20/02/2026
“¿Cuántas personas mueren cada año?”
Por John Macarthur.
Sesenta y dos millones de personas mueren cada año. 169,863 personas mueren cada día, 7,077 personas mueren cada hora y 95 personas acaban de morir desde que usted empezó a leer esto. La mayoría de ellas están en el in****no. El in****no no es una doctrina popular, pero es verdad. Hay un lugar de separación de Dios que la Biblia llama el in****no definitivo. Todos los 8.2 billones de personas de esta tierra morirán, y más que eso morirán porque la gente de la tierra está siendo reemplazada a una tasa de mortalidad 2,5 veces superior. Miles de millones de personas morirán.
Y dijo nuestro Señor Jesucristo: “Ancho es el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por él”. La tierra, como bien sabemos, está llena de tumbas. Cada vez que conduzco por los cementerios, todo parece tan verde y tan blanco con todos los edificios, y tan hermoso, pero lo único en lo que puedo pensar es que está lleno de tumbas, la mayoría de las cuales son simplemente marcas que indican que alguien está en el in****no. Ese es un pensamiento aterrador.
La multitud de lápidas, cruces y mausoleos nos recuerdan constantemente que la muerte se lleva todo, todo ser viviente. Y que sólo hay dos opciones después de la muerte: una es el cielo y la otra es el in****no. Y yo creo en el verdadero cielo y el verdadero in****no. Y la Biblia es explícita al respecto. Para quienes obedecen y aman al Señor Jesucristo, existe el cielo, un lugar de alegría, dicha y felicidad. Para quienes no aman al Señor Jesucristo, según 1ª. Corintios 16:22, solo hay maldición y un in****no eterno.
Y, creo que la doctrina del in****no es una de las mayores pruebas de que Dios escribió la Biblia, porque los hombres no escriben libros que condenen sus almas a un in****no eterno. Éste es el libro de Dios, y esto es lo que Dios dice. De hecho, puede que les resulte interesante saber que la persona que más habló sobre el in****no en toda la historia fue el propio Señor Jesucristo.
La gente dice: “Bueno, el Señor Jesucristo estaba lleno de amor, de gracia y de misericordia”. Y eso es muy cierto. Pero para quienes rechazan Su gracia y Su misericordia y no le devuelven Su amor, hay una consecuencia inevitable, y Él habló de ella muchas veces: el in****no, el lugar del fuego eterno.
Henry van D**e, escritor y pastor, lo expresó de esta manera: “Recuerda que lo que posees en este mundo se encontrará, el día de tu muerte, y pertenecerá a otra persona. Pero lo que eres en este mundo te pertenecerá a ti para siempre”. La muerte no cambia nada; solo pone en la eternidad lo que fuiste en esta vida. Si no quisiste a Dios en esta vida, Dios ciertamente no te va a sentenciar a una eternidad en Su presencia. Si no lo quisiste aquí, no lo querrás allá.
La gente siempre dice: “Bueno, cuando la gente va al in****no, ¿no se arrepienten y quieren a Dios?” Escuche, si usted no quiso al Señor Jesucristo en los dulces cortejos del Espíritu Santo en esta era, nunca lo querrá en el in****no cuando no hay buenos pensamientos ni buena influencia.
Así pues, la Biblia enseña que si vivimos en este mundo para la satisfacción de la carne, si vivimos en los pecados de este mundo, moriremos en esos pecados y viviremos eternamente en un lugar preparado para los que han mu**to así. Pero si en esta vida vivimos para Jesucristo y vivimos para Dios, viviremos eternamente en el lugar preparado para los que escojan esa vida.
Nuestro propio Señor Jesús lo resumió en Mateo, cuando vemos el juicio final allí, el juicio de las ovejas y las cabras en Mateo 25. Y Jesús dijo – estas son las palabras de Jesús, el Salvador amoroso: “Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno”. Pero por otro lado, Él dijo: “E irán éstos al castigo eterno, y los justos a la vida eterna”. Hay dos lugares: el cielo y el in****no.
Y ya saben, algunas personas pueden satisfacer sus mentes con sólo sentarse a pensar racionalmente por qué existe el in****no o cómo un Dios amoroso podría tener un in****no, pero ese no es realmente el punto. Es verdad, y la Biblia lo revela, y las razones de Dios son claras si las estudiamos. Dios no desea obligar a la gente a entrar en su reino, pero es mejor que no nos quedemos sentados a especular sobre si este tipo de Dios podría tener un in****no; es mejor que nos demos cuenta de la realidad de ello y hagamos algo al respecto.
Samuel Scales escribió esto sobre un viaje que realizó. Dijo: “Recientemente tuve el privilegio de visitar París. Entre los lugares de interés y edificios elegidos para visitar estaba el Museo Rodin. Aquí se encuentran la mayoría de las obras del famoso escultor Auguste Rodin. Quizás su obra más conocida sea “El Pensador”, y todos hemos visto si hemos mirado algún libro de arte. La estatua del hombre sentado en una piedra con la quijada apoyada en su puño cerrado e inclinado hacia adelante.
“Antes de hacer la visita”, dice Scales, “alguien me dijo que la estatua de El pensador estaba enfrente de Las puertas del in****no” – que, por cierto, es otra escultura de Rodin – “y que las dos obras debían verse realmente juntas como si El Pensador estaba pensando en el in****no. Descubrí, sin embargo, que El pensador fue realmente el resultado de la obra Las puertas del in****no. El pensador Fue creado originalmente por Rodin dentro de Las puertas del in****no, él es a quien Rodin condenó al mismísimo in****no.
