Capilla de Adoración Perpetua, Señor del Perdón

Capilla de Adoración Perpetua, Señor del Perdón Capilla de Adoración Eucarística Perpetua, Parroquia el Señor del Perdón, Col. Niño Artillero, Monterrey Nuevo León

Jesús te busca, te llama y te espera con los brazos abiertos para derramar abundantes bendiciones sobre ti. Si estás dispuesto a ofrecer una hora semanal para acudir a adorarle en cualquier horario de 0:00 a 24:00 horas, puedes contactarnos a través de esta página y te orientaremos:

GUÍA PARA LA VISITA AL SANTÍSIMOVisitar al Santísimo Sacramento es encontrarnos con Jesús realmente presente, vivo y esp...
20/01/2026

GUÍA PARA LA VISITA AL SANTÍSIMO

Visitar al Santísimo Sacramento es encontrarnos con Jesús realmente presente, vivo y esperando nuestro corazón.
No es solo un momento de silencio, es un encuentro de amor, donde Él nos mira, nos escucha y nos sostiene.

En la Hora Santa aprendemos a:
-Adorar con humildad, reconociendo que Dios está con nosotros.
-Agradecer por la vida, por su amor constante y por su fidelidad.
-Pedir perdón y dejarnos sanar por su misericordia.
-Presentar nuestras intenciones y las del mundo entero.
-Guardar silencio para escuchar la voz de Dios en el corazón.

Ante el Santísimo no necesitamos palabras perfectas.
Basta con estar, con abrir el alma y dejar que Jesús obre.

Que esta guía nos ayude a vivir la adoración con fe, respeto y amor profundo, recordando que quien se queda con Jesús, nunca se va igual.

“Habla, Señor, que tu siervo escucha.”
Tomado de la Web

08/11/2025
05/11/2025

Un hombre lleva al in****no al sacerdote al que siempre confesaba sus pecados

El peso de la falsa misericordia: Cuando un sacerdote y un penitente caen al in****no

Una historia escalofriante de los escritos de San Alfonso María de Ligorio

En una de sus muchas reflexiones aleccionadoras, San Alfonso María de Ligorio, Doctor de la Iglesia y santo patrono de los teólogos morales, comparte un relato aterrador que desgarra el corazón de cómo la misericordia de Dios, cuando se malinterpreta, puede convertirse en una trágica ilusión.

Un hombre tenía un pecado recurrente. Lo confesaba regularmente —pecados habituales como la masturbación, el adulterio, la fornicación o la homosexualidad— y siempre volvía al mismo sacerdote. Nunca tuvo la verdadera intención de luchar contra el pecado. Para él, la confesión se había convertido en una "lavadora espiritual". Pensaba: "¿Para qué luchar? Volveré a pecar, y el sacerdote me perdonará. Dios es amor. Dios es misericordioso".

Y, en efecto, el sacerdote siempre daba la absolución. No había desafío, ni corrección firme, ni llamado a la conversión. Solo palabras suaves: «Dios es misericordioso. Simplemente levántate». Ninguna mención de un firme propósito de enmienda. Ningún llamado a cooperar con la gracia. Ninguna confrontación con la gravedad del pecado. Solo una falsa sensación de seguridad.

Un día, el sacerdote murió.

Más tarde, el hombre también murió, y fue condenado al in****no. En su tormento, sintió un peso extraño e insoportable en la espalda. Gritó: «¿Por qué es tan pesada mi carga?». Y los demonios respondieron:

«Ese es tu sacerdote, quien nunca te corrigió. Te dio la absolución sin la verdad. Predicó la misericordia, pero nunca exigió el arrepentimiento. Está en el in****no con ustedes porque ambos abusaron de la gracia de Dios».

Una grave advertencia: El peligro de abusar de la misericordia de Dios

Esta aterradora historia debería conmocionarnos. La misericordia de Dios es real, infinita y tierna, pero no es automática. Requiere un arrepentimiento sincero, un firme propósito de cambio y la voluntad de evitar la ocasión cercana de pecar.

Tristemente, en el mundo actual, muchos católicos, tanto sacerdotes como penitentes, tratan el Sacramento de la Penitencia como una rutina en lugar de una batalla espiritual. Algunos sacerdotes, por miedo a ofender o perder a la gente, evitan predicar la verdad completa sobre el pecado. Otros ofrecen la absolución sin discernimiento, sin ayudar al penitente a comprender la gravedad del pecado mortal repetido e impenitente.

