusión, el Santo Padre pidió rechazar los prejuicios, la hipocresía y las modas que “apagan la luz del Evangelio”.
Finalmente, pidió al Espíritu Santo sanar al mundo del flagelo de la guerra, de la miseria y del pecado.
Y mientras miles escuchaban en silencio en la Plaza de San Pedro, resonó una verdad que hoy el mundo necesita desesperadamente:
Solo el Espíritu de Dios puede devolverle paz al corazón humano.
Ven, Espíritu Santo.
Entra donde hay miedo.
Sana donde hay heridas.
Y despierta nuevamente a tu Iglesia para anunciar a Cristo sin temor. Amén.