“¿Qué significaba esto? Mientras estaba frente a esta gigantesca obra de arte, dejé que mi imaginación volara a voluntad. Me pregunté qué podría estar pensando la famosa figura. Rodin nunca pareció haber indicado específicamente lo que estaba pensando su figura, pero sin duda es un reflejo de la especulación pesimista de Rodin sobre la otra vida. Rodin recibió su inspiración para Las puertas del in****no “La Divina Comedia” la novela de Dante Allighieri. “Escucha”, dijo, “si él está pensando en el in****no, entonces se volvió inteligente demasiado tarde, porque el momento de pensar en el in****no no es después de que estás en él, eternamente retenido dentro de sus confines, sino antes, mientras estás en esta vida”.
Y Scales dice: “Mi mente se dirigió inmediatamente a una historia que Jesús contó en Lucas 16 sobre un hombre rico que murió y fue al in****no. Y él también, como el Pensador de Rodin, Se volvió inteligente demasiado tarde”.
Este es el momento de darnos cuenta de ello. No es sólo que las personas que ahora son creyentes hayan escapado de una vida triste y sin sentido. No es sólo que se les haya dado felicidad, paz, amor y alegría. Es que nunca conocerán el in****no. Nunca pasarán una eternidad sin Dios, del cual la Biblia habla en términos tan explícitos y chocantes como para decir que es un lugar llamado fuego eterno, donde el gusano no muere, donde el fuego nunca se apaga, un pozo sin fondo, tinieblas de afuera, llanto, lamentos, crujir de dientes, un fuego que no se puede apagar, un horno de fuego, oscuridad de oscuridad.
Y no pude evitar pensar en ello, esta noche, mientras hay personas que vienen a Cristo, no es sólo que van a ser felices; no es sólo que conocerán la paz; es que se les ha concedido, por la maravillosa gracia de Dios, la promesa de luz eterna en el cielo, y se han librado del in****no.
¿Y qué hay de ti? ¿Qué te depara el futuro?, dices: “Bueno, soy cristiano”. ¿Estás agradecido por la cruz? No sólo por la cruz que te compró gozo, paz, alegría, amor, esperanza y todas esas cosas buenas para aquí y ahora y para siempre, sino que estás agradecido por la cruz por la que el Señor Jesucristo soportó el in****no, por así decirlo, por ti, para que nunca lo conozcas? Eso es lo que significa la cruz. No sólo lo que ganamos, sino lo que nos perdemos, lo que perdemos. El in****no.
Estoy agradecido esta noche por los testimonios de estas personas, porque de las 95 personas que mueren cada minuto en este mundo, al final hubo 25 que, cuando mueran, irán a los brazos de Jesucristo. Y estoy agradecido a Dios esta noche porque todos estamos aquí. ¿No lo está usted? Y porque podemos venir a esta mesa y decir: “Gracias, Señor Jesús, por morir por mí. Gracias por darme Tu cuerpo y gracias por derramar Tu sangre para que yo pueda estar contigo en Tu cielo”.
Solo quiero decirte esto: si nunca has pedido en arrepentimiento y fe a Jesucristo que entre a tu vida, estás en peligro de ir al in****no. Morir es salir de la presencia de Dios para siempre. Pero no tiene por qué ser así, porque la Biblia dice: “Él no quiere que ninguno” –¿qué? – “perezca”. Dios dijo: “No quiero la muerte del malvado”. Verás, el in****no fue creado para el diablo y sus ángeles, ni siquiera para los hombres. Y es solo cuando los hombres se unen voluntariamente a la rebelión de Satanás que se sentencian a sí mismos al in****no. Esa no es la voluntad de Dios. Fue un lugar que Él hizo para poner a los ángeles caídos para que no corrompieran el mundo y el universo más de lo que ya lo habían corrompido. Y los hombres eligen ir allí. No es necesario: arrepiéntete de tus pecados y pon tu fe en el Señor Jesucristo, Él te reunirá en Su reino. Bueno, oremos juntos.
Padre, te damos gracias esta noche por el hecho de que estas personas que compartieron su testimonio se han comprometido contigo. Han salido del camino ancho que lleva a la destrucción y han entrado en el camino angosto que lleva a la vida eterna. Ahora son tus hijos. Han elegido amarte. Padre, gracias por eso.
Señor, al mismo tiempo sé que hay algunas personas reunidas en esta congregación esta noche que nunca han entregado su vida a Jesucristo. No sólo van a perder el gozo, el amor, el significado y el propósito de la vida, sino que se van a perder el cielo y van a pasar la eternidad en el in****no, sin Dios, sin Cristo, un in****no de tormento eterno.
Oh, Padre, Tú no deseas eso. Jesús no desea eso. Nosotros no deseamos eso. Sólo Satanás los quiere allí. Por Tu poder esta noche, rompe su dominio, y que algunos, incluso en este mismo momento, abran sus corazones a Jesucristo.
Y luego, Padre, por aquellos de nosotros que somos cristianos, estamos muy agradecidos. La vida es tan corta, y esto es solo una gota en el tiempo. Oh, Señor, saber que estaremos por siempre en Tu cielo en lugar del in****no, gracias. Gracias por salvarnos, siendo tan misericordioso con aquellos de nosotros que somos pecadores. Gracias por Jesucristo y Su muerte en la cruz por nosotros.
Oramos en Su nombre, amén.
Por John Macarthur. Tomado de Sesión de preguntas y respuestas, parte 10. 20 de Agosto 1,978, publicado originalmente en inglés, traducido por Predica La Palabra.
*La tasa de mortalidad anual, fue actualizada a los datos de 2,024.