Y muchos penitentes, como el hombre de esta historia, confiesan sin verdadero pesar, sin un deseo sincero de cambiar. Confunden la misericordia de Dios con la indulgencia, olvidando que la verdadera misericordia siempre conduce a la conversión.

Reflexión para los sacerdotes:

Queridos sacerdotes, ustedes no son solo confesores, sino médicos de almas. Un buen médico no solo dice: «Tómate esta pastilla y vete a casa». Le dice al paciente: «Debes dejar de fumar. Debes cambiar tu dieta. Si no, morirás». Del mismo modo, un buen confesor debe advertir, corregir, instruir e instar al penitente a arrepentirse de corazón, no solo con los labios.

Absolver sin corregir es arriesgarse a condenar tanto el alma como a uno mismo.

“Si yo digo al impío: ‘Morirás sin remedio’, y tú no le amonestas... ese impío morirá por su iniquidad, pero su sangre yo la demandaré de tu mano.” — Ezequiel 3:18

Reflexión para los fieles:

Si eres católico y te confiesas con frecuencia, pregúntate:

¿Realmente deseo superar mi pecado?

¿Me esfuerzo por evitar la ocasión cercana de pecar?

¿Invento excusas por mis pecados o pido humildemente ayuda para cambiar?

¿Considero la confesión un encuentro sagrado con Cristo o un ritual para tranquilizar mi conciencia?

La misericordia de Dios no es una licencia para continuar en el pecado; es el puente que conduce a la santidad. Pero para cruzar ese puente, debemos caminar con arrepentimiento, no quedarnos en la indiferencia.

(Reflexión final)

Bendiciones
Paz y bien para todos 🙏

01/11/2025

ACTO DE DESAGRAVIO
(Nocturno Homenaje del P. Llopart, S.J.)

Divino Salvador de las almas: cubiertos de confusión nuestros rostros, nos prosternamos en tu presencia soberana; y dirigiendo nuestra vista al solitario Tabernáculo donde gimes cautivo de nuestro amor, pártese nuestro corazón de pena al ver el olvido en que te tienen los redimidos, al ver estéril tu Sangre e infructuosos los sacrificios y escarnecido tu amor. Pero ya que con infinita condescendencia permites que unamos esta noche nuestros gemidos a los tuyos, nuestras lágrimas a las que brotaron por nuestra causa de tus santísimos ojos, a la sangre que amorosamente vertió tu divino Corazón, te rogamos, dulce Jesús, por los que no ruegan, te bendecimos por los que te maldicen y te adoramos por los que, despiadados te ultrajan; y con toda la energía de nuestras almas, deseamos bendecirte y alabarte en todos los instantes de este día y en todos los sagrarios de la tierra y con los valiosos afectos de tu amante Corazón.
Suba, Señor, hasta Ti, el doloroso grito de expiación y arrepentimiento que el pesar arranca de nuestros contritos corazones:

Por nuestros pecados, por los de nuestros padres, hermanos y amigos, por los del mundo entero.
Perdón, Señor, perdón.
Por las infidelidades y sacrilegios, por los odios y rencores.
Perdón, Señor, perdón.
Por las blasfemias, por la profanación de los días santos.
Perdón, Señor, perdón.
Por las impurezas y escándalos.
Perdón, Señor, perdón.
Por los hurtos e injusticias, por las debilidades y respetos humanos.
Perdón, Señor, perdón.
Por la desobediencia a la Santa Iglesia, por la violación del ayuno y la abstinencia.
Perdón, Señor, perdón.
Por los crímenes de los esposos, por la negligencia de los padres, por las faltas de los hijos.
Perdón, Señor, perdón.
Por los atentados cometidos contra el Romano Pontífice.
Perdón, Señor, perdón.
Por las persecuciones levantadas contra los Obispos, Sacerdotes, religiosos y sagradas vírgenes.
Perdón, Señor, perdón.
Por los insultos hechos a vuestras imágenes, la profanación de los templos, el abuso de los Sacramentos y los ultrajes al augusto Tabernáculo.
Perdón, Señor, perdón.
Por los crímenes de la prensa impía, blasfema e inmoral, por las horrendas maquinaciones de tenebrosas sectas.
Perdón, Señor, perdón.
Por los justos que vacilan, por los pecadores que resisten a la gracia y por todos los que sufren.
Piedad, Señor, piedad.
Perdón, Señor, y piedad para el más necesitado de tu gracia; que la luz de tus divinos ojos no se aparte jamás de nosotros; encadena a la puerta del Tabernáculo nuestros inconstantes corazones; hazles allí sentir los incendios del amor divino y a vista de las propias ingratitudes y rebeldías, que se deshagan de pena, que lloren lágrimas de sangre, que vivan muriendo de amor.

