04/01/2025
Hace más de 30 años que ingrese al apostolado de Fátima tuve o tuvimos la fortuna de ser recibidos por un grupo de personas convencidos en las promesas y el llamado que el mensaje de Fátima nos hace a todos los cristianos y no cristianos.
Hace más de 30 años tuve la fortuna de conocer a personas con un corazón generoso en todos los sentidos que nos apoyaron, nos educaron y sobre todo nos han dado ejemplo del amor fraterno, de la caridad, de la devoción, de la perseverancia. Personas comunes más no ordinarias, personas que al momento de hablar del mensaje de Fátima o de la Virgen María, al momento de rezar se transformaban.
Para muchos de nosotros los nombre de don Juanito, Jenny, Mely, Amparito, Lidia, Angelica, Lourdes Lavin, Aneet, Yolanda , Ernesto, Francisco, Arturo, Bruno, significaron siempre protección, ayuda, apoyo, cobijo, refugio, abrigo.
Curiosamente la palabra “Amparo” significa todo esto.
Hace unos años de una forma inesperada y la verdad sin decir que Sí, me nombraron presidente de este movimiento en Monterrey y fue Amparito la que seguía al pie del cañón, la que nos acompañaba religiosamente cada último sábado de mes, era Amparito quien conseguía el auditorio en Fátima o el salón, era ella quien nos conseguía el material: folletos, devocionarios, imágenes, etc.
Ella literalmente fue nuestro Amparo en las adversidades que se presentaron en este apostolado, en los últimos años ella fue nuestra protección, ayuda, apoyo, cobijo, refugio, abrigo.
Un gracias no alcanza,
no hay gesto equiparable, no hay forma.
Solo Dios en su caridad y amor puede recompensar y premiar esta entrega.
Su vida me hace reflexionar un fragmento del salmo 37
“Entrega al SEÑOR tu vida; confía en él y Dios actuará. Como el sol se ve en pleno día, así todos verán que haces bien y que tu causa es justa. Sé paciente y espera las obras del SEÑOR. “
Muchas gracias Amparito, eternamente agradecidos por todo su apoyo y sobre todo por ser ejemplo de vida del mensaje de Fátima
Apostolado de Fátima en Monterrey