22/08/2025
Evangelio de hoy
22/Agosto/25
Mateo 22, 34-40
En aquel tiempo, habiéndose enterado los fariseos de que Jesús había dejado callados a los saduceos, se acercaron a él. Uno de ellos, que era doctor de la ley, le preguntó para ponerlo a prueba: "Maestro, ¿cuál es el mandamiento más grande de la ley?"Jesús le respondió: "Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente.
Este es el más grande y el primero de los mandamientos. Y el segundo es semejante a éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. En estos dos mandamientos se fundan toda la ley y los profetas".
Reflexión
Los mandamientos son dados por Dios al pueblo de Israel como parte de un pacto que hace con ellos: “Yo seré su Dios y ustedes serán mi pueblo”, los cuidaré y los guiaré por el camino, pero deben de mantenerse en el cumplimiento de la ley que les voy a dar. Cuando se siguen adecuadamente, son una guía para vivir una vida plena en armonía con Dios y con los demás. En la época de Jesús, el pueblo de Israel estaba sujeto a un conjunto de 613 leyes y mandamientos, contenidos principalmente en la Torá, que se mantiene hasta hoy. Cuando le preguntaron a Jesús por el mandamiento más importante, Él se enfoca en las obligaciones hacia Dios y el prójimo, que están basadas en el amor. En primer lugar, está el amor a Dios de una manera completa: con todo el corazón, con toda el alma y con toda nuestra mente. Él debe ser lo más importante en nuestra vida, por sobre todas las cosas; que lo tengamos a Él siempre en primer lugar. Que antes de tomar una decisión, pensemos si estaría alineada con su voluntad. Y ¿Cómo se puede lograr eso? Pues, teniendo una íntima relación con Él, mediante una permanente vida de oración, para tener los elementos para poder discernir lo que más nos conviene y que sea agradable a Dios. Hay que conocer su Palabra, y hay que descubrir lo que Él quiere de nosotros. La otra parte es el amor al prójimo, tan importante como lo primero, tener la capacidad de amar a cualquier persona que tenemos a nuestro alrededor. No podemos decir que amamos a Dios, si no amamos a las personas; si decimos que amamos a Dios, se debe de notar en el trato con los demás, en todos lados, no solo cuando vamos a misa o con nuestra pequeña comunidad, no solo donde nos hablan bonito y nos hacen sentir bien. Dice Jesús: “amen hasta a sus enemigos”. Estos dos mandamientos resumen toda la ley, si seguimos estas dos reglas, estamos asegurando el cumplimiento de su voluntad. Como dijo San Agustín: “Ama y haz lo que quieras”. Actuar movidos por el amor, asegura que todas nuestras oraciones serán buenas, todas nuestras acciones serán buenas, el amor no solo es un sentimiento, nos debe llevar a la acción. Implica cuidado, consideración, respeto y búsqueda de lo mejor para todos. Si aún no lo haces, empieza tu día con un buen momento de oración, cuando menos 30 minutos diarios, como mínimo.
Acompaña tu oración con la lectura del Evangelio y una reflexión que te ayude a conocer su voluntad. Busca ser un reflejo del amor de Dios para los demás, en tu casa, en tu trabajo, en la Iglesia; trabaja en aceptar a aquellos con los que tienes diferencias y que más te cuesta amar. Pide a Dios su gracia para amarlos. Enfócate en el amor. Que sea el amor lo que oriente nuestras decisiones; decídete a darle a Dios el primer lugar en tu vida, siempre.
Recibe un fuerte abrazo y mis deseos de gracia y plenitud... Recuerda: "Dios desea acompañarte cada día que le permitas estar a tu lado.