Amén!

01/11/2025

Cada año, del 1 al 8 de noviembre, la Iglesia abre un tiempo de misericordia especial. Son días en los que se puede obtener una indulgencia plenaria diaria aplicable a las almas del purgatorio, es decir, a los difuntos que aún se purifican antes de ver a Dios. Es una forma concreta de amar a quienes nos precedieron en la fe, un gesto silencioso que lleva luz donde aún hay espera.

La indulgencia no es magia ni superstición. Es la expresión del poder redentor de Cristo que, a través de su Iglesia, alcanza incluso a los que ya partieron. Significa que, cumpliendo ciertas condiciones, Dios perdona toda pena temporal debida a los pecados ya absueltos, y ese beneficio puede ofrecerse por el alma de alguien que amamos. Es como tender un puente de gracia entre la tierra y la eternidad.

Durante estos días, la indulgencia puede ganarse de dos maneras: visitando piadosamente un cementerio y orando por los difuntos (del 1 al 8 de noviembre), o acudiendo el 2 de noviembre —día de la Conmemoración de los Fieles Difuntos— a una iglesia u oratorio, rezando un Padrenuestro y un Credo. No importa si la visita al cementerio es sencilla o breve; lo que cuenta es el amor con que se ora. Incluso quien no puede salir de casa puede unirse espiritualmente con fe sincera.

Pero para que esta gracia sea plenaria, la Iglesia pide ciertas disposiciones del corazón. Son condiciones que preparan el alma para recibir y ofrecer esta misericordia en plenitud:

Requisitos para ganar la indulgencia plenaria (cada día):

1. Confesión sacramental: una sola confesión puede bastar para varias indulgencias, si se mantiene el alma en gracia. El Manual de Indulgencias (n. 20 § 3) permite hacerlo dentro de unos veinte días antes o después de la obra indulgenciada. Si durante esos días se cometiera pecado grave, debe confesarse nuevamente antes de continuar.

2. Comunión eucarística: debe recibirse por cada día que se desee ganar la indulgencia. Es el signo visible de unión con Cristo.

3. Oración por las intenciones del Papa: cada día, al menos un Padrenuestro, un Avemaría y un Gloria.

4. Desapego total del pecado, incluso venial: es decir, no conservar voluntariamente ningún afecto al mal.

5.Cumplir la obra indulgenciada:
• Del 1 al 8 de noviembre, visitar un cementerio y orar por los difuntos.
• El 2 de noviembre, visitar una iglesia u oratorio y rezar un Padrenuestro y un Credo.

Si alguna de estas condiciones falta, la indulgencia será parcial, pero no deja de ser valiosa ante Dios. Cada oración hecha con amor produce fruto en el alma del que ora y en la del difunto por quien se ofrece.

Esta práctica, confirmada por la Penitenciaría Apostólica y contenida en el Manual de Indulgencias, nos recuerda que en la Iglesia nadie camina solo. Los santos, los vivos y los difuntos formamos una misma familia. Cuando uno ora por otro, el amor se multiplica. Por eso la indulgencia no es una carga ni una costumbre antigua, sino una expresión viva de la comunión de los santos, ese misterio de caridad que une el cielo, la tierra y el purgatorio en un solo latido.

Quizá el mundo moderno ya no piense en estas cosas, pero el corazón creyente sí. Recordar a los difuntos, rezar por ellos, ofrecer la Misa o una indulgencia, es la forma más pura de amar: amar sin esperar nada a cambio. Amar a quien ya no puede agradecernos, pero sí puede recibir el fruto de nuestra oración.

Entre el 1 y el 8 de noviembre, basta una visita al cementerio, una oración sencilla y un alma en gracia. Con eso, una indulgencia plenaria puede ganarse cada día y ofrecerse por un difunto distinto. Ocho días, ocho actos de misericordia, ocho almas que salen del purgatorio y se dirigen a g***r plenamente del Cielo.

Que nadie desperdicie este tiempo de gracia. La muerte no es el final, y la oración no conoce distancias. Si amas a alguien que ya partió, ayúdalo con lo que más vale: la misericordia de Dios hecha oración.

20/10/2025
16/10/2025

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Calle Luis Moreno 5104, Colonia Niño Artillero
Monterrey
64